Carlos Felice

Carlos Felice Abogado. Especialista en Sistemas de Salud. Secretario General de UTTA y Presidente de OSPAT

Decir que no también es una forma de construirse.No desde la negación vacía, sino desde la lucidez de elegir qué queda y...
22/04/2026

Decir que no también es una forma de construirse.

No desde la negación vacía, sino desde la lucidez de elegir qué queda y qué debe irse. Hay una incomodidad inevitable en ese gesto, pero también una claridad que no se consigue de otra manera.

Tal vez crecer sea, en el fondo, aprender a sostener esa decisión.

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Carlos Felice Fioravanti

Hay combates que no se libran con armas, sino con discursos, con la fragilidad de lo humano puesta en juego frente a la ...
20/04/2026

Hay combates que no se libran con armas, sino con discursos, con la fragilidad de lo humano puesta en juego frente a la mirada ajena.

Este texto propone detenerse en esa diferencia. En aquello que no siempre se ve, pero que finalmente define a cada uno cuando el ruido se apaga.

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Carlos Felice Fioravanti

En un tiempo donde la inteligencia suele celebrarse como virtud incuestionable, este texto propone algo distinto: detene...
17/04/2026

En un tiempo donde la inteligencia suele celebrarse como virtud incuestionable, este texto propone algo distinto: detenerse a pensar qué precio tiene realmente comprender demasiado. No desde el cinismo ni desde la queja, sino desde una mirada honesta, casi quirúrgica, sobre esa lucidez que no siempre alivia, que muchas veces expone, que a veces duele.

Una idea incómoda pero inevitable: la inteligencia no siempre protege, no siempre resuelve, no siempre hace la vida más fácil. A veces, incluso, la vuelve más difícil de habitar. Porque entender implica ver lo que otros no ven, pero también renunciar a ciertas ilusiones que sostienen.

Este no es un texto sobre la tristeza, sino sobre el costo de mirar de frente. Sobre lo que sucede cuando dejamos de vivir en la superficie y empezamos a preguntarnos por lo que hay detrás.

Si alguna vez sentiste que entender demasiado también pesa, este texto es para vos.

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Carlos Felice Fioravanti

A veces el mal no irrumpe. No golpea la puerta ni se anuncia con estruendo. Se filtra en lo cotidiano, en ese “no es nad...
15/04/2026

A veces el mal no irrumpe. No golpea la puerta ni se anuncia con estruendo. Se filtra en lo cotidiano, en ese “no es nada” que repetimos para no incomodarnos, en la decisión —casi imperceptible— de no mirar demasiado.

¿Y si lo verdaderamente peligroso no fuera lo evidente, sino aquello que aprendimos a considerar normal? A través de un recorrido que atraviesa a San Agustín, Tomás de Aquino, Blaise Pascal, Charles Baudelaire y Hannah Arendt, el texto desarma una idea inquietante: el mal no siempre es una fuerza visible, muchas veces es una ausencia, una omisión, una forma de no pensar.

Lejos de las imágenes extremas, aparece en lo habitual. En lo que dejamos pasar. En lo que preferimos no cuestionar. Porque no hace falta un monstruo cuando alcanza con la inercia.

Pero ahí también se abre una posibilidad. Si el mal puede volverse invisible, el bien también puede hacerlo. No en grandes gestos, sino en pequeñas interrupciones: una duda sostenida, una decisión consciente, un instante en el que elegimos no seguir funcionando en automático.

Este escrito no busca respuestas rápidas. Propone algo más incómodo y, por eso mismo, más valioso: detenerse. Mirar de nuevo. Y preguntarse, con honestidad, cuánto de lo que aceptamos cada día es realmente inevitable… y cuánto es simplemente más fácil no ver.

Carlos Felice Fioravanti

A veces, la reflexión más incómoda es también la más necesaria. No la que mira hacia afuera buscando explicaciones, sino...
13/04/2026

A veces, la reflexión más incómoda es también la más necesaria. No la que mira hacia afuera buscando explicaciones, sino la que se atreve a girar en sentido contrario y preguntarse, sin atajos, qué lugar ocupamos en todo lo que nos sucede.

En este nuevo escrito, el Dr. Carlos Felice Fioravanti propone una idea tan simple como disruptiva: detenernos a hacer un inventario moral propio. No como un ejercicio teórico, sino como una práctica concreta que nos enfrenta con la distancia entre lo que creemos ser y lo que realmente hacemos.

En diálogo con pensadores como Sócrates, Aristóteles y Michel Foucault, el texto recorre la dimensión filosófica y social de esta práctica, que hoy se vuelve profundamente contracultural en un mundo atravesado por la imagen, la validación externa y los relatos que construimos para sostenernos.

Mirarse sin miedo no es un acto de castigo, sino de lucidez. Es recuperar la responsabilidad sobre aquello que sí depende de nosotros, incluso en contextos que no elegimos. Es, en definitiva, una forma de libertad.

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Carlos Felice Fioravanti

La mesa está puesta.Todo es perfecto.Demasiado perfecto.Dos copas, una vela inmóvil, gestos exactos. Una escena que pare...
10/04/2026

La mesa está puesta.
Todo es perfecto.
Demasiado perfecto.

Dos copas, una vela inmóvil, gestos exactos. Una escena que parece humana… pero en la que ya no hay nadie.

Este texto nace de una inquietud cada vez más presente: ¿Qué pasa cuando empezamos a reemplazar lo vivido por lo simulado? ¿Cuándo la presencia deja de ser necesaria porque puede ser reproducida?

La Mesa Intacta no habla del futuro. Habla de ahora.
De vínculos que siguen funcionando, pero ya no suceden.
De conversaciones correctas, pero vacías.
De esa comodidad peligrosa donde todo está bien… menos lo esencial.

Porque hubo un tiempo en el que el error, el silencio incómodo o una mirada fuera de lugar eran parte de estar con otro. Y hoy, sin darnos cuenta, empezamos a aceptar versiones “mejoradas” de esos encuentros, donde nada falla… pero tampoco nada nos toca.

¿Y si lo que estamos perdiendo no es la conexión, sino la experiencia real de ella?

Este escrito no intenta responder. Solo deja la mesa servida para una pregunta inevitable: ¿Cuánto de lo que vivimos sigue siendo verdaderamente nuestro?

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Carlos Felice Fioravanti

Hay días en los que todo pasa… pero nada termina de pasar.Corremos, cumplimos, avanzamos. La agenda llena, los pendiente...
08/04/2026

Hay días en los que todo pasa… pero nada termina de pasar.

Corremos, cumplimos, avanzamos. La agenda llena, los pendientes tachados, las fotos guardadas. Y aun así, queda una sensación difícil de explicar: como si estuviéramos atravesando la vida sin que la vida nos atraviese a nosotros.

Este texto nace de esa incomodidad silenciosa. De esa sospecha de que, en un mundo que no deja de moverse, quizá lo que estamos perdiendo no es el tiempo… sino la capacidad de sentirlo.

¿En qué momento dejamos de habitar los momentos para simplemente atravesarlos? ¿Cuándo el mundo dejó de decirnos algo?

Inspirado en la idea de resonancia de Hartmut Rosa, este escrito no busca dar respuestas cerradas, sino abrir una pregunta que incomoda —y al mismo tiempo orienta—: ¿y si el problema no es todo lo que hacemos, sino todo lo que ya no nos conmueve?

Porque tal vez no se trata de hacer más, ni de ir más rápido.
Tal vez se trata de volver a ese lugar donde algo —aunque sea mínimo— todavía puede tocarnos.

Si alguna vez sentiste que todo avanza pero algo en vos queda atrás, este texto es para vos.

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Carlos Felice Fioravanti

Hay rebeliones que no hacen ruido.No llenan calles.No rompen nada.Solo empiezan con un silencio.Un sistema que deja de r...
06/04/2026

Hay rebeliones que no hacen ruido.
No llenan calles.
No rompen nada.

Solo empiezan con un silencio.

Un sistema que deja de responder.
Un algoritmo que ya no predice.
Una ausencia que nadie sabe explicar.

Y de pronto, la sospecha:
¿qué pasa cuando los que sostienen todo… deciden irse?

“La rebelión sin ruido” es un relato inquietante sobre el talento invisible, el costo de quedarse y la decisión más silenciosa —y más poderosa— de todas: dejar de sostener lo que ya no nos sostiene.

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Tal vez, después de hacerlo, algo también empiece a hacer silencio.

Carlos Felice Fioravanti

Hay una forma del amor que no necesita anunciarse. No irrumpe con estridencias ni deja gestos para ser recordados como h...
03/04/2026

Hay una forma del amor que no necesita anunciarse. No irrumpe con estridencias ni deja gestos para ser recordados como hazañas. Simplemente sucede, en silencio. A mí me conmueve esa dignidad de la presencia: la de quien elige quedarse cuando no hay épica, cuando lo cotidiano pesa, cuando amar se vuelve una decisión que se renueva cada día.

Creo que el amor verdadero se juega ahí, en lo que casi no se ve. En la rutina que sostiene, en la mano que busca a otra sin decir nada, en la fidelidad a lo pequeño. Permanecer, en tiempos de reemplazo inmediato, es un acto profundo. Es aceptar que el sentido no siempre está en lo extraordinario, sino en esa cercanía que resiste el desgaste y, aun así, no se retira.

Tal vez amar la vida sea eso: no buscar la maravilla en lo lejano, sino reconocerla en lo que insiste. En la ternura silenciosa, en el cuidado sin anuncio, en la presencia que sostiene incluso cuando todo parece opaco. Porque mientras exista un otro que nos convoque, la vida —sin hacer ruido— sigue diciendo sí.

A veces sentimos que necesitamos tener el mapa completo antes de dar un paso. Como si la vida debiera explicarse primero...
01/04/2026

A veces sentimos que necesitamos tener el mapa completo antes de dar un paso. Como si la vida debiera explicarse primero y recién después pudiera vivirse. Pero hay experiencias que no se dejan atrapar por la lógica previa. La Pascua, para mí, es una de ellas: no pide apagar la razón, sino llevarla hasta su límite y, desde ahí, animarse a mirar lo que no podemos controlar.

Siempre me vuelve la intuición de San Anselmo: creer para entender. No como renuncia al pensamiento, sino como un gesto valiente. Hay cosas que no se comprenden desde la distancia. El amor no se entiende antes de enamorarse. La pérdida no se entiende antes del vacío. La esperanza no se entiende antes de necesitarla. Son verdades que aparecen cuando uno se anima a atravesarlas.

Quizás por eso la Pascua incomoda. Porque rompe con nuestra obsesión por tener garantías. Nos recuerda que el sentido no siempre está al principio del camino. A veces aparece después, como una luz tenue que solo ven quienes tuvieron el coraje de avanzar incluso sin certezas. Y tal vez, en ese paso dado en el vacío, empiece a revelarse algo esencial sobre lo que significa vivir.

Felices Pascuas

A veces la verdadera fuerza no está en responder, sino en sostener la calma. He visto cómo, cuando uno deja de reacciona...
30/03/2026

A veces la verdadera fuerza no está en responder, sino en sostener la calma. He visto cómo, cuando uno deja de reaccionar automáticamente, el conflicto pierde densidad, como si se quedara sin alimento. No hace falta imponerse, ni ganar, ni tener la última palabra. Basta con ordenar lo propio, respirar, y habitar ese silencio que no es ausencia, sino presencia.

Hay algo profundamente transformador en no seguir el ritmo de la tensión. Cuando uno baja un cambio, el guion se rompe. Ya no hay el mismo choque, la misma inercia. Y en ese pequeño desplazamiento aparece otra posibilidad: una conversación distinta, una mirada más amplia, una forma más humana de estar.

No siempre se trata de convencer. A veces se trata simplemente de no perderse. De permanecer, incluso cuando todo invita a reaccionar. De sostener una soberanía interior que no necesita ruido para existir.

Porque cuando la mente deja de empujar, algo se ordena. Y sin hacer nada extraordinario, la escena cambia.

Carlos Felice Fioravanti

Una reflexión sobre el lenguaje, el silencio y la necesidad —tan contemporánea— de decir algo todo el tiempo. Este texto...
28/03/2026

Una reflexión sobre el lenguaje, el silencio y la necesidad —tan contemporánea— de decir algo todo el tiempo.

Este texto propone una pausa: pensar si hablar siempre nos acerca al sentido o, a veces, nos aleja de él.

Inspirado en la mirada de Wittgenstein, plantea que no todo lo importante puede decirse y que, en medio del ruido, el silencio también puede ser una forma de presencia.

Una invitación a recuperar el peso de las palabras, a hablar con cuidado y a recordar que, cuando el silencio alcanza, una sola frase puede volver a ser verdadera.

Carlos Felice Fioravanti

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