11/11/2017
Hermanos está noche los invito a orar y hacerle sus peticiones ala madre abogada nuestra por lo momentos difíciles q están pasando ORACION A LA VIRGEN DE LA MERCED PARA SOLUCIONAR PROBLEMAS (JUSTICIA, AMOR, DINERO, TRABAJO)
Dulcísima Virgen María de la Merced,
querida Madre, abogada mía,
guárdame bajo tu manto y ampárame,
líbrame de todo mal
sácame de la aflicción que me aqueja.
Encanto de mi corazón,
embeleso delicioso de mi alma;
yo no tengo otra esperanza,
después de Jesucristo, que Tu,
Virgen Santísima de la Meced.
¡Oh! Tú que eres el gran auxilio de los afligidos,
que sabes ayudar amorosamente
a los que conocedores de tu bondad
y de la eficacia de tu intercesión
en ti confiamos,
recibe mi ofrenda de amor,
disculpa mis faltas
y acepta mi agradecimiento
por los tantos y grandes favores
que tus hijos hemos recibido
de tu maternal bondad.
Reina de la gloria,
que bajaste del cielo a la tierra
declarando que eres
"Madre de la Merced y de las Misericordias"
y quisiste llamarte María de la Merced
para expresar que derramarías tus favores
a los que te invocan con este dulce titulo,
usa tu piedad con este humilde siervo tuyo:
no me dejes sin solución,
y hazme la gran merced de concederme
lo que con tanta esperanza y fe os solicito
para remediar mis angustiosos problemas:
(pedir lo que se desea conseguir)
Madre de la Misericordia
Tu que puedes conseguir todo del Señor
aboga por mi ante tu Hijo Altísimo y Redentor,
pues ante ti Señora,
se abren las puertas del cielo;
en tus manos están todos los tesoros
de la divina misericordia,
escúchame, socórreme, fortaléceme, consuélame,
y si me conviene, concédeme la gracia
que con humildad y plena confianza
he pedido en esta oración.
Señora de la Merced,
líbranos de los males del alma y cuerpo
de injusticias, calamidades y tristezas,
de necesidades y adversidades,
y guíanos por el camino
que conduce a la casa del Padre para que,
después de nuestro peregrinar por este mundo,
lleguemos a vivir allí para siempre en tu compañía.
Amén. +
Rezar la Salve, Padrenuestro y Gloria.
Hacer la oración y los rezos tres días consecutivos.