Cami Cubillos - Legalmente Cami

Cami Cubillos - Legalmente Cami 👩‍⚖️ Combatiendo el fraude bancario y cibercrimen
⚖️ Abogada penalista y mamá
🏦 Defensora de víctimas de delitos

04/09/2026

A Matías no lo estafó un simple hacker. Lo estafó una empresa con más de 250 trabajadores y con un presupuesto de marketing en Facebook altísimo.

En diciembre de 2023, Matías se inscribió en una plataforma de inversión que ofrecía invertir en litio y cobre chileno.

Para entrar le pidieron lo mismo que podría pedir una empresa tradicional y formal. Firmó un contrato, le asignaron un número de usuario y le entregaron un ticket de depósito codificado para transferir la inversión a una cuenta corriente en Banco Santander.

La empresa estaba a nombre de una sociedad chilena de inversión, con RUT, inicio de actividades y constituida legalmente.

Matías invirtió $88.000 chilenos, aproximadamente 100 dólares según el tipo de cambio de ese día.

Le dijeron que tenían convenio con Banco Santander y Banco Falabella, y que los depósitos solo se podían hacer desde esos bancos.

Después le pidieron instalar una aplicación en su celular, AnyDesk, supuestamente para guiarlo y para que pudiera hacer seguimiento de cómo iba su inversión.

Esa aplicación era la llave.

A partir de ahí ya no hizo falta que Matías hiciera nada.

A mediados de diciembre se cursó un crédito de consumo a su nombre por $30 millones. Él no lo pidió ni lo autorizó.

Se hicieron dos avances en efectivo por casi $6 millones y, una semana más tarde, otros dos avances en efectivo por $10 millones.

Esa plata, más $50 millones que Matías tenía ahorrados, salió directamente a las cuentas de esta supuesta empresa de inversión.

Más de $100 millones en menos de 11 días, en operaciones que él nunca pidió y nunca autorizó.

Durante los dos años siguientes, la conversación siempre fue sobre Matías.

Sobre qué hizo Matías.

Sobre cómo lo engañaron.

Sobre por qué invirtió esos 100 dólares.

Sobre por qué descargó esa aplicación.

Sobre qué cosas tenía que haber hecho distinto.

Pero nadie le contó contra quién se estaba enfrentando.

Porque Matías se enfrentaba a una organización criminal con integrantes israelíes, mexicanos y colombianos, que tenía seis oficinas en Medellín.

Esta empresa tenía contratos de arriendo, nómina, pasarelas de pago contratadas y metas mensuales que sus trabajadores tenían que cumplir.

Aproximadamente 250 personas trabajaban en esas oficinas.

Cada mesa tenía un jefe.

Cada área tenía un manager.

Había bonos de recaudación y bonos de cierre.

Y tenían dos áreas muy específicas.

La primera era la que te llamaba para que abrieras una cuenta de inversión en esta supuesta empresa. Te ofrecían comenzar desde 100 o 200 dólares, como ocurrió con Matías.

Cuando abrías la cuenta, te pasaban a la segunda área.

Se llamaba área de retención.

Su trabajo era uno solo: conseguir que los clientes pusieran más y más plata.

Primero sacaban los ahorros.

Después pedían créditos a su nombre sin que las víctimas se dieran cuenta.

Ahora viene la parte que nadie se espera.

Los más de $100 millones que salieron de la cuenta de Matías salieron de su cuenta en Banco Santander y entraron a otra cuenta en el mismo Banco Santander, a nombre de una sociedad de papel que utilizaba esta organización criminal para operar en Chile.

La sociedad, apenas se constituyó, abrió inmediatamente una cuenta corriente empresa en ese banco.

Al día siguiente recibió los $100 millones de Matías y miles de millones de pesos más provenientes de otras víctimas.

No tenía trabajadores.

No tenía proveedores.

Tampoco registraba ventas.

Solo era dinero entrando y saliendo.

Salía de las cuentas de las víctimas, entraba a la cuenta de la empresa de papel y terminaba en esta organización criminal con sede en Colombia.

Y lo peor no viene ahí, pero creo que eso da para otra historia.

Ese mismo banco, sabiendo todo esto y existiendo una investigación en curso, firmó pagarés a nombre de Matías y con esos pagarés lo demandó ejecutivamente.

Matías llegó a tener tres propiedades embargadas y una fecha de remate fijada para agosto de 2026.

Por razones de seguridad evidentes, no di los nombres de las empresas de inversión.

Acá nos cuidamos todos.

02/09/2026

Más de 500 millones de pesos les sacaron, en solo 31 días, a las personas que ingresaron a mi estudio jurídico durante agosto de 2026.

Y estas personas, obviamente, no llegaron por confiadas o por descuidadas.

Llegó una ingeniera a la que le vaciaron la cuenta con 70 millones de pesos. Un jubilado que perdió 25 millones de pesos. Un constructor al que estafaron con 27 millones de pesos. Y muchos más.

Todos de distintas ciudades, distintos montos y distintos bancos.

Cuando puse todos los casos uno al lado del otro y los ordené por banco, apareció lo mismo una y otra vez.

En el número uno, nuevamente, tenemos a Banco Santander, encabezando con el 45% de los casos.

En julio, uno de cada tres de las víctimas era cliente de Banco Santander. En agosto, es casi la mitad.

Los delincuentes ya saben perfectamente a qué clientes y de qué banco estafar.

La escena se repite casi calcada.

Suena el teléfono del cliente. Al otro lado contesta una persona que dice ser ejecutivo del banco y que ya sabe su nombre, su RUT, sus últimos movimientos, sus números de cuenta, todos los productos bancarios que tiene, su correo electrónico e incluso el nombre de su ejecutivo.

Te dice que están vaciando tu cuenta en ese mismo momento y que, para poder frenarlo, vas a tener que confirmar con Santander Pass para revertir las transacciones.

Tú aprietas porque, efectivamente, el mensaje dice “reversa”.

Y desde ahí salen transferencias, compras online, se aprueban créditos y se toman avances en efectivo, uno detrás de otro, en cosa de minutos.

En segundo lugar, durante agosto, tenemos a BancoEstado, con el 25% de los casos.

En tercer lugar tenemos a Banco de Chile.

Directamente te aprueban créditos de consumo y avances en efectivo millonarios que tú nunca pediste, vía remota, sin siquiera acreditar tu identidad. Esa plata después la sacan toda a través de links de pago.

Y ustedes saben perfectamente qué hace Banco de Chile después de que sus clientes son afectados.

Los hostigan, los amenazan con esta demanda y les ofrecen una transacción maravillosa: el cliente se desiste del reclamo y el banco no demanda al cliente.

Los amenazan con esa demanda cuando todos los que estamos en esta cuenta sabemos que esa demanda es precisamente para que esta decisión que toma el banco sea revisada por un juez.

Y es el juez de Policía Local quien va a determinar si efectivamente fue culpa del cliente o si fallaron los sistemas de monitoreo y ciberseguridad del banco.

Después siguen Falabella, Scotiabank, Itaú y BCI.

Luego vienen las cuentas prepago y de retail, como Tenpo, Mercado Pago y MACH.

En estos casos, el dinero sale casi todo a través de avances en efectivo y compras seguidas en cuentas que nunca antes habían tenido ese movimiento.

Porque la mayoría de los clientes que utiliza esas cuentas lo hace precisamente para ahorrar su plata, confiando en esta famosa rentabilidad diaria que ofrecen.

Pero después resulta completamente normal que una persona que solamente usaba esa cuenta para depositar plata, que solo ahorraba y que no tenía salidas de dinero previas, de un día para otro, justo después de un cambio de clave, desde un dispositivo totalmente distinto y en menos de 25 minutos, haga múltiples compras y transacciones hasta vaciarla completamente, incluso de madrugada.

En todos los bancos se repite el mismo patrón.

Reclamas, el banco te hostiga, te culpa y te dice que tú fuiste el negligente. Te amenaza con demandarte si no te desistes, te rechaza el reclamo y después, efectivamente, te demanda.

Los patrones de fraude son evidentes.

Pero los que estamos en esta cuenta sabemos que, aunque hayas apretado “autorizar”, la ley le exige al banco algo más que pedirte una clave y una doble autenticación.

Le exige vigilar.

Le exige detectar y frenar una transferencia de tres millones de pesos a un desconocido a las tres de la mañana cuando no coincide con tu comportamiento habitual.

Eso se llama monitoreo de transacciones.

Autenticar y monitorear son dos obligaciones totalmente distintas.

Y aunque acrediten que la clave se utilizó correctamente o que tú, producto del engaño, entregaste tus credenciales, eso no responde por sí solo la pregunta de si el banco cumplió con sus deberes de seguridad y monitoreo.

Nosotros ya tenemos varias sentencias favorables en estas materias que han obligado a bancos a restituir el dinero a nuestros representados.

¿Está tu banco en el ranking de este mes?

24/08/2026

Les voy a mostrar la grabación de una llamada con un ejecutivo bancario. Quiero que me digan qué opinan ustedes: ¿es una llamada real o es una llamada fraudulenta?

“¿Tiene acceso a alguna tarjeta de crédito o débito? ¿Tiene acceso a Santander Pass?”

“¿Tengo acceso al Santander Pass?”

“¿Tiene Santander Pass? Que lo escucho… Lo escuché recortado.”

“Sí, tengo acceso al Santander Pass.”

“Ya, la voy a derivar a la operadora para que ingrese a la aplicación de Santander Pass y confirme la validación.”

“Ya, ¿cómo le tengo que confirmar?”

“Sí, tiene que ingresar a la aplicación del candado y autorizar la validación del Contact Center. Le va a salir ahí.”

¿Qué opinan ustedes? ¿Es una llamada real o una llamada fraudulenta?

Yo soy la que estaba grabando el video. Cuéntenme qué opinan.

El 83% de las personas pensó que era una llamada fraudulenta, pero era una llamada real. Es más, yo llamé al banco. Esta vez no me llamaron a mí y, aun así, la validación fue la misma que te hace un estafador: ingrese a su Pass y valide la identidad.

Y ese es el real problema. Ya sea si te llama un ejecutivo real, si te llama un estafador o si tú llamas al banco, en todas esas opciones te van a pedir validar tu identidad con tu Pass o con tus claves de tarjeta. Siempre te van a pedir esa validación.

Entonces, la pregunta que te hace el banco después del fraude: “Entonces, ¿por qué autorizó con su Pass si nosotros nunca se lo vamos a pedir?”, se cae sola.

Porque no hay forma humana de distinguir una cosa de la otra. Tenemos un sistema de autenticación que simplemente no te permite distinguir.

Y por eso mismo la ley no se queda ahí. Autenticar es precisamente una obligación del banco, pero no es la única obligación.

También está la obligación de monitoreo de transacciones, que es una obligación del banco independiente de la autenticación.

El banco tiene que tener sistemas de monitoreo informático que detecten cuando una operación, una compra, una transferencia o múltiples compras y múltiples transferencias escapan de tu comportamiento habitual como cliente, que levanten la alerta respectiva y que bloqueen preventivamente.

Aunque la autorización, la clave o la validación con tu Pass la hayas puesto tú.

Cuando el banco te dice “usted autorizó”, te está contestando solamente la mitad de la historia.

La otra mitad es: ¿dónde estuvo el monitoreo?

¿Era normal que una persona realizara 20 transacciones de $1.200.000 en menos de cinco minutos? ¿Es algo habitual en él? ¿Y en la madrugada?

Ahí es donde está gran parte de tu defensa.

21/08/2026

Banco de Chile tiene un comportamiento súper matonesco respecto de lo que pasa después de que un cliente decide reclamar, hacer la declaración jurada, denunciar e iniciar todo el procedimiento de la Ley 20.009.

Muy matonesco.

Y la principal característica de esto es que te amenazan con la demanda. Te llaman constantemente para que te desistas o directamente te dicen: “Te vamos a demandar, acá hay autofraude”, y no sé qué más.

Te amenazan con la demanda ante el Juzgado de Policía Local, que todos sabemos que es justamente la instancia que establece la ley para que los clientes, las víctimas afectadas, se puedan defender y para que el banco acredite que el cliente actuó con culpa grave o dolo.

Y es el juez el que decide si el banco tiene la razón o si, efectivamente, fallaron los monitoreos o los sistemas informáticos del banco.

Entonces aplican esta técnica matonesca y, cuando el cliente ya está débil, lo obligan a firmar una transacción.

¿Y qué ocurre con esta transacción?

Básicamente, el cliente se desiste del reclamo presentado, renuncia a todas las acciones legales en contra del banco y a todas las acciones que pudiera ejercer para recuperar el monto defraudado y obtener la indemnización de perjuicios correspondiente.

O sea, lo dejan en nada.

Y el banco, como concesión recíproca, lo que hace es desistirse de la demanda de la Ley 20.009.

Esta demanda terrible con la que te amenazan y que hacen creer que es lo peor que te puede pasar en la vida, cuando al final es justamente la instancia que tienes para defenderte.

Entonces, ¿de qué estamos hablando?

Si a ustedes los amenazan con esa demanda, no se asusten.

Esa demanda es la instancia y la oportunidad que tienen para poder defenderse y recuperar su plata.

Es impresionante, porque quien decide si fue culpa tuya, si actuaste con culpa grave o dolo o si, por el contrario, fallaron los sistemas de monitoreo de transacciones y el sistema de ciberseguridad del banco, es un juez.

La ley le dio esa potestad a un juez de Policía Local, no al banco.

El banco no decide si fue tu culpa o si ellos fallaron.

Lo decide el juez de Policía Local.

Así que no le tengan miedo a ese juicio.

20/08/2026

GANAMOS AL BANCO DE CHILE
Y MIRA LO QUE HIZO DESPUÉS

Están pasando hartas cosas en materia de fraude bancario y se las quiero ir contando todas.

Hace un tiempo ganamos un juicio contra Banco de Chile. Hermoso el juicio, hermosa la sentencia.

El banco apeló tarde, así que su recurso de apelación fue declarado extemporáneo y la sentencia quedó firme.

¿Y qué dice esa sentencia?

Reconoce las vulneraciones al sistema, que no existió un monitoreo adecuado, entre otras deficiencias, y ordena al banco dejar sin efecto todos los créditos asociados, las compras realizadas con la tarjeta de crédito y todos los cargos vinculados a esa tarjeta de nuestra representada.

¿Y qué hizo Banco de Chile?

Tomó un crédito de consumo para dejar sin efecto los saldos de las tarjetas de crédito.💳

12/08/2026

en la cartola de Gabriela hay un,cobro que se repite todos los meses desde el año 2 014,ella nunca preguntó,qué era yo lo supe apenas lo vi tiene cuenta,corriente en el mismo banco desde hace más de 10 años,y como todos en algún momento,firmó cosas que venían en la cuenta,una tarjeta una línea de crédito y algún producto asociado,cobro chico descontado automáticamente que uno deja de mirar,por eso cuando la estafaron y le vaciaron la cuenta,hizo todo lo que corresponde,reclamó entregó los antecedentes denunció insistió,y durante toda la tramitación le respondieron lo mismo,que los seguros de fraude,ya no existían que las normas habían cambiado,y que solamente podía optar,a este procedimiento de la ley 20 009,entonces ella asumió que no tenía nada,ninguna cobertura ningún respaldo y,nadie más a quién recurrir,simplemente esperar a ver qué decía el banco,siguió con su reclamo y mientras tanto mes a mes ese cobro,seguía apareciendo,en su cartola hasta que fue a buscar qué era ese cobro,entró a la página de la c m f,conoce tu seguro,y resulta que era una póliza de fraude,bancario que había contratado en el año 2 014 y que seguía,vigente hasta el día de hoy,cobrada mes a mes sin interrupción,nunca le informaron nada,nunca le activaron,nunca le mencionaron nada en su reclamo,y cuando me lo contó yo ya sabía de dónde venía,esa frase que la habían repetido por todos estos meses,porque la ley 20 009 es clarísima el emisor estará,impedido de ofrecer a los,usuarios la contratación de seguros cuya,cobertura corresponde a riesgos o siniestros que el emisor,deba asumir de conformidad a la ley,eso rige desde el año 2 000 20,y no es que nadie se haya enterado porque la,CMF prohibió una serie de pólizas y ordenó,terminar con las que solamente cubrían el,fraude bancario y a bajar la prima,en aquellas que cubrían otras materias y ordenó,además que le avisaran a cada uno de los asegurados,la terminación de estos contratos de forma,personalizada,3 700 000 personas,recibieron este aviso pero a Gabriela no le avisaron nada,a ella le siguieron cobrando,conocían la norma para no dejarle,activar un seguro que ya tenía contratado,pero no para dejarle de cobrar,mes a mes ni mucho menos para rebajar la prima,y esto no termina aquí,hoy los bancos,están pidiendo que esta prohibición se revise,y que los dejen volver a vender seguros antifraude,y eso solamente tiene una sola explicación,mientras rechazar reclamos,arbitrariamente en 90 y 3% de los casos les salía barato,les convenía seguir rechazando,pero cuando empezaron a perder juicios,apareció la idea brillante de volver a ofrecer póliza,a los clientes por seguro antifraude y acá es importante,esta cuestión porque el fraude,nunca fue un accidente del sistema,es un costo de negocio y cuando ese costo les,empezó a doler,en el bolsillo no salieron a mejorar la prevención,salieron a buscar quién lo,pague y adivine quién va a terminar pagando nuevamente,tú esperemos que esta normativa no cambie porque a ver,no mejora los sistemas,informáticos no mejora la,ciberseguridad pero sí quieren ofrecer,seguros y si la ley les prohíbe expresamente venderle,seguro a sus clientes,es porque el riesgo nunca fue tuyo,siempre fue del banco desde el principio,tu seguridad no es un producto que compras,es una obligación que el banco tiene contigo.

07/08/2026

Un desconocido lo llamó y le mandó por WhatsApp la foto de su credencial del banco.

Le dijo su nombre completo, su RUT, sus números de cuenta y sus últimos movimientos bancarios.

Después le pidió que entrara a su aplicación para poder proteger su plata.

José Ignacio es ingeniero. El último día de cada mes recibe su sueldo y al día siguiente siempre lo distribuye de la misma forma: 600 mil pesos al colegio de su hija, 800 mil pesos a la persona que trabaja en su casa, paga la luz, el agua, el gas y la isapre.

Nunca en su vida había gastado más de 300 mil pesos en un solo día y mucho menos había pedido un crédito de consumo.

Mientras la voz del teléfono le explicaba que todo estaba bajo control, la plata empezó a salir.

Primero dos millones y medio de pesos. Después otros dos millones. Todas las transferencias iban dirigidas al Banco de Colombia.

Luego vinieron pagos consecutivos al mismo comercio a través de una pasarela de pago chilena, uno cada tres minutos.

Eso no es un cliente comprando. Es un delincuente sacando plata por tramos, probando hasta dónde puede llegar sin que el banco lo detecte.

Y, para su buena suerte, pudo llegar hasta el final.

Fueron 49 minutos.

Cuando cortó el teléfono tenía su cuenta bancaria en cero y una deuda de 17 millones de pesos que jamás había pedido.

Meses después me tocó leer el informe de fraude del Banco Santander.

Ahí dice que su propio sistema marcó la operación como de alto riesgo de fraude.

La conexión venía desde una dirección IP que José Ignacio nunca había utilizado.

Se eliminó el token de seguridad de su dispositivo móvil e inmediatamente se activó en otro celular.

Además, el volumen de las transacciones no correspondía a su comportamiento habitual.

No es que el banco no supiera lo que estaba pasando.

Lo anotó.
Lo miró.
Lo registró.
Y lo dejó pasar.

¿Por qué?

Porque le convenía que José Ignacio se endeudara en 17 millones de pesos. Era un excelente cliente bancario y era evidente que intentaría pagar esa deuda.

Cuando José Ignacio reclamó, Banco Santander no le devolvió su plata, no anuló el crédito y terminó demandándolo a él.

Y sé lo que estás pensando, porque es exactamente lo que piensan todos mis clientes cuando reciben ese correo del banco:

“Hice todo mal. Me van a demandar. Mejor pago.”

No.

La ley dice que, si el banco no quiere devolverte la plata porque, según su supuesta investigación, existen antecedentes evidentes de culpa grave, entonces debe demandarte ante el Juzgado de Policía Local y probar en ese juicio que realmente fue tu culpa.

El banco no puede quedarse con tu plata sin que un juez así lo ordene.

Tiene dos opciones.

Investigar seriamente y, si descubre que falló, devolver el dinero.

O no realizar una investigación seria, rechazar el reclamo y demandarte, esperando que te asustes, te canses y termines pagando.

Te llaman.
Te amenazan con demandarte.

Que demanden.

Porque existe una norma que favorece al banco cuando la operación fue realizada con autenticación reforzada y presume que fue el cliente quien autorizó la operación.

Pero toda presunción admite prueba en contrario.

Los bancos no solo tienen la obligación de verificar quién entra a una cuenta y quién autoriza una transacción.

También tienen la obligación de monitorear lo que ocurre dentro de esa cuenta.

Deben contar con sistemas de monitoreo de transacciones, detectar patrones de fraude, gestionar sus propias alertas y detener cualquier operación sospechosa que escape del comportamiento habitual del cliente.

Son obligaciones distintas.

Que la clave haya sido ingresada correctamente no demuestra que el banco haya monitoreado adecuadamente las operaciones.

Y esto no es imposible.

Ese mismo día, a la misma hora y respecto del mismo cliente, Banco de Chile detectó tres intentos de transferencias por 350 mil pesos.

Las operaciones provenían de otro celular, desde una dirección IP desconocida y después de un cambio de clave.

Ese banco sí bloqueó inmediatamente los productos y no autorizó ninguna operación.

No fue porque hubiera una persona mirando todas las transacciones de todos los clientes en tiempo real.

Fue porque existen sistemas informáticos sofisticados que funcionan las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

Analizan cuándo, cómo y desde dónde se comporta cada cuenta.

Y lo más grave es que, desde el 1 de agosto de este año, la banca mejoró el sistema de autenticación reforzada.

Pero pareciera estar olvidando lo más importante:

Los sistemas de monitoreo de transacciones.

¿Qué está pasando ahí?

06/08/2026

Eliminaron las tarjetas de coordenadas. Y esto podría cambiar por completo la forma en que ocurren los fraudes bancarios.

Joaquín estaba en una discoteca con un amigo. Cerca de las 11 de la noche metió la mano al bolsillo y su celular ya no estaba. En ese momento todavía creía que lo peor que había perdido era su iPhone.

Joaquín tiene 30 años, es ingeniero y vive en La Serena.

A las 11:15 de la noche, usando el teléfono de un amigo, bloqueó sus tarjetas del Banco de Chile. Era el único banco donde tenía dinero. También tenía cuentas en Mercado Pago, Tenpo y MACH, pero casi vacías. Solo las usaba para algunas suscripciones.

Intentó bloquear esas cuentas, pero nadie respondió en el call center. No se preocupó demasiado porque el teléfono tenía clave y Face ID. Estaba convencido de que sus cuentas seguían protegidas.

Pasada la medianoche intentó ingresar a su Banco de Chile desde el celular de una amiga, pero no pudo. Su clave ya no funcionaba.

Trató de recuperarla, pero los códigos llegaban por SMS a su celular robado y a su correo electrónico, al que tampoco podía acceder porque también le habían cambiado la contraseña.

Cuando finalmente el banco contestó, ya no quedaba saldo.

A las 4 de la mañana logró recuperar su correo y comenzaron a llegar los mensajes. Le habían cambiado las claves de sus bancos, de sus cuentas prepago, de sus redes sociales y de distintas plataformas, una tras otra.

Lo peor ocurrió entre las 2:45 y las 3:15 de la madrugada.

En solo 30 minutos realizaron 20 transferencias, tres avances de su línea de crédito y un giro en efectivo.

Terminó con una deuda cercana a los 20 millones de pesos.

Fue banco por banco, denunció en Fiscalía en Línea, presentó todas las declaraciones juradas y la respuesta fue la misma: la culpa era de él.

Incluso terminaron demandándolo.

Entonces solicitamos los registros de cambio de clave, el historial de dispositivos, qué celulares nuevos se habían enrolado, qué verificaciones exigieron para registrarlos, qué alertas activó el sistema, quién revisó esas alertas y si ese comportamiento era habitual para un cliente a las tres de la mañana.

Porque ocurrió lo siguiente:

Primero cambiaron la clave.

Después realizaron múltiples transferencias consecutivas.

Registraron un teléfono nuevo.

Cambiaron la tarjeta SIM y comenzaron a recibir todos los códigos.

El banco tuvo al menos cuatro oportunidades para detener el fraude.

Y no hizo nada.

¿La respuesta de varios bancos?

Que esos registros no existían.

¿Cómo no van a existir si están obligados a conservarlos?

Finalmente los obtuvimos por otra vía.

El tribunal ya ordenó que Tenpo y Mercado Pago devolvieran todo el dinero, y así ocurrió.

Las otras instituciones siguen sosteniendo que la culpa fue de Joaquín y aún esperamos la sentencia.

Pero aquí viene lo más importante.

El 1 de agosto de este año desaparecieron las tarjetas de coordenadas en Chile.

Ahora los bancos deben utilizar autenticación reforzada con múltiples factores.

El problema es que esos factores muchas veces están concentrados en el mismo teléfono.

Los códigos llegan al celular.

La autenticación biométrica está en el celular.

El acceso al correo está en el celular.

Antes, al menos, la tarjeta de coordenadas podía estar guardada en otro lugar, en tu casa o en otro bolsillo.

Hoy, si te roban el teléfono, pueden quedarse con prácticamente todo.

Y aquí está el riesgo.

Si el delincuente logra operar desde un dispositivo enrolado, el banco llegará al juicio diciendo que la autenticación fue correcta e intentará usar eso para responsabilizar al cliente.

Pero la verdadera discusión nunca debería terminar ahí.

Lo realmente importante es saber por qué el sistema de monitoreo no detectó operaciones absolutamente anómalas.

Cambios de clave.

Cambio de dispositivo.

Cambio de SIM.

Transferencias consecutivas.

Avances de crédito.

Giros en efectivo.

Todo durante la madrugada.

Si vamos a eliminar mecanismos como la tarjeta de coordenadas y al mismo tiempo facilitar cada vez más el acceso al crédito, entonces los bancos tienen la obligación de fortalecer seriamente sus sistemas de monitoreo y prevención de fraude.

Y a los clientes, un consejo.

No confíen ciegamente en que el banco los protegerá.

Si pueden, mantengan todas sus aplicaciones bancarias en un teléfono que permanezca en su casa y que no usen para salir. Puede parecer exagerado, hasta que les toca vivir una historia como esta.

02/08/2026

Margarita tiene 80 años. Anota cada una de sus claves en un cuaderno y nunca aprieta un botón en su celular sin preguntarle antes a su nieta.

Aun así, una mañana despertó debiendo 5 millones de pesos que jamás pidió.

Ese día estaba en su cocina, con la radio encendida, esperando que su nieta le respondiera un mensaje para ayudarla a pedir una hora al médico. Tomó su teléfono y notó que donde siempre aparecía la señal decía “Sin servicio”.

Pensó que era un problema de la antena.

Lo dejó sobre la mesa y siguió tomando té.

Esperó diez minutos. Media hora. Una hora.

El teléfono nunca volvió a funcionar.

Lo que Margarita no sabía era que, al mismo tiempo, en otra región del país, alguien había activado su número telefónico en otro celular.

Desde ese momento, todos los códigos de seguridad, mensajes del banco y alertas dejaron de llegarle a ella.

Le llegaban a los delincuentes.

Recién al día siguiente pudo ir a su compañía telefónica para recuperar su chip.

Cuando su teléfono volvió a encender, no dejó de vibrar.

Entraron todos los mensajes que nunca recibió.

“Crédito aprobado.”

“Transferencia exitosa.”

“Compra autorizada.”

Quince operaciones.

Nombres que no conocía.

Montos que jamás había movido.

Y dinero que ni siquiera tenía.

Margarita se puso los lentes, leyó nuevamente y sintió un frío en el estómago.

No le habían robado el dinero que tenía.

Habían solicitado un crédito de consumo a su nombre, sin verificar correctamente su identidad, y ya habían retirado todo.

Pero lo peor vino después.

En lugar de asumir lo ocurrido, el banco la trató como responsable.

Y, como “solución”, le ofrecieron otro crédito.

Esta vez por 16 millones de pesos.

La ejecutiva incluso le dijo:

“A su edad nadie le dará un crédito por este monto. Úselo para pagar los 5 millones y el resto se lo queda. Lo paga en 48 cuotas.”

Con todos los intereses que eso implicaba.

A una mujer de 80 años le estaban ofreciendo una deuda aún mayor para cubrir un fraude que ella jamás cometió.

Margarita no quería aceptarlo.

No tenía cómo pagar esas cuotas.

Pero la ejecutiva insistía una y otra vez:

“Yo que usted acepto. Si no, va a tener problemas con el otro crédito.”

Y terminó aceptando.

En esa época yo representaba al banco.

Me enteré de ese segundo crédito en plena audiencia de juicio oral, mientras escuchaba a Margarita declarar.

Sentí vergüenza.

Rabia.

Las juezas y el fiscal me miraban esperando una explicación.

Yo no tenía ninguna.

Ese día me marcó para siempre.

Entendí que no podía seguir defendiendo lo indefendible.

Y decidí que ninguna otra Margarita volvería a enfrentar una injusticia como esta sola.

Porque con las pruebas quedó claro lo que siempre fue cierto.

Margarita no pidió ese crédito.

No firmó nada.

No autorizó nada.

Esto no fue un descuido.

Fue un abuso.

Y muchas veces así opera el sistema: asustan a las personas para que acepten deudas que no les corresponden.

Pero esa cultura del miedo tiene un límite.

Hoy estoy del otro lado.

Defendiendo a las víctimas.

Ganando juicios.

Y demostrando que cuando existen pruebas, la historia cambia.

Si a ti o a un familiar les ocurrió algo parecido, recuerda esto:

No fue un simple error.

Es un delito.

Y la justicia no solo debe perseguir al delincuente que robó.

También a quien permitió que todo eso ocurriera.

01/08/2026

Más de 600 millones de pesos es lo que les sacaron, en solo 31 días, a las personas que llegaron a mi estudio jurídico.

No llegaron por ser “confiados”.

Llegó un ingeniero que revisa proyectos todo el día. Una enfermera saliendo de un turno de noche. Una mamá que viajó desde otra región con su hija a Santiago para un tratamiento médico. Un empresario que simplemente iba a pagar el préstamo de una maquinaria.

Ninguno hizo algo fuera de lo común.

Simplemente contestaron un llamado telefónico o perdieron su celular.

Cuando puse todos estos casos uno al lado del otro y los ordené por banco, apareció el mismo patrón una y otra vez.

¿Y quién encabeza este ranking?

Santander.

Uno de cada tres delincuentes prefirió estafar a clientes de este banco.

La escena se repite casi igual.

Suena el teléfono. Del otro lado hay alguien que conoce tu nombre completo, tu RUT, tu número de serie, tu correo electrónico, tu domicilio y hasta tus últimos movimientos bancarios. Información que solo debiese conocer tu banco.

Con mucha seguridad te dice que están intentando vaciar tu cuenta y que, para protegerte, solo debes autorizar con Santander Pass.

Tú aprietas “Autorizar” porque el mensaje dice exactamente lo mismo que te acaba de indicar el supuesto ejecutivo.

Tres minutos después salen 9 millones de pesos, se aprueban créditos, avances y múltiples transacciones seguidas. Operaciones totalmente extrañas para el comportamiento habitual de cualquiera de mis representados.

Después viene Banco de Chile.

Ahí te hacen aprobar un crédito que nunca pediste y desde ese crédito sacan hasta 40 millones de pesos, dejándote completamente endeudado, sin verificar siquiera tu identidad. Todo remoto. Todo sin seguridad. Todo sin controles efectivos.

Después siguen Scotiabank, BCI, Banco Falabella y BancoEstado.

Pero eso no es todo.

Este mes también aparecieron fintechs como Mercado Pago, Global66, MACH y Banco Ripley.

En muchos de esos casos todo comenzó con un celular robado desde una cartera a las dos de la mañana o a la salida del Metro.

Lo más grave es que muchas de esas personas tenían todos sus ahorros en estas billeteras digitales, confiando en la famosa renta diaria.

De un día para otro quedaron en cero.

Personas que solo depositaban dinero para ahorrar, sin retiros previos, aparecen haciendo cambios de clave y múltiples transferencias consecutivas en menos de 40 minutos durante la madrugada.

Y el sistema no detectó absolutamente nada.

En todos estos casos el patrón vuelve a repetirse.

Reclamas.

El banco te culpa.

Te hostiga.

Te amenaza con demandarte si no te desistes del reclamo.

Y muchas veces termina demandándote a ti, afirmando que la culpa fue tuya y que actuaste con negligencia.

Pero quienes estamos en esta cuenta sabemos que, aunque hayas presionado “Autorizar” producto de un engaño, la ley le exige mucho más al banco que pedir una clave.

Le exige monitorear.

Le exige detectar operaciones anómalas.

Le exige frenar una transferencia millonaria a un comercio desconocido a las tres de la mañana.

Le exige bloquear preventivamente cuando existen patrones evidentes de fraude.

Y eso, muchas veces, simplemente no ocurre.

Ese banco que te amenaza creyendo que ya ganó, muchas veces termina perdiendo.

Nosotros ya tenemos cuatro sentencias favorables en esta materia, donde los tribunales han ordenado devolver el dinero defraudado.

No porque hagamos magia.

Sino porque hacemos cumplir la ley.

Los bancos tienen obligaciones.

Y una de las principales es monitorear las transacciones, detectar comportamientos inusuales, identificar patrones de fraude y bloquear preventivamente cuando corresponde.

Este es el ranking de las entidades financieras más elegidas por los delincuentes para estafar a sus clientes durante el mes de julio, elaborado sobre la base de los casos que ingresaron a mi estudio jurídico durante ese período.

Dirección

Avenida La Dehesa 1822, Oficina 430
Santiago
7690464

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Cami Cubillos - Legalmente Cami publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto La Empresa

Enviar un mensaje a Cami Cubillos - Legalmente Cami:

Atajos

Compartir