05/08/2017
Colombia emprendió importantes transformaciones en a comienzos de los 90 como la consolidación del proceso de descentralización y el nuevo modelo de desarrollo basado en la apertura económica. Estos procesos han estado acompañados de un crecimiento importante en el tamaño de las finanzas del Estado, que hoy se refleja en un desbalance entre los recursos del sector público y los gastos con que está comprometido. Así, la participación del gasto público del Gobierno central, como porcentaje del PIB, crecio de un 10,9% en 1990 a un 17,5% en 1996. Mientras tanto el gasto total del sector público en 1990 fue de 23.7% y en 1995 de 29.9% cuando se observa la escasa participación de la inversión pública colombiana, frente a los gastos totales del gobierno y la forma como diversas leyes sectoriales comprometen recursos de inversión, queda claro el estrecho margen de movilidad en la asignación de prioridades con que éste cuenta. Dado que disminuyo los pagos de inversión frente a un aumento importante en funcionamiento y pago de la deuda. En los noventa, a Colombia le llegó también mucho capital, el sector privado aumentó su endeudamiento externo profusamente, pero en vez de acomodarlo con menor gasto público, los gobiernos de turno decidieron acompañarlo con una expansión significativa que no tardó en ahogar la expansión de la economía. Un aumento significativo de impuestos, de cerca del 4% del PIB, no bastó para financiar la expansión del gasto público y se recurrió al endeudamiento público doméstico y externo que financió mucha nómina improductiva y proyectos de inversión muy grandes al lado de concesiones también grandes para obras públicas emprendidas por el sector privado.