15/04/2026
A MI PADRE, ETERNO COMPAÑERO
11 de Abril del 2026
Hay ausencias que no se miden en calendarios, sino en la profundidad del vacío que dejan y, al mismo tiempo, en la fuerza del legado que nos sostiene. Hoy se cumplen cuatro años desde que Carlos Alfonso Carrillo Muela dejó de estar físicamente entre nosotros, pero su presencia sigue siendo ese faro de convicciones inquebrantables que nos guía.
Hablar de mi padre es hablar de la coherencia hecha hombre. Fue un hombre de izquierda, no por moda, sino por un amor profundo y genuino hacia los más humildes. Su vida fue un testimonio de solidaridad; entendía que la nobleza reside en entregarse incondicionalmente a los demás.
Tenía ese carácter de roca que no se doblega ante la injusticia, y la sensibilidad que se derretía en una sonrisa amplia y sincera que iluminaba cualquier oscuridad.
Esa fortaleza la construyó junto a su eterna compañera, mi madre. Juntos compartieron 54 años de un amor que fue, ante todo, un acto de resistencia y construcción. Recuerdo las historias de sus inicios: siendo apenas unos jóvenes, no tenían más que un colchón, unas cuantas cucharas y un mar de sueños. Fue ese apoyo mutuo, esa complicidad absoluta, lo que logró entregarnos siempre una vida digna. En nuestra casa nunca faltó la comida, pero sobre todo, jamás faltó el calor de un hogar verdadero.
Nos dieron las mejores herramientas para la vida: una profesión y un ejemplo de ética en todos los actos de nuestra vida. Mi padre vio con orgullo cómo sus hijos nos convertíamos en el fruto de su esfuerzo. Yo, Betty, como abogada, he dedicado mi carrera a defender esas mismas causas sociales que él abrazó. Mis hermanos, Lenin y Carlos, como ingenieros civiles, llevan en sus manos la técnica que él ayudó a forjar, recordándolo siempre presente, apoyándolos incluso en sus primeras construcciones. Lo que hemos logrado es nuestra responsabilidad, pero el cimiento de tenacidad, valentía, coherencia y lealtad es enteramente suyo.
Por eso hoy, ante su memoria, nuestro compromiso sagrado como hijos es cuidar de nuestra madre, el gran amor de su vida. Es nuestra forma de honrar su historia y decirle "gracias" por cada enseñanza y acto de amor.
Sus nietos, María Alejandra y Esteban, tuvieron la fortuna de habitar en su ternura; mis sobrinas, Analía y Luciana, conocieron su guía. Y aunque me duele profundamente que la pequeña Amelia, no haya tenido la oportunidad de conocerlo, nos queda a nosotros la tarea de presentárselo a través de nuestros actos y relatos.
Papá, han pasado cuatro años. Tu silla no está vacia, ahora la ocupa nuestra madre, tus ideales permanecen en nuestros corazones. Tu memoria no es un recuerdo estático, es el motor que nos impulsa a ser mejores. Tu sonrisa y tu lucha viven en cada causa que defendemos y en cada obra que levantamos.
Hasta la victoria siempre, papito querido.
Con infinito amor: Betty