30/10/2025
LICENCIAS MÉDICAS: ENTRE EL FRAUDE Y LA DESCONFIANZA
Una defensa ética del derecho a enfermar
Estimado Director: Junto con saludar a usted, envío una reflexión sobre lo que actualmente acontece en nuestro país respecto de las Licencias Médicas.
Una herida invisible en el sistema de salud
Las recientes denuncias por licencias médicas fraudulentas han vuelto a remecer al país. Se ha descubierto la participación de médicos que emitían licencias sin respaldo clínico, funcionarios públicos que se encontraban de vacaciones mientras estaban con permiso por enfermedad, y millonarias pérdidas fiscales.
La indignación ciudadana es comprensible. Pero lo que pocos advierten es que, en medio de la necesaria fiscalización, se ha instalado una cultura de sospecha generalizada hacia todos quienes hacen uso legítimo de este derecho.
La licencia médica no es un favor ni un privilegio. Es una manifestación concreta del derecho constitucional a la salud y a la protección de la vida.
Convertirla en sinónimo de fraude es un error ético, jurídico y humano.
El derecho a enfermar y ser creído
Detrás de cada licencia médica existe una historia personal: un cuerpo agotado, una mente saturada, una persona que necesita sanar.
Reducir ese proceso a un trámite administrativo es desconocer la naturaleza humana del sufrimiento.
Una sociedad madura es aquella que reconoce el derecho a enfermar y a ser creído.
El fraude debe perseguirse con toda la fuerza de la ley, pero sin transformar la excepción en regla. No todos los médicos son corruptos, ni todos los pacientes buscan aprovecharse.
El peligro de generalizar la desconfianza es que se instala una presunción de culpabilidad hacia quienes precisamente más necesitan apoyo: los enfermos y los profesionales que los atienden.
El costo ético de la desconfianza
La fiscalización es necesaria, pero el exceso de control puede degenerar en crueldad burocrática.
Hoy miles de personas viven con temor de presentar sus licencias médicas por miedo a ser rechazadas o investigadas.
El sistema, en vez de proteger, a veces hiere: humilla al enfermo, cuestiona al médico y debilita la confianza en las instituciones.
El costo ético de esa desconfianza es inmenso.
Se crea una cultura donde la sospecha reemplaza a la empatía y donde la salud se transforma en estadística.
Así, la enfermedad deja de ser un proceso humano y se convierte en un problema económico.
El desafío ético: recuperar la confianza
La verdadera reforma no será solo administrativa, sino moral.
El sistema necesita reencontrarse con los principios que lo originaron: solidaridad, justicia y respeto por la dignidad humana.
Para ello, es imprescindible avanzar en tres líneas de acción:
1. Transparencia institucional efectiva: que permita sancionar el fraude sin criminalizar el ejercicio médico ni castigar al paciente honesto.
2. Formación ética y profesional: tanto en las escuelas de medicina como en los servicios públicos, para que el acto médico recupere su esencia: sanar, no temer.
3. Revisión humanizada de los procedimientos: las COMPIN y las ISAPRES deben aplicar los criterios con razonabilidad y humanidad, reconociendo el sufrimiento legítimo de quien está enfermo.
Un llamado a la conciencia colectiva
El daño que producen los fraudes en salud no es solo financiero.
Erosionan el tejido moral de la sociedad, siembran desconfianza y debilitan el vínculo entre médicos, pacientes e instituciones.
Recuperar la confianza implica un compromiso compartido: del Estado, de los profesionales y de la ciudadanía.
Necesitamos volver a creer que la salud es un derecho, no una sospecha.
Que la licencia médica es un instrumento de cuidado, no un espacio de abuso.
Y que la ética es el verdadero sostén del sistema sanitario.
Cuidar al enfermo es cuidar la sociedad
Cuando un sistema deja de confiar en sus enfermos, deja también de cuidar a su gente.
Recuperar la fe en el sistema no será tarea fácil, pero es un imperativo moral.
Se logrará cuando el derecho a la salud vuelva a ser comprendido no solo como una norma jurídica, sino como una expresión del amor y la compasión social.
Porque defender el derecho a enfermar con dignidad es defender el alma misma de la sociedad.
Ana María Rivera A.
Abogada – Pontificia Universidad Católica de Chile
Legal Coach
www.anamariarivera.cl