Fundación unión fe y esperanza

Fundación unión fe y esperanza Actualmente con 1129 asociados. Defiende los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario. Asesoria y asistencia 3118852197. Sin costo.

30/11/2014

Viendo los actuales "combates" en la zona del Chocó, con todo el desplazamiento y las denuncias de violación a los derechos de los pobladores por cuenta de los "militares",... empiezo a preguntarme si el "secuestro" del general ¿no seria mas bien una "entrega" con la excusa perfecta para despojar terrenos para terceros empresarios?... ¿tal vez para Aceite de palma?...

28/08/2013

DEBEMOS TOMAR CONCIENCIA DEL DAÑO QUE SE LE HACE A LA ECONOMIA CAMPESINA COLOMBIANA AL COMPRAR PRODUCTOS EXTRANJEROS.
Podemos y debemos ayudar, COMPRANDO PRODUCTOS COLOMBIANOS.
Si el empaque no dice de donde es el producto, mira el codigo de barras, que empiece con el número 70. Si lo que quieres comprar no lo encuentras como producto colombiano,... ó estas en el lugar equivocado ó debes cambiar de dieta.
POR UNA COLOMBIA UNIDA, COLOMBIANO, COMPRA COLOMBIANO.

23/08/2013

Para aquellos que lo ven con ojos Neo-liberales, les tengo una preguntita no mas, ¿Si es la Ley de oferta y demanda la que se establece para el libre mercado interno,... cuando no tengamos campesinos produciendo alimentos, quien impedirá que el costo de los alimentos suba???... Por favor, por favor, no me digan que el Gobierno, APOYEMOS EL PARO CAMPESINO.

22/08/2013

Nueva NORMA JURIDICA DE DERECHO INTERNACIONAL: "Quien ose denunciar, filtrar o hacer pública por cualquier medio escrito o magnético y/o redes sociales, uno o varios delitos de violación de DERECHOS HUMANOS y/o de LESA HUMANIDAD cometidos por los FUNCIONARIOS DE ESTADOS incurrirá en prisión de 35 a 90 años en cárceles del ESTADO VIOLADOR"... Que vergüenza que los Estados Democráticos no se pronuncien INDIGNADOS

20/12/2011

UN NUEVO DERECHO
En la revista Consigna, hace 10 años señalábamos que la “judicialización de la política”, o, la “politización de la justicia” eran frases casi prohibidas dentro del catecismo de la Revolución Francesa, caracterizado por la ‘supremacía’ del Poder Legislativo.
Sin embargo, con el paso del tiempo ha dejado de ser blasfemo aceptar que la función judicial sí tiene ‘núcleo político’.
Se ha ido creando un ‘nuevo derecho’ tras los avances impresionantes de la ciencia: la biología, en primer lugar. Una ‘revolución gradualizada’ de muchas normas e instituciones que se consideraban intocables. Con cierta irreverencia podría afirmarse que el portentoso esquema del señor Montesquieu empieza a tambalear y a demandar una reingeniería de verdad.
Hoy advertimos tres corrientes muy bien identificadas: la una, defendiendo la ‘invasión’ o ‘expansión’ de la justicia, y la otra haciendo ‘exorcismos’ sobre los peligros que traería consigo el ‘gobierno de los jueces’ y, por consiguiente, partidaria de retornar el poder judicial a sus antiguas competencias. Y otra, menos polarizada, haciendo las veces de ‘tercera vía’.
En aquel entonces escuchamos, en la Tadeo, brillantes intervenciones de López Michelsen, De la Calle, Carlos Gaviria, Sáchica, Peces Barba, Baltasar Garzón, M. J. Cepeda y Hernando Yepes. Personalmente, optamos por la posición asumida por el jurista italiano Carlo Guarnieri en su célebre libro Los jueces y la política, cuando afirma citando a Peltason, que “la separación del sistema judicial del político sólo es relativa (...), lo que distingue a los actores judiciales de los políticos no es que estén fuera del sistema, sino que están vinculados a él de un modo distinto”.
El descaecimiento de la institución parlamentaria, agravada por la incompetencia y deshonestidad de algunos de sus miembros, ha venido acelerando la refundación del concepto tradicional de Estado con el fin de hacerlo más moderno, fuerte, eficiente: obviamente, con justicia social y derechos humanos.
Y es aquí donde el Poder Judicial puede y debe jugar un rol trascendental. Naturalmente, con los diques necesarios –severas limitaciones en su radio de acción, selección rigurosa de sus miembros y estricto profesionalismo– que evite aquellos desbordamientos que podrían degenerar en ‘dictadura judicial’, ‘populismo judicial’, o, lo que sería peor, convertir al magistrado en ‘factótum’ de cuanto conflicto surja en la vida comunitaria.
La intervención de la magistratura en el cambio es un hecho político, social y económico.
De lo que se trata es de regular y fijar funciones que sirvan de contrapeso entre los tres poderes y garantice conexiones interinstitucionales adecuadas. En la era del genoma y de la guerra terrorista, carece de toda validez seguir caminando con los ojos vendados.

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