18/08/2026
NO TODO LO QUE SE ENTREGA A UN NIÑO TIENE QUE SER COMIDA
A raíz del terremoto que golpeó al Chocó y otras regiones del país, hemos visto una campaña de burlas y críticas por la entrega de balones a los niños afectados.
Y vale la pena hacer una pregunta sencilla:
¿De verdad entregar un balón significa que se está dejando de entregar comida, agua, medicamentos o ayudas humanitarias?
¡Claro que no!
Una emergencia de esta magnitud exige atender muchas necesidades al mismo tiempo. Alimentación, agua, alojamiento, salud, recuperación de viviendas, educación, protección de los niños y también recreación.
No podemos caer en la absurda idea de que, porque un niño recibió un balón, entonces debemos preguntarnos por qué no recibió comida. Las dos cosas pueden y deben coexistir.
UNICEF, que actualmente está trabajando en Chocó y Buenaventura como parte de la respuesta al terremoto, está suministrando agua, elementos de saneamiento e higiene y fortaleciendo, junto con las autoridades, las medidas de protección de niños, niñas y familias afectadas.
Entonces, ¿por qué pretender hacer creer que un balón reemplaza esas ayudas?
No las reemplaza.
Un balón no es comida.
Un balón no es agua.
Un balón no es una vivienda.
Un balón no es un medicamento.
Pero un balón tampoco es un crimen.
Es un elemento de recreación para unos niños que acaban de vivir una situación traumática.
Después de un terremoto, los niños también necesitan recuperar algo de normalidad. Necesitan jugar, distraerse, compartir con otros niños y volver a sonreír.
Lo que resulta preocupante es que algunos sectores políticos estén intentando convertir cada ayuda entregada por el Gobierno en motivo de burla o sabotaje, como si reconocer una acción positiva significara estar de acuerdo con absolutamente todo lo que hace un gobierno.
Se puede criticar al Gobierno cuando corresponda.
Se puede exigir transparencia.
Se puede exigir que los recursos lleguen a quienes realmente los necesitan.
Pero una cosa muy diferente es sabotear o ridiculizar las ayudas simplemente porque provienen del Gobierno.
En una tragedia de esta magnitud, deberíamos estar pensando en cómo sumar esfuerzos, no en cómo convertir cada acción en una pelea política.
Si llega comida: bien.
Si llega agua: bien.
Si llegan medicamentos: bien.
Si llegan ayudas para reconstruir: bien.
Y si además llegan balones para que nuestros niños puedan jugar: también está bien.
Porque atender una emergencia no significa escoger entre alimentar a un niño o permitirle jugar.
Significa entender que la dignidad de un niño comprende ambas cosas.
En medio de una tragedia, dejemos por un momento la política a un lado.
Los niños del Chocó no tienen la culpa de nuestras diferencias políticas. Y si podemos regalarles aunque sea un momento de alegría, ¿por qué tendríamos que burlarnos de eso?