09/04/2026
Cuando el sistema y el sesgo fallan, los niños quedan en riesgo
Este caso nos golpea con una realidad que, como sociedad y como profesionales del derecho, no podemos seguir ignorando. Casos con circunstancias similares a la tragedia de Lucio Dupuy nos demuestran que el sistema judicial no solo es lento y costoso, sino que está paralizado por el miedo.
El laberinto de la justicia y el costo de proteger
Lamentablemente, para lograr protección real, el sistema hoy te obliga a:
Contar con abogados privados y afrontar gastos económicos asfixiantes.
Realizar presentaciones constantes para que un expediente no se detenga.
Luchar contra una inercia institucional que parece esperar a que ocurra lo peor para actuar.
El sesgo de género como barrera judicial
Hay que decir las cosas por su nombre: existe un temor generalizado en jueces y juezas a dictar medidas que vayan en contra de la progenitora. Si bien las victorias del género femenino en la conquista de derechos son fundamentales y deben reconocerse, la justicia no puede ser rehén de ideologías cuando la vida de un menor está en juego.
La capacidad de ejercer violencia no tiene género. Sin embargo, vemos cómo medidas de restricción necesarias son revocadas o regímenes de comunicación peligrosos son mantenidos solo por el peso de estereotipos de cuidado.
No bajen los brazos
El sistema va a cansar, te va a exigir dinero y te va a poner trabas, pero no bajen los brazos. Defiendan los intereses de los menores.
Luchen hasta el final contra la burocracia y contra los sesgos judiciales.
La integridad de un niño debe estar siempre por encima de cualquier temor político o social de un magistrado.
La justicia real es la que protege al más vulnerable, sin importar quién sea el agresor.