06/08/2026
María creció en un hogar donde su madre siempre gritaba y la humillaba cada vez que cometía un error. Con el tiempo, María empezó a sentirse constantemente nerviosa, pensando que en cualquier momento sería castigada o rechazada. Aunque ya no vive en esa casa, cada vez que alguien levanta la voz o se enoja, María siente un miedo intenso y le cuesta confiar en las personas, creyendo que puede ser abandonada o humillada de nuevo.
El trauma también puede vivir dentro de la familia, que debería ser un lugar seguro. Cuando una persona pasa durante mucho tiempo siendo muy controlada, humillada, enfrentando violencia o abandono emocional, puede desarrollar un tipo de trauma llamado TEPT complejo. Esto no es solo un miedo repentino, sino un daño que se acumula con años de vivir en tensión, sintiendo que siempre hay que cuidar lo que se dice o que nunca es suficiente.
Algunas señales de este tipo de trauma son: estar siempre en alerta sin una razón física para ello, tener problemas para confiar en los demás, sentirse culpable o avergonzado todo el tiempo, reaccionar muy fuerte con emociones ante cosas que recuerdan lo que pasó, y tener miedo a poner límites por temor a ser rechazado o abandonado.
Reconocer estas señales no es juzgar a nadie, sino entender que esas heridas emocionales necesitan atención. La familia puede ser un lugar donde uno se siente protegido, pero si en realidad es un sitio donde hay miedo y daño constante, las consecuencias permanecen en la persona mucho tiempo después. Hablar de lo que ha pasado es un paso importante para empezar a sanar.
Algunas sociedades o familias son más cuidadosas y tratan de proteger a sus miembros, pero otras colocan la violencia o el maltrato como algo normal y lo aceptan. En esas sociedades o familias, en lugar de entender que alguien necesita ayuda o expresar lo que siente, lo hacen sentirse mal o le hacen callar. También pueden esconder o fingir que todo está bien, para que no se vean los problemas. Esto hace que las personas de la familia o de la sociedad sufran en silencio y que la salud emocional o física pase a un segundo plano frente a las apariencias o la protección del grupo.