13/06/2019
El activismo judicial en tiempos de las posturas Cool.
Decía alguna vez Emmanuel Kant, que el “El hombre es libre sólo cuando obedece a las leyes y no a las personas”. Esa afirmación nos conduce a que como personas debemos estar regulados por normas o leyes, no por lo caprichos o posturas personales de un funcionario público o un juez, pues de ser así la ley no será igual para todos, sino que dependiendo del ánimo a la subjetividad de un juez, dos personas que incurren en la misma conducta pueden ser juzgadas de formas completamente diferente, y peor que eso, no sabremos realmente que es legal y que no lo es, es decir, desaparece la seguridad jurídica.
Al momento de decidir un caso, el juez debe apegarse a la Constitución y al sentido de la norma, aunque algunas veces él no esté completamente de acuerdo, pues de no ser así, no tendría sentido que exista una Constitución y unas leyes que cada juez decide si aplica o no.
En estos tiempos están surgiendo un conjunto de posturas a las que yo denomino “Posturas Cool”, y es que resulta super “Cool” defender los derechos de personas que se encuentran en la pobreza, es super “Cool” defender el libre desarrollo de la personalidad, es super “Cool” defender cualquier iniciativa ambientalista, así esta no tenga sentido.
El activismo judicial por su parte surge cuando los jueces emiten fallos o decisiones, fundamentándose más en lo que ellos de forma personal consideran correcto, que en el contenido de la norma. Este problema se hace mucho más peligroso cuando el juez no es propiamente un experto en el asunto objeto del litigio, pues existe un grave riesgo de que este termine pensando que la decisión correcta sea la más “Cool”, la más popular en redes sociales, o la que al común de la gente le parezca más chévere.
En materia ambiental, las normas generalmente se encuentran fundamentadas en resultados de estudios técnicos o científicos, y muchas veces esos resultados no son tan “Cool” como todo el mundo quisiera, no conducen a cerrar la empresa que tu odias, o no arrojan como resultado que lo que mucha gente cree que es muy malo, en realidad lo sea. Pasa entonces que el juez se encuentra con una norma que determina algo contrario a lo que él cree que es correcto, pero que no necesariamente es correcto, no obstante toma una decisión que para él es correcta y es “Super Cool” pero que se aleja de la establecido por la norma.
El resultado de esas decisiones judiciales “Super Cool”, puede ser que generan graves problemas sociales, económicos y ambientales, y además son decisiones que atentan contra el Estado Social de Derecho y contra la seguridad jurídica.
Los buenos jueces no son los más “Cool”, los buenos jueces son los que por medio de sus decisiones administran justicia en estricta observancia del Estado Social de Derecho. Una cosa es interpretar la norma y otra muy diferente desatender la norma.