Cami Cubillos - Legalmente Cami

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Cami Cubillos - Legalmente Cami 👩‍⚖️ Combatiendo el fraude bancario y cibercrimen
⚖️ Abogada penalista y mamá
🏦 Defensora de víctimas de delitos

12/05/2026

¿Sabes cuál es el día más peligroso para los datos de un banco?
No es lunes, no es viernes.

Es el día antes que un ejecutivo renuncie.
Y te voy a contar por qué.

Esto pasó en el 2017. Había un gallo, Pablo, que era ejecutivo del BCI en Valparaíso.

Su pega era simple: salir a buscar clientes pyme.
Y para hacer eso, el banco le entregaba acceso a Google Drive con toda la cartera adentro.

Hasta acá, normal. Pero mira lo que hizo.

Era lunes feriado, 2 de enero.
Pablo se sienta frente al computador, abre el Drive del banco, y en menos de cuatro horas hizo lo siguiente: seleccionó 2.613 archivos, los bajó al escritorio, los empaquetó en una carpeta, y se los mandó a su Gmail personal.

Y ahora fíjate en las fechas, porque esto es lo que lo hundió.
El día 2 copia los archivos.
El día 3 renuncia al BCI.
Y el día 4 ya estaba sentado en el Banco de Chile, en el mismo cargo: cartera de empresas.

El sistema del BCI lo detectó al día siguiente. Querella criminal. Seis años de juicio.

Y en octubre del 2023 lo condenan por espionaje informático.

Su defensa fue, textual: “yo tenía acceso, tenía permiso”.

Pero el tribunal le respondió algo que tenís que escuchar: “tener la llave del banco no te hace dueño de lo que está adentro”.

Así que la próxima vez que un estafador te llame sabiendo tu nombre, tu RUT y en qué banco tenís cuenta… acuérdate de esto.

No son magos.

Esa información salió de algún Pablo.

05/05/2026

Tú crees que las estafas telefónicas parten con la llamada.

Pero no.

Muchas veces parten antes.

Parten con un Excel.
Con una base de datos.
Con información privada que nunca debió salir de donde estaba.

En junio del año pasado, un ejecutivo del Banco Monito, en Las Condes, abrió el Drive del banco.

Sacó un archivo Excel con información de 8.000 clientes:
nombres, RUT, números de cuenta y movimientos bancarios.

Lo adjuntó a un correo.
Sin asunto.
Sin texto.
Y se lo mandó a su propio Gmail.

Un clic.
Y listo.

¿Y por qué te cuento esto?

Porque cuando te llaman y dicen tu nombre, tu RUT, en qué banco estás o cuáles fueron tus últimos movimientos, no necesariamente lo adivinaron.

Esa información salió de algún lado.

Y muchas veces sale desde adentro.

Con un solo clic.

Después se vende, se pasa, se comparte, y termina en manos de alguien que te llama un viernes por la mañana haciéndose pasar por tu ejecutivo.

Así que la próxima vez que suene el teléfono y al otro lado sepan demasiado de ti, acuérdate de esto:

esa llamada no empezó ahí.

Empezó con un simple Excel.

29/04/2026

Hace 6 meses, María José me escribió llorando.
Necesitaba ayuda urgente.

Había sido víctima de un fraude bancario
y el banco le estaba echando la culpa.

Llevaba tres semanas sin dormir.
Tiene 47 años, dos hijos,
y le robaron $6.000.000.

Pero lo peor no era la plata.

Lo peor era que el banco la trataba
como si fuera una delincuente.

Le decían:
“Es tu culpa, tú entregaste las claves”.

Estaba a punto de firmar
una transacción extrajudicial
y un convenio de pago
por una deuda que no era suya.

Su marido le había dicho
que no había nada que hacer,
que aceptara y pagara en cuotas.

Le pedí los documentos.
Los leí en silencio.

Cuando levanté la vista,
le dije una sola frase:

“La ley está de tu lado.
El banco lo sabe.
Por eso te apura a firmar.”

La cara que puso
no la voy a olvidar nunca.

Porque esto es clave:

El solo registro de las transacciones
NO basta para demostrar
que fueron autorizadas por el usuario.

El banco tiene que probar
que fuiste tú.

Tú no tienes que probar tu diligencia.
Pero sí es recomendable acreditar
las fallas del banco en ciberseguridad.

No firmamos.

Ni el convenio de pago,
ni la transacción.

Hicimos lo correcto:

– Presentamos un reclamo formal con argumentos sólidos
– Presentamos querella criminal

6 meses después:
los $6.000.000 de vuelta.

Solo aplicando la ley que ya existe.

Tiempo después, María José me dijo algo
que se me quedó grabado:

“El problema no es que la ley no te proteja.
El problema es que el banco apuesta
a que tú no la conoces.”

Y la mayoría de las veces,
gana esa apuesta.

Si conoces a alguien que esté pasando por esto,
mándale este video.

A veces, saber que tienes la razón
es lo único que necesitas
para no firmar lo que no debes.

Y por si te quedaba alguna duda…
sí, el banco era el banco azulito.

22/04/2026
15/04/2026

Fraude bancario

El 02 de marzo de 2026.

Catalina está en Américo Vespucio, a la altura de la Rotonda Grecia.
Parada al borde de la calle.
Autos pasando. Ruido. Movimiento.

Está trabajando.
Tiene el celular en la mano, coordinando su despacho.

Segundos antes de salir al aire.

Un segundo.

Pasa una moto por atrás…
y se lo arrancan de las manos.

No alcanza a reaccionar.
Se da vuelta.
Corre.

Corre por la calle.
Intenta alcanzarlo.

Pero ya no está.

Se queda ahí.
Parada.
Con las manos vacías.

Cancela el despacho.
Y piensa:
“Ya… fue el celular”.

Se va directo a la PDI.
Hace la denuncia.
Se demora. Espera. Firma.

Vuelve a la oficina.
Se sienta.

Intenta abrir su correo…
No puede.

Intenta entrar al banco…
No puede.

Empiezan a llegar correos.
Transferencias.
Movimientos.
Créditos.

Todo al mismo tiempo.

En minutos…
desaparecen 7 millones de pesos.

Y lo más fuerte es esto:

Ella sí sabía que existían fraudes.

Pero pensaba que era solo por WhatsApp.

No sabía
que podían entrar a sus cuentas del banco.

Pensó que le habían robado el celular.

Pero en realidad…
le habían robado el acceso completo a su vida.

13/04/2026

El banco te culpa por usar tus claves… pero esta sentencia dice lo contrario

08/04/2026

Te han hecho creer que está lleno de autofraudes,
que familias completas estafan a los bancos
y que, por eso,
rechazan todos los reclamos.

Y quizás tú también lo pensaste:
“Bueno, igual tiene sentido”.

Pero te voy a contar un caso real.

Maribel abre su cuenta en el banco naranjito,
va a la sucursal, retira su tarjeta.
La acompaña su marido y su guagua.

Empieza a recibir transferencias
desde otra cuenta de ella misma.
Horas después, esa plata desaparece:
giros, compras, movimientos rápidos.
$1.300.000 volaron.

Maribel reclama:
“Yo no fui, no hice nada”.
Incluso presenta una denuncia.

El banco revisa… y algo no cuadra.

Transacciones con tarjeta física, clave correcta.
La denuncia no existe.
La funcionaria tampoco.

Y las cámaras muestran lo clave:
su marido, el mismo que la acompañó, haciendo giros.
Y compras con despacho… a su casa.

Esto es autofraude.

Porque hay pruebas.
Porque hay inconsistencias.
Porque el relato se cae.

Estos casos existen, pero son excepcionales.
Y no son dudosos: siguen un patrón claro.

El problema es que los bancos usan esta historia
para instalar miedo.

Y cuando reclamas, empiezas a pensar:
“Capaz que crean que fui yo”.

Y dejas de reclamar.
Dejas de insistir.
Dejas de defenderte.

No porque sea autofraude.

Sino porque te metieron miedo.

¿Y tú qué vas a hacer ahora?

07/04/2026

Es octubre de 2024.

Martín lleva cinco años siendo cliente del banco que no es nacional. Confía plenamente en su banco, y ahí mantiene el fondo de emergencia de su empresa.

Pero meses antes, Pedro, funcionario del mismo banco, lo observaba.

Pedro es analista de gastos. No atiende a clientes. No tiene ninguna razón para entrar a revisar cuentas ni saldos.

Pero tenía acceso total al sistema interno del banco.

Y lo hizo igual.

En septiembre de 2024, desde su usuario interno, con su clave y durante su jornada laboral, entró a la cuenta de Martín.

No una vez.

Varias veces.

En pocos minutos: entró, revisó saldos, salió. Volvió a entrar, revisó saldos y volvió a salir.

Y no era su cliente.

De hecho, ni siquiera estaba dentro de sus funciones revisar cuentas de clientes.

No tenía ninguna razón para hacerlo.

Pero estaba ahí.

Luego continuó desde accesos remotos, desde su domicilio, usando su computador personal, su usuario y su clave.

Y no revisó solo la cuenta de Martín.

Revisó más de una.

Entraba, veía saldos, movimientos, y salía.

Una y otra vez.

Pero no estaba mirando al azar.

Pedro estaba buscando.

Porque cuando alguien tiene acceso al sistema desde adentro, no necesita hackear nada.

Solo necesita elegir.

Días más tarde, en una sucursal del banco ubicada en Alameda, alguien llegó con un mandato bancario perfecto.

Firmado ante notario.

A simple vista, totalmente legítimo.

Nombre correcto.
Datos correctos.
Y un vale vista por el monto exacto.

73 millones de pesos.

Exactamente lo que Martín mantenía en su cuenta corriente.

Un monto que no se movía desde el año 2020, porque era el colchón de emergencia de su empresa.

La cuenta no registraba movimientos.

Hasta ese día.

Ese día, el coautor, utilizando esa información, logró retirar los 73 millones de pesos de la cuenta corriente de Martín.

Sin hackear ningún sistema.

Solo usando la información correcta.

03/04/2026

El 9 de diciembre de 2025, a María José le apareció un crédito automotriz por casi diecinueve millones de pesos.

Ella nunca lo pidió.

Era un día completamente normal.
Estaba en su casa.
No estaba en una automotora.
No estaba firmando papeles.
No estaba comprando ningún auto.

Pero en otra ciudad, en una automotora de Osorno, alguien estaba sentada en un escritorio diciendo que era ella.

Una mujer con su nombre.
Con su cédula de identidad en la mano.
Pero con otra cara.
Con otra firma.
Con otra identidad.

El vendedor le muestra la camioneta.
La recorre.
Le abre los compartimientos.
Se sube.

Y desde ahí, desde el asiento del conductor, validan el crédito.

María José nunca estuvo ahí.

Mientras tanto, el sistema del banco recibe los datos.
Se ingresa la solicitud.
Se validan los antecedentes.
Y se aprueba el crédito.

Casi treinta millones de pesos.

Pero algo no calzaba.

La operación tuvo observaciones.
Tuvieron que firmar de nuevo.
La foto no coincidía.

Volvieron a validar.
Y volvieron a aprobar.

Y aun así, nadie se detuvo.

El crédito se cursó.

Días después, María José lo descubre todo:

Un crédito a su nombre.
Un auto que nunca vio.
Una deuda que nunca aceptó.

El banco sí tenía señales.

La cédula no coincidía.
La foto no era la misma.
La cara no era la misma.
El proceso tuvo observaciones.
La validación fue irregular.

Pero, de todas maneras, lo aprobaron.

La plata se pagó.
Y la camioneta se fue.

01/04/2026

Ese mail que te mandó el banco diciendo que no te va a devolver la plata
no es lo que tú crees.

Te roban el celular.
Te estafan.

Y tú haces todo bien:
haces lo que te dice el banco,
mandas la declaración jurada,
denuncias, bloqueas, reclamas…
y esperas.

Porque sabes que no fuiste tú.

Hasta que llega ese correo.

“El reclamo fue rechazado…”
“Fuera de plazo…”
“No corresponde la restitución de los fondos…”

Y no se quedan ahí.

Te dicen algo peor:
que la Ley 20.009 sanciona a quien intente obtener un reembolso maliciosamente,
que pueden recurrir al Juzgado de Policía Local,
que te pueden demandar.

Te hablan de delito.
De Ministerio Público.
De persecución penal.

Y en ese momento, te paralizas.

Porque ya no solo perdiste tu plata…
ahora sientes que te están tratando como un delincuente.

Pero hay algo que nadie te explica:

Ese mail no es la decisión final.
No es una sentencia.

Es una estrategia.

El banco mezcla rechazo con amenaza
para que no sigas,
para que no reclames más,
para que no pelees,
para que te rindas.

Pero que el banco diga que no te va a devolver la plata
no significa que tenga razón.

Si recibiste ese mail,
no es el final.

Es el punto donde tienes que empezar a defenderte.

30/03/2026

A Marcelo no lo estafaron con un link.
No cayó en un correo falso.
No habló con ningún ejecutivo.

A Marcelo le robaron el celular en un semáforo.
Vidrio abajo, tráfico lento.
Un segundo de distracción… y listo.
Se lo llevaron.

Marcelo reaccionó rápido.
Pidió ayuda.
Bloqueó el chip.
Bloqueó el equipo en menos de quince minutos.
Hizo todo bien. Todo.

Pero cuando llegó a su casa, ya era tarde.

Entra a su banco y ve algo que no entiende:
Un crédito aprobado.
Ocho millones de pesos.
Tarjeta de crédito usada.
Todo en menos de media hora.
Todo desde su dispositivo.

Marcelo reclama.
Denuncia.
Explica que le robaron el celular.

Pero el banco le responde:
Que las operaciones fueron validadas.
Que hubo autenticación.
Que hubo claves.
Que hubo confirmación.
Que es su responsabilidad.

Como si un ladrón…
Como si un delincuente con tu celular…
fuera lo mismo que tú.

Pero hay algo clave:

En menos de treinta minutos cambiaron claves,
pidieron créditos,
movieron millones,
a toda velocidad.

Y eso no es un comportamiento normal en Marcelo.
Eso es una alerta evidente de fraude,
que el banco tenía la obligación de detectar… y no lo hizo.

Si te robaron el celular y después aparecen créditos o transferencias que no hiciste,
no es tu culpa.

Es una falla del sistema de ciberseguridad bancario.

Y se puede pelear.
Y puedes ganar.

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