17/06/2026
A veces la vida no deja enseñanzas. Deja silencios.
Nos hemos acostumbrado a escuchar que todo dolor tiene un propósito, que toda pérdida encierra una lección. Sin embargo, existen fracturas que no vienen a transformarnos ni a volvernos mejores. Simplemente ocurren. Y nos obligan a convivir con aquello que ya no puede repararse.
En esta nueva columna reflexiono sobre el destino, el error y la dignidad de quienes aprenden a permanecer de pie sin necesidad de encontrar respuestas tranquilizadoras. Sobre la valentía de aceptar los límites de nuestra voluntad y la honestidad de mirar de frente aquello que se perdió para siempre.
Porque quizá la verdadera fortaleza no consista en superar cada herida, sino en habitarla sin negar su existencia.
La dignidad de la ceniza: destino, error y la soledad de la fractura.
Carlos Felice Fioravanti