07/11/2015
En el día de ayer tuvo lugar la quinta y penúltima jornada del juicio por la desaparición de Germán Casarini, que tiene como única imputada a quien era su esposa, Verónica Murgia, a quien se la acusa de “Privación ilegítima de la libertad agravada” y subsidiariamente “Encubrimiento agravado”.
Hoy será el último día de las audiencias, que tienen lugar en la Sala del Tribunal Nº 1 de la ciudad de Trenque Lauquen. En esta oportunidad se aguarda la declaración de un par de testigos, además de los alegatos del fiscal Luis Caldentey, el representante legal de la familia del particular damnificado, Pedro Goldenberg, y del abogado Alejandro Meirelles, quien lleva adelante la defensa de la persona imputada. El TOC Nº 1 está integrado por los jueces Marcelo Centeno (presidente), Gabriela Martínez y Pedro Gutiérrez.
TESTIGOS
En la jornada de ayer, la quinta jornada del juicio, fue el turno de la declaración testimonial de quince testigos. Hoy será el turno de los alegatos correspondientes, para culminar con las seis jornadas previstas, caso que ha despertado el interés de la opinión pública en su conjunto, uno de los policiales de mayor trascendencia, en los últimos tiempos, en el Poder Judicial de Trenque Lauquen.
HECHOS
Recordemos que, de acuerdo cob lo que nos fue informado, la enumeración suscinta de los hechos que determinaron la imputación de Murgia señalan que el 26 de agosto de 2011, aproximadamente a las 20:00, Verónica Murgia convocó a su esposo, Germán Sergio Roberto Casarini, para encontrarse en la calle Espora, entre avenida Deaán Funes y Naón de la ciudad de Pehuajó. La mujer sabía –sostiene el fiscal- por haberlo acordado y comprometido previamente, que allí serían abordados por Gustavo Abelardo Rodríguez.
CONFLICTO
Con este hombre, Casarini mantenía una seria enemistad en razón de la relación amorosa que éste mantenía con María Alejandra Uricelqui, expareja de Rodríguez, quien había manifestado intención de matarlo. A partir de ese momento, el relato reconstruido señala que, al llegar al lugar de la cita, tras el señuelo de Murgia, Rodríguez se subió “sorpresivamente” a la parte trasera del habitáculo de la Ford Ranger de Casarini. A las pocas cuadras se bajó la mujer y Casarini fue reducido y privado de su libertad ambulatoria mediante el uso de un arma de fuego y el empleo de la violencia física, siendo ésa la última vez que se vio a Casarini con vida. Todo esto –sigue la acusación- permite presumir -por su ausencia y por los antecedentes, las amenazas, los hechos violentos y demás indicios que surgen de la causa- que lo sustrajeron del sitio mencionado y fue llevado contra su voluntad a un lugar aún desconocido donde lo mataron ocultando su cuerpo para que no fuera hallado, encontrándose aún bajo la calificación legal de desaparecido.