25/08/2026
EL LIBRO DE LA VERDAD: EVIDENCIA, INSTITUCIONES Y EL DEBER DE SEGUIR INVESTIGANDO
Artículo de opinión #4 — Por William Pira
Mano Firme ✊️ Corazón Grande ❤️
Hay documentos que nacen para generar una discusión política y hay otros que, independientemente de quién los presente, deberían servir para abrir una conversación mucho más profunda sobre el país.
El llamado “Libro de la Verdad”, un documento de 135 páginas presentado como diagnóstico de la administración anterior y entregado a los organismos de control, pertenece a esta segunda categoría.
Más allá de las posiciones políticas que pueda generar, lo verdaderamente importante es preguntarnos qué hacemos como sociedad cuando aparecen hallazgos, inconsistencias y situaciones que merecen ser esclarecidas.
Porque una cosa debe quedar clara desde el principio:
un informe no es una sentencia, pero tampoco debe convertirse en un documento que simplemente se archive y se olvide.
¿QUÉ ES Y QUÉ NO ES EL “LIBRO DE LA VERDAD”?
Uno de los aspectos que considero más importantes es el esfuerzo por documentar el estado en que se recibe una administración pública.
Durante mucho tiempo, en Colombia los cambios de gobierno estuvieron acompañados de discursos, acusaciones y señalamientos, pero no siempre de procesos de empalme suficientemente documentados que permitieran a la ciudadanía conocer con claridad qué se recibía y qué se entregaba.
En este caso se plantea un ejercicio basado en distintas fuentes de información, entre ellas sistemas de contratación pública, derechos de petición y antecedentes de organismos de control, con la participación de numerosas personas en el proceso de recopilación y revisión.
Eso, por sí solo, no convierte el documento en dueño de la verdad absoluta.
Y aquí quiero ser muy claro.
Un informe de esta naturaleza no reemplaza a la Fiscalía, a la Procuraduría, a la Contraloría ni a los jueces.
Su verdadero valor está en otra parte: poner información documentada sobre la mesa para que las instituciones competentes hagan su trabajo.
LA EVIDENCIA DEBE ESTAR POR ENCIMA DEL RUMOR
En política estamos acostumbrados a escuchar acusaciones de un lado y respuestas del otro.
El problema aparece cuando la discusión termina reducida a quién grita más fuerte.
Por eso considero importante que cualquier señalamiento sobre la administración pública pueda ser contrastado con documentos, fechas, contratos, cifras y fuentes verificables.
Una democracia seria necesita menos rumores y más evidencia.
Y un ciudadano responsable no debería pedir que se condene a alguien simplemente porque aparece mencionado en un informe.
Pero tampoco debería aceptar que una información que merece ser investigada sea ignorada simplemente porque resulta políticamente incómoda.
Ni condenas anticipadas ni silencios convenientes.
Lo que necesitamos es investigación.
TRES RAZONES PARA TOMARLO EN SERIO
Hay, a mi juicio, tres razones por las cuales este tipo de ejercicio puede ser importante para Colombia.
Primero: permite establecer una línea de base.
Si sabemos en qué condiciones se recibe el Estado, dentro de unos años podremos comparar resultados y determinar qué se hizo bien, qué se hizo mal y qué quedó pendiente.
Segundo: puede servir como insumo para los organismos de control.
Un documento de diagnóstico no reemplaza una investigación, pero puede ayudar a identificar asuntos que requieren una revisión más profunda.
Tercero: fortalece la pedagogía ciudadana.
Los recursos públicos pertenecen a todos los colombianos. Por eso, tenemos derecho a conocer cómo se administraron, qué decisiones se tomaron y qué consecuencias tuvieron.
Y aquí está una de las grandes lecciones:
la transparencia no debería depender de quién gobierna.
Debe ser una obligación permanente del Estado.
EL LÍMITE QUE NO PODEMOS CRUZAR: NO ES UNA SENTENCIA
También debemos ser responsables con nuestras palabras.
Si un documento señala una posible irregularidad, eso no significa automáticamente que exista un delito.
Una baja ejecución presupuestal puede ser una señal que merece explicación.
Una inconsistencia contractual puede requerir una investigación.
Una decisión administrativa cuestionable puede tener consecuencias políticas o disciplinarias.
Pero determinar si existió un delito y quién es responsable corresponde a las autoridades competentes, dentro del debido proceso y con las pruebas correspondientes.
Por eso, presentar el “Libro de la Verdad” como una sentencia definitiva sería un error.
Pero decir que no tiene ninguna importancia porque todavía no existe una sentencia también sería un error.
El punto está precisamente en el medio: investigar.
EL VERDADERO EXAMEN COMIENZA AHORA
Si existen decenas de casos que requieren seguimiento, la pregunta que debemos hacernos como ciudadanos es sencilla:
¿Qué va a pasar con ellos?
Porque Colombia ya conoce demasiados casos que comienzan con grandes titulares y terminan perdidos entre expedientes, trámites, burocracia y años de espera.
Hemos visto investigaciones que no avanzan.
Procesos que prescriben.
Denuncias que pierden fuerza con el paso del tiempo.
Y ciudadanos que terminan preguntándose si realmente vale la pena denunciar.
Por eso, el verdadero examen del “Libro de la Verdad” no está en su presentación.
Está en lo que suceda después.
Si la información entregada contiene elementos que ameritan investigación, las instituciones tienen la responsabilidad de actuar.
La evidencia debe conducir a la investigación y la investigación debe conducir a la verdad.
CUANDO LAS DECISIONES PÚBLICAS AFECTAN LA VIDA DE LOS COLOMBIANOS
Algunos de los asuntos señalados trascienden las discusiones políticas y pueden tener implicaciones sobre servicios esenciales y la capacidad del Estado para responder adecuadamente a las necesidades de los ciudadanos.
Cuando hablamos de energía, infraestructura, seguridad, salud o recursos públicos, no estamos hablando simplemente de balances contables.
Estamos hablando de la vida cotidiana de millones de colombianos.
Una mala decisión administrativa puede terminar afectando un servicio.
Una deficiente planeación puede generar pérdidas enormes.
Y una eventual conducta irregular, si llegara a comprobarse, puede terminar afectando directamente los recursos que deberían estar destinados al bienestar de la gente.
Por eso necesitamos instituciones fuertes.
Instituciones que investiguen sin importar quién sea el señalado.
Instituciones que no actúen por presión política.
Instituciones que no tengan miedo de investigar al poderoso ni de reconocer cuando una acusación no tiene fundamento.
EL ESTADO DEBE APRENDER A RENDIR CUENTAS
Para mí, la enseñanza más importante de todo este episodio debería ser institucional.
No deberíamos necesitar esperar a que cambie un gobierno para saber cómo se encuentra el Estado.
Debería existir una cultura permanente de documentación, transparencia, seguimiento y rendición de cuentas.
Que cada gobierno entregue información clara.
Que cada administración pueda ser evaluada con indicadores.
Que cada peso público pueda ser rastreado.
Y que cada posible irregularidad tenga una respuesta institucional.
Porque al final del día, los recursos públicos no son de los políticos. Son de los ciudadanos.
CONCLUSIÓN: LA VERDAD NECESITA INSTITUCIONES
No considero que el “Libro de la Verdad” deba convertirse en una herramienta para alimentar el enfrentamiento político.
Considero que debe convertirse en una oportunidad para exigir algo mucho más importante: que las instituciones hagan su trabajo.
Este documento no es una sentencia contra nadie.
Es, en el mejor de los casos, un punto de partida.
Ahora corresponde a las autoridades competentes investigar, contrastar las pruebas, establecer responsabilidades cuando corresponda y garantizar el debido proceso.
Y si después de investigar se demuestra que no existió responsabilidad, también debemos tener la madurez para reconocerlo.
Porque la justicia no puede funcionar con intereses partidistas.
No puede haber justicia para los amigos y persecución para los adversarios.
Debe existir una sola regla.
La ley.
Como ciudadano, como abogado y como alguien que aspira a servir desde lo público, creo que ese es el país que debemos construir: uno donde la información sea pública, la evidencia sea respetada, las instituciones sean independientes y la verdad no dependa de quién gobierne.
Que ningún escándalo termine simplemente en titulares.
Que ningún ciudadano tenga que resignarse a pensar que todo se queda en nada.
Y que cuando existan dudas sobre el manejo de los recursos públicos, la respuesta del Estado sea una sola:
investigar hasta llegar a la verdad.
William Pira
Visión firme✊️, corazón por la ciudad❤️.
🇱🇹Ibagué, Tolima 🇨🇴