27/05/2021
Si estuve en el salón de audiencias del Palacio de Justicia de San Pedro de Macorís y no llevé la típica corbata negra, la toga y el birrete, es porque no fuí en calidad de , sino en calidad de afectado y perjudicado por la inmensa, desafiante y desbordada ola de que se apodera de nuestras calles diariamente, ante la ausencia de un efectivo plan que garantice la seguridad ciudadana.
Cruda y dolorosa verdad que como sociedad estamos perdiendo la batalla en contra de la delincuencia, en todos sus niveles; en todos los escenarios. La impunidad y la falta de aplicación rigurosa de un régimen de consecuencia, eficaz en la teoría, pero incapaz en la práctica, potencia cada día un mal que cada vez es mayor.
Tristemente nos alejamos de la con la que soñaron nuestros padres fundadores, la que idearon, anhelaron y soñaron; por la que lucharon y su sangre entregaron.