04/11/2025
Las palabras de nuestra defendida reflejan no solo el dolor de una injusticia, sino también la fortaleza de quien ha enfrentado procesos lleno de irregularidades, vulneraciones y prejuicios.
Durante casi cinco años, Jeanine Añez ha sido sometida a una privación de libertad sin fundamento jurídico legítimo, en medio de un ambiente político hostil y carente de imparcialidad. Aun así, nunca renunció a su dignidad, a su verdad ni a su fe en la justicia.
Como su defensa, reafirmamos que no existe prueba alguna que la vincule con actos de corrupción ni con delitos comunes. Los procesos instaurados en su contra responden a una lógica de persecución política, no a una búsqueda genuina de verdad o de justicia.
Jeanine Añez asumió responsabilidades institucionales en uno de los momentos más críticos de la historia nacional, guiada por la necesidad de garantizar la continuidad del Estado y la paz social. Hoy, paga un precio desproporcionado por haber actuado en defensa de la República.
Seguiremos luchando, dentro y fuera de los tribunales, por el reconocimiento de su inocencia y la reparación de las vulneraciones sufridas. Porque la justicia no puede ser instrumento del poder, ni la verdad puede quedar silenciada por la conveniencia política.
Estos casi 5 años privada de libertad me marcaron, pero no quebraron mi convicción.
Nunca voy a arrepentirme de haber servido a mi patria cuando me necesitó. Lo hice con conciencia y el corazón firme, sabiendo que las decisiones difíciles tienen un precio.
Aprendí que la libertad más profunda no depende de los muros sino de mantener viva la verdad de lo que hice y por qué lo hice.
Sigo creyendo que servir a mi patria fue lo correcto aunque esté pagando un precio injusto, porque la historia cambia, las versiones cambian, pero la conciencia de haber hecho lo correcto, esa no la borra nadie.
No fue justo perder mi libertad por haber servido a mi país y tampoco seguir siendo estigmatizada por hechos de corrupción que nunca cometí. He cargado con terribles acusaciones, con un peso tan grande que no me corresponde, pero que no han dudado repetir y repetir desvergonzadamente sin que se les mueva un músculo de la cara.
La injusticia no solo está en prisión, sino también en la mirada de quienes se niegan a ver más allá del prejuicio.
Aún así sigo de pie, con la conciencia tranquila y la dignidad intacta.
Siento que me vieron sola, sin respaldo político y aprovecharon esa vulnerabilidad para ensuciar mi nombre.
Cuando no hay poder detrás que te defienda se vuelve fácil señalarte, deformar los hechos y convertirte en el blanco de todos los juicios. No me defiendo con poder, me defiendo con la verdad, y por eso el costo ha sido tan alto.
Ha sido un camino muy duro, no solo por la privación de libertad, sino también por las heridas que vinieron de donde menos las esperaba. Duele cuando críticas implacables vienen de quienes uno creyó que compartían los mismos ideales y duele aún más ver cómo esa carga se extendió a mi hija, que ha tenido que soportar ataques y censuras por decisiones que fueron solo mías. Nada más injusto y nada me pesa más que eso. Si algo duele de todo este proceso es que mi compromiso haya terminado afectando su futuro.
Me han decepcionado, me han herido, pero no han logrado doblarme. A pesar de todo sigo con la frente en alto.
Mi dignidad no se negocia ni se ensucia con sus mentiras. Puedo mirar a cualquiera a los ojos porque tengo la conciencia tranquila y nada de lo que hagan puede quitarme eso.
Sigo eligiendo la verdad antes que el silencio.