25/08/2023
Este escrito fue redactado hace algunos años cuando el Pereira atravesaba uno de sus peores momentos.
Hoy, que se codean con los grandes del continente, es mi manera de rendirle homenaje a esa hinchada pereirana que tanto ha sufrido y ahora cosecha los réditos de la lealtad.
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Un grupo de amigos de toda la vida se dan cita en la cancha del estadio Hernán Ramírez Villegas. A sus 60 años - y con algunas cervezas encima- se ponen a charlar…
- Hombre… Roberto, dinos la verdad. Ya estamos viejos, puedes ser sincero. ¿No te hubiera gustado ser hincha de Nacional, América, Millonarios, Junior…? No sé, ¿cualquier otro equipo que no hubiera sido el Pereira?
- (…)
- No lo tomes a mal… Pero te confieso que sí me genera curiosidad: ¿ser hincha de un equipo que sólo te genera sufrimiento? ¿Por qué? Mira que nosotros hemos tenido una vida plena y llena de alegrías. Hemos celebrado títulos, dado vueltas olímpicas, viajado por el mundo siguiendo a nuestros equipos mientras que tú te quedaste en la ‘B’ yendo religiosamente a un estadio vacío. Tu vida ha sido de sólo sufrimiento.
- (…)
- Bueno… Oye, dinos algo. No seas antipático.
- Por dónde empezar…
- No sé… ¿por el principio?
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- Para mí venir al Hernán Ramírez Villegas, es como viajar en el tiempo. Mi vida está ligada a este estadio. Recuerdo la primera vez que visité este recinto con mi papá; nos hicimos en oriental y al final del partido mi viejo logró que nos escabulléramos aquí donde estamos, en la cancha. No era una final -ni siquiera algún partido decisivo- pero en medio del olor a pasto y los tímidos rayos del atardecer, el poder corretear cada rincón de esa grama infinita teñida de verde es uno de los recuerdos más hermosos de mi vida.
Lo que sentí ese día me sigue interpelando porque no fue algo racional: no se puede explicar. La única certeza que tuve fue la de haber encontrado un segundo hogar.
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¿Si ven la tribuna norte?
Ustedes no me alcanzan a ver, pero allá estoy -¡saltando!- en los mejores momentos de mi adolescencia. Ustedes se acuerdan… yo era muy tímido. ¡Pero en este estadio me transformaba! Para levantarme a mis primeras novias el ritual siempre fue el mismo: las invitaba a un partido y usaba la algarabía de los goles de mi Pereira como excusa para robarles un beso. Y besos robé por montones… ¡Tiempos aquellos!
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¿Si ven la tribuna sur?
Allá le propuse matrimonio a Laura. Fue en el entretiempo de un Pereira- Millonarios. Me confabulé con el tipo del sonido para que en el entretiempo me dejara mano a mano contra el destino : ‘Laura Victoria, te quieren decir algo muy importante…’. Fue uno de los días más felices de mi vida porque aceptó y ganamos por goleada.
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¿Si ven la tribuna de occidental?
A mis hijos los traje ahí. Es inexplicable esa sensación de ver cómo se les abren esos ojitos y gritan sus primeros goles con pasión. Cuando fallecieron mis padres, el mundo se me vino encima. Me tomó tiempo superar el duelo pero lo hice aquí, sentado, gritando, llorando, ganando y perdiendo con el Pereira.
Todas mis felicidades y tristezas resuenan aquí.
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¿Cuál era la pregunta?
¿Qué si me hubiera gustado ser hincha de Nacional o del América?
No.
El Pereira siempre ha estado ahí para mí, en las buenas y en las malas.
Por eso es que yo siempre estaré para el Pereira, en las buenas y en las malas.
He tenido una vida plena, también. No me cambio por nadie. A mi nieto mañana lo voy a traer a su primer partido. El Pereira es lo mejor que me ha pasado.
P.D. Dedicado a la ciudad de Pereira