27/06/2025
*_MENSAJE DE DIFUSIÓN_*
✡️ *Odiame que soy judío*
Por Daniel Grinspon
Parece que con ser judío alcanza para que te odien. No hace falta hacer nada. No hace falta decir nada. Solo ser. Solo existir. Te ven y ya tienen ganas de señalarte con el dedo, de decirte "opresor", "genocida", "culpable de todo".
Y lo peor: no son solo los de siempre. No son los n***s escondidos ni los delirantes de teorías conspirativas. Hoy el antisemitismo viene de traje y corbata, con escarapela de derechos humanos, con cuenta verificada en redes… y también baja en colectivo, en barrios donde muchos repiten frases sin saber de qué hablan.
Porque sí, el antisemitismo se mete en todos lados. En la televisión, en la facultad, en los recitales… y también en las clases más humildes, donde a veces se agarra a la gente por la bronca, por la necesidad, o por el simple resentimiento que otros supieron sembrar.
Gente que no tiene idea de qué es una sinagoga, qué es Gaza o qué pasó en el 48, pero que de pronto te agita una bandera con frases en árabe sin saber qué dicen.
Por qué ? Porque les bajaron línea. Porque hay grupos, algunos muy organizados, que se infiltran, reparten panfletos, entrenan consignas y convierten el odio al judío en parte de una causa supuestamente popular. Una causa que, casualmente, siempre tiene al judío como enemigo.
No es casual. Lo hacen con tiempo, con plata, con estrategia. No son nenes jugando a la revolución: son tipos grandes, con vínculos, que trabajan para juntar soldados ideológicos.
Y lo logran. Porque es fácil convencer a alguien enojado. Porque es fácil señalar un enemigo invisible. Porque siempre hay algún trasnochado que cree que el judío es responsable del precio del pan.
Y mientras tanto, los medios hacen su parte. Agarran una noticia sobre Gaza, le ponen una imagen fuerte aunque sea trucha, ignoran por completo a los rehenes, a los misiles, al terrorismo… y arman la narrativa del día.
Así, el que prende la tele no ve una guerra: ve a los “malos” de siempre. Y el que no sabe ni ubicar Israel en el mapa, igual se siente habilitado para odiar.
Porque odiar al judío se volvió aceptable otra vez. Ya no hace falta gritar “muerte a los judíos”. Basta con disfrazarlo de causa social, de derecho internacional, de “solidaridad con los pueblos”. Aunque nunca se solidaricen con nadie más. Porque si matan mujeres en Irán, nada. Si ejecutan cristianos en Nigeria, nada. Si cuelgan g**s en Afganistán, nada.
Pero si un israelí se defiende, ahí sí. Todos opinan. Todos marchan. Todos escriben notas indignadas.
Mientras tanto, la comunidad judía global vive con miedo. Miedo real. Porque los ataques ya no son solo en Medio Oriente. Son en Nueva York, en Londres, en París. Son pintadas, amenazas, piñas en el subte, insultos en la facultad.
Y lo más triste: muchos de esos ataques vienen de gente que ni siquiera sabe por qué odia, pero repite como loro lo que le hicieron creer. Gente usada por otros para sumar números, para inflar marchas, para legitimar un relato que ni entiende.
Y no, no nos vamos a callar. Porque esta vez no. No vamos a pedir disculpas por existir. No vamos a quedarnos callados porque molesta ver una kipá. No vamos a aceptar que nos digan genocidas los mismos que callan frente a dictaduras reales, guerras reales, crímenes reales.
Así que odiame, si querés. Por ser judío. Por tener memoria. Por no agachar la cabeza. Por no repetir consignas vacías.
Pero que te quede claro algo: no vamos a desaparecer para que estés cómodo.
*El pueblo judío vive. ¡Am Israel Jai !*