02/04/2026
No fueron soldados profesionales. Eran pibes y unos pocos suboficiales y oficiales, con mas ingenio que pertrechos.
Estos chicos tenían 18 años. Venían del interior, de Corrientes, de Chaco, de cada rincón olvidado del país. Fueron enviados al sur, al frío, al hambre, a una guerra para la que no estaban preparados. No por decisión propia. No por convicción política. Sino como parte de una maquinaria que buscaba perpetuarse en el poder.
Fueron enviados contra una potencia.
Con escasa instrucción, con equipo insuficiente, con más incertidumbre que certezas.
Y sin embargo…
no retrocedieron.
Resistieron el frío que cala los huesos, el barro que hunde, el miedo que no se dice. Resistieron el abandono, el hambre, la soledad. Y aun así, sostuvieron su puesto, su bandera y a sus compañeros e hicieron temblar a los británicos.
Acompañaron la gesta los inolvidables pilotos que con unos pocos misiles ensamblados y volando al ras del mar, hundieron insignias de una superpotencia.
Marinos que fuera de la zona de guerra, yacen en las profundidades del mar argentino, recordando lo miserables que pueden ser algunos dictadores.
Ahí, en esas islas, quedaron muchos.
Caídos. Enterrados en suelo malvinense, suelo argentino ocupado por piratas.
Otros volvieron, pero nunca regresaron del todo. Una parte de ellos, se quedó con los compañeros que vieron caer a su lado.
Hoy no alcanza con recordar.
Hace falta comprender.
Que no fueron enviados como héroes,
pero actuaron como tales y así los recordamos.
Este homenaje es para ellos:
para los que quedaron en Malvinas,
y para los que volvieron cargando la guerra en silencio y les dieron la espalda.
Memoria. Respeto. Verdad.
!Las Malvinas son argentinas, carajo!