22/04/2022
JUSTICIA, DERECHO Y UNIVERSIDAD
Dos aspectos para considerar: a) la creciente falta de credibilidad en el sistema jurídico nacional que provoca la desconfianza del ciudadano; b) la masiva producción de profesionales abogados sin una adecuada y necesaria formación jurídica.
El primero de los aspectos tiene que ver con la crisis del Derecho y la Justicia, el segundo con la crisis de la Universidad.
Vivimos en un mundo en permanente transformación y, por tanto, de persistentes cuestionamientos a lo que es en busca de lo que, creemos, debe ser.
Ello implica la búsqueda de valores que nos permitan identificarnos como miembros de una sociedad y la redefinición de objetivos que le otorguen sentido a nuestra vida social.
Ambos aspectos, a los que hacemos referencia, pueden ser vistos desde una perspectiva dialéctica, de interdependencia, de mutuo condicionamiento, en el que ambos son causa y, al mismo tiempo, efecto del otro. Tesis, antítesis y síntesis. He ahí los elementos de la dialéctica, vislumbrada por Heráclito de Éfeso y perfeccionada científicamente por Marx. Cada ente contiene en sí mismo su propia negación, confrontación que se resuelve en el resultado final de cada actuación o manifestación humana.
Somos testigos silenciosos de un fenómeno de regresión cultural con evidentes muestras de desapego intelectual en gran medida, causado por el alarmante descenso en la calidad de la educación universitaria, caracterizada por la abundancia de docentes improvisados y licenciados en Derecho, muchas veces, carentes de una formación jurídica básica adecuada.
Paralelamente, observamos la grave crisis cualitativa de la Justicia, con el frecuente efecto de una jurisprudencia desprovista de suficiente motivación, de expresión formal adecuada o de sólida materia justificativa.
La crisis de la Justicia hunde sus raíces, desde luego, en la crisis universitaria, “que ha sido específicamente engendrada, al igual que ésta, por una legislación a media necia y a media imprudente, urdida de espaldas a la realidad, de un lado y, de otro, inspirada en un insensato desdén del elemento esencial a Universidad y Justicia: la calidad de los universitarios y de los profesionales del Derecho o la excelencia de jueces (y abogados) y profesores (y alumnos), que, aunque con ingredientes diversos, es en ambos casos de naturaleza sapiencial”. (DE LA OLIVA SANTOS, en: CHOZAS ALONSO, JOSÉ MANUEL, La perpetuatio iurisdictionis: un efecto de la litispendencia, Comares, Granada, 1995, p. XVII).
Para disimular las crisis a la que hacemos referencia, se hace gala y se recurre a lo que ORTEGA Y GASSET denominó democracia morbosa, instrumento para la producción de normas cada vez más casuísticas producto de legisladores mesiánicos e iluminados que, sin atender lo importante que implica la formación universitaria, se dedican a privilegiar lo urgente constituido en la preservación de los mecanismos del poder.
Y los que estamos al margen del reparto de las cuotas del poder estatal, le hacemos coro a una sociedad muy poco acostumbrada y formada al examen crítico de las ocurrencias del poder, que nos permitiría desnudar las manifestaciones de la malentendida democracia y del Derecho torcido y no jurídico, producto de una universidad cada vez más vulgarizada.
Signos evidentes y patéticos de esta afirmación es el escaso crédito que les otorgamos a los pocos intelectuales que se dedican a la investigación jurídica con producciones encomiables que aportan a la configuración de una doctrina jurídica nacional. El poco aprecio a esos profesionales es su escasa retribución económica y la ausencia de mecanismos alternativos de reconocimiento social a ese esfuerzo.
La idoneidad y probidad de algunos jueces y magistrados, que se esfuerzan por ofrecer resoluciones fundadas en Derecho y suficientemente motivadas nos hacen abrigar esperanzas que la confianza ciudadana en la jurisdicción será recuperada. Si a ello le agregamos la remoción de los docentes en la carrera de Derecho con exigencias de formación postgradual, propiciada por las autoridades académicas, se afinca la confianza en que la crisis de la Universidad está siendo afrontada con seriedad.
Somos conscientes que el avance la ciencia jurídica se logra dando pasos pequeños pero firmes, motivando a estudiantes y docentes a la investigación de temas concretos, monográficos que, sin ser exhaustivos, promuevan cambios en la jurisprudencia, que se constituyen en las voces que claman por nuevas normas visando a una realidad social siempre en transformación.
Orlando Parada Vaca
(Editorial de la Revista Boliviana de Derecho, Año V, Núm. 9, enero 2010)