03/05/2025
Latir del tiempo (13): Jesús, una vida entre motores
Jesús Vizcaíno Gálvez es mecánico. Lleva 55 años vinculado a la base de camiones del Centro de la Empresa de Carga por Camiones (EMCARGA) en Santa Clara, y aunque se jubiló hace casi una década, volvió al ruedo. Ahora, con 74 años, está reincorporado al pañol, un espacio menos exigente físicamente, pero que le permite seguir sintiéndose útil.
“Cuando salí del servicio militar no había trabajos disponibles y un amigo me preguntó si quería trabajar en la base de Camiones del Centro y vine a trabajar aquí. Era la base vieja, que está en la carretera central cerca de Hanabanilla”.
Era 1970, otra época: la vieja sede del Transporte Nacional de Carga. Jesús comenzó como ayudante de mecánico y, con el tiempo y la superación, ascendió hasta mecánico A. “Fui responsable de brigadas de mantenimiento, brigadas eventuales y de revisión. Pasé por todo el perfil amplio en la mecánica, aquí en la base”, cuenta.
En 1972 se casó y se mudó a Cruces, Cienfuegos, lo que complicó los viajes al trabajo. Aun así, siempre llegaba y estuvo así aproximadamente diez años. “Hasta que vine para el municipio Ranchuelo y seguí viajando 25 años más o menos, cogiendo botella, como le llama uno. Ahora vivo aquí en Santa Clara y lo tengo más cerquita, que estoy a tres Km de aquí”.
“Siempre me enamoré de estar y trabajar aquí. No me gustó estar brincando de un trabajo para otro. Presté servicio también en el 85 ante una necesidad de movimiento de cargas que tuvo la provincia Cienfuegos y trabajé allá como mecánico, unos nueve o diez meses aquel año. El único trabajo fuera de aquí”.
Vizcaíno nunca quiso ser otra cosa. Aunque en su juventud practicó baloncesto y llegó a competir a nivel nacional en los Juegos de los Trabajadores, pero eligió la mecánica. “Fui deportista de baloncesto, fui a los nacionales, fui también a los primeros y los segundos juegos de los trabajadores. En el año 75 y 77. Tengo diploma de cuando fuimos ahí y ganamos un tercer lugar nacional cuando éramos seis provincias nada más. Tuve la oportunidad de seguir en el deporte, pero decidí quedarme en la mecánica. No me arrepiento de nada”.
La jubilación no le fue suficiente. Volvió por necesidad económica, pero también por vocación. A pesar de la enfermedad cardíaca que lo sorprendió hace nueve años, sigue acudiendo. Lo hace con la conciencia de sus límites, pero también con la persistencia de quien encuentra en el trabajo una forma de sostenerse y resistir. “El día que pierda el estímulo, uno no es nadie. Si uno se deja caer, se va echando p’atrás y hay que tener optimismo porque si no la vida se va en retroceso”.
“Dentro del trabajo me apasiona todo, la mecánica y me da algo bueno, entretenerme más o menos. Ya a la edad que yo tengo, ya tengo que estar siempre en acción, eso me gusta. Como fui deportista también y eso me gusta estar siempre caminando y tratar de ayudar en lo que pueda”.
Cree en el proceso revolucionario y lo dice sin titubeos. “Confío todavía. Es un proyecto que ha sostenido la salud, la educación, que ha apoyado a los jubilados, a las mujeres, a los niños”. En contraste cuenta que tiene una situación que “soy de los que menos gana porque estoy retirado”, es que siente la necesidad en el bolsillo y aún espera por las nuevas leyes que escuchó prometen un aumento de salario para los trabajadores.
Hoy, lo mueve sobre todo una esperanza tranquila: tener salud, seguir siendo útil y ver cómo los jóvenes toman la posta. A ellos les deja un consejo sencillo, sin discursos: “Que se preparen, que luchen, que trabajen por levantar esto”.
Jesús Vizcaíno es un hombre de taller, de grasa en las manos, de madrugadas y recorridos largos. Su historia se escribe con la constancia de quien ha hecho de la responsabilidad una forma de vivir.
📷: Naturaleza Secreta
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