05/04/2022
Por: Sergio Jiménez Terrazas
De la Justicia y sus reformas se habla mucho pero no se hace nada.
En este último tiempo, se ha puesto de “moda”, con absoluta razón, cuestionar y censurar al sistema de administracion de Justicia del país por los muchos y diversos casos de aberrante corrupción, abuso de poder y vulneracion de derechos y garantias constitucionales. Entre ellos la detención de una ex presidente a través de un caso armado a gusto del poder ejecutivo, las 41 ambulancias fantasmas del Gobernador de Potosí, los mal habidos ítems fantasmas de la Alcaldía cruceña, la liberación de feminicidas, la persecución de jueces y el extraño caso del Aeródromo Mundaka por mencionar algunos de los más escandalosos.
Todos los sectores de la sociedad civil, así como la casta política tanto oficialista como la oposición, coinciden en el hecho de que es necesaria y urgente la Reforma Judicial. Sin duda cada cual es motivado por razones muy distintas, pero todos basados en buscar un sistema “justo” a sus intereses. Lastimosamente, el pronóstico no es favorable, ya que podemos reformar cien veces el sistema de administracion de justicia, cambiar la Constitución, etc., y el resultado bajo el odioso pero muy cierto dicho “hecha la ley, hecha la trampa”, será el mismo. La solución no pasa por ahí, el sistema reformado será una y otra vez coptado por la corrupción, por el abuso de poder político, el llunkerio y la prebenda; vulnerando derechos y garantias constitucionales.
En todo caso, corresponde hacernos ciertas preguntas: qué debemos esperar del sistema de administracion de Justicia? Qué entendemos por un Sistema Justo? Sin duda, hoy por hoy tenemos en nuestro país todo lo contrario a lo que se puede llamar Justicia, por lo tanto vivimos en un Estado que cada vez está más lejos de la democracia.
Es lamentablemente cierto que hoy tenemos un sistema de administracion de justicia al servicio del gobierno de turno. Es usado como un abusivo mecanismo de persecución política, por ende en un sistema extorsivo. Aquello va más allá del gobierno que se trate, si se copta al “sistema judicial” se elimina al opositor.
Sin duda, el tema del uso y abuso del sistema judicial en lo político es crítico porque el daño se refleja en el hecho de que se atenta contra el sistema democrático, por ser un pilar fundametal al sistema de independencia de poderes y seguridad jurídica. No cabe la menor duda que el sistema democrático pende de un hilo, si es que este no ha sido roto aun.
Pero mucho peor es el efecto que tiene en la sociedad civil, en la “persona de a pie” el no contar con un sistema de justicia que lo proteja en su día a día. Donde el “sistema” victimiza aun más a la vīctima, donde la vida, la propiedad privada y la libertad dependen del humor, arbitrio, discrecionalidad y ambición de la autoridad de turno. Por lo que, a tanta injusticia y vulnerabilidad de las personas hoy en día, se destaca María Galindo, que con su irreverencia, verborragía pero sobre todo con su COMPROMISO de lucha ganan espacio en el corazón de la gente. El fenómeno Galindo rebela lo débil del sistema judicial y policial, desenmascaran la lánguida burocracia e ineficiencia de entidades como la Defensoría del Pueblo, la Policía y el Ministerio Público (hoy, todas bajo las órdenes del Gobierno). Los cuales si bien no son parte del sistema Judicial, son inherentes a la Justicia. Debo decir, que no es un tema menor el fenómeno “Galindo”. La gente clama y aparece ella cual paladín de la justicia de historieta dentro de un Estado en tinieblas. Si el sistema no fuera tan débil, corrupto e insensible no sería posible este tipo de pantomimas. Los hechos y la realidad nos exigen ponernos de pie y aplaudir a que por lo menos así se “resuelvan” algunos casos. Obviamente del debido proceso y la presuncion de inocencia ni hablar, uno es culpable porque ella lo señala así, esa es hoy la realidad.
En otros palabras, dadas las circunstancias y tal cual está el sistema de administración de justicia, no es azaroso el surgimiento del fenómeno Galindo. Mas por el contrario, no debiera existir tal situacion si el Sistema fuera algo más eficiente, si el sistema fuera un poco más sensible con las personas y más duro con la corrupción. Y no teatralizar un circo mediático y aparentar eficiencia haciendo desfilar a un montón de enmanillados en los medios de comunicación.
De lo mucho que se ha escrito, la mayor parte de las propuestas de “solución” radican en una Reforma Constitucional, ya sea a través del largo camino de la Asamblea Constituyente, mediante Referendo o una reforma parcial de la Constitucion ya sea por iniciativa de la Asamblea Legisltativa Plurinacional o iniciativa popular, lo que implica una ley de Reforma Constitucional aprobada por dos tercios del total de miembros presentes de la Asamblea, es decir por un concenso político. (eso dice nuestra Constitución en su artículo 411 párrafo II). En un evidente circulo vicioso.
Esa propuesta de cambio de la Constitución ya sea total o parcial, implica previamente la conformación de comisiones de “notables”, sociedad civil, colectivos y un sinfín de etcéteras. Es necesario indicar que uno de estos cambios pasa por la forma de elección de los magistrados, vale decir, que no se los elija por voto popular sino que sea la Asamblea quien los designe. En definitiva, esta no será la solución y no lo será porque únicamente se cambiaría la forma, el manoseo político seguirá presente. Solo modificando el fondo del problema a través de un compromiso por encima de las personas y las instituciones, donde solo prime la ley, será posible vislumbrar una mejoría.
Al igual que en el caso del fenómeno Galindo, pero muy distinto en cuanto a la forma que aplica, se debe copiar todo lo que se refiere al COMPROMISO, no habrá cambio alguno mientras las autoridades asuman y se comprometan a respetar la ley, se comprometan a que no exista persona o institución que esté por encima de ella.
Mientas no exista COMPROMISO, todo seguirá peor.