Mata & Asociados

Mata & Asociados Estudio Jurídico que pretende dar respuesta a las problemáticas sociales haciendo hincapié en el

29/12/2015

NATURALEZA Y ALCANCE DEL MÉTODO CIENTÍFICO

El estudio del método científico pertenece a la filosofía de las ciencias, que hace que converjan las conclusiones de varias disciplinas para explicar los problemas que salen al paso en esta importante sección de nuestros conocimientos que se designa con el término CIENCIAS EXPERIMENTALES.
Los problemas que estudia se distribuyen en cuatro grupos:
a) un primer grupo se refiere a la ciencia experimental considerada en sí misma, haciendo abstracción de sus relaciones con las otras ramas del saber. Esta primera parte de la filosofía de las ciencias es la que designamos METODOLOGÍA CIENTÍFICA.
b) Una segunda parte estudia las relaciones de la ciencia experimental con las otras ciencias. Se trata de establecer el lugar de la ciencia experimental en el conocimiento del saber.
c) Una tercera parte intentará determinar si el método científico se aplica con facilidad, rigor, y abundancia de resultados en todas las ciencias experimentales. Científicos y filósofos admiten que la física es la más “científica” de ellas.
d) En cuarto lugar, el filósofo de la ciencia puede considerar las conclusiones mismas de la ciencia experimental, juzgarlas, utilizarlas.
Llamamos metodología al cuerpo de doctrina formado por consideraciones tomadas de la lógica y del estudio del objeto de tal o cual ciencia.
Para los modernos, el término científico designa conocimientos discursivos no-filosóficos, como la física y la astronomía, o hechos controlados metódicamente, o bien, obras elaboradas de acuerdo con las reglas establecidas por dichas ciencias.
Estas parten de fenómenos medidos por ellas mismas, y tratan de establecer sus leyes y explicarlos mediante teorías.
Estas medidas, leyes y teorías van modificándose y precisándose conforme va aumentando la experiencia. Los científicos están de acuerdo en reconocer que los principios de sus saberes representan únicamente hipótesis o supuestos provisionales.
Entendemos el término CIENCIA en la expresión METODOLOGÍA CIENTÍFICA. Esta se propone exponer los procedimientos utilizados por las ciencias experimentales y determinar el valor y el alcance de sus principios y de sus conclusiones.
La teoría general del conocimiento se ocupa de determinar la naturaleza, el valor y los métodos del conocimiento humano; constituye una “CRÍTICA GENERAL” del saber. La metodología científica tiene por fin enseñar cómo deben recibirse o interpretarse los resultados obtenidos mediante el método experimental.
Por su parte, el físico busca un conocimiento especulativo, debe buscar en ese PODER PRÁCTICO cierta prueba de que sus imágenes y aproximaciones se acercan al mecanismo real de la naturaleza. El hecho de ver la verdad práctica no implica la posesión de la verdad especulativa. “Si se quiere, la física se apoya en una verdad práctica, pero no consiste en esa verdad”.
Vale destacar que ninguna teoría, por fructífera que sea, puede explicarlo todo, y siempre queda cierto número de hechos incomprensible o confusos, que nos advierten que, más allá de las conquistas nuevas, quedan todavía otras.
Las teorías vivirán lo que deban vivir; son muy parciales y provisionales cuando se está al comienzo de una nueva serie de investigaciones. Esas teorías serán más tarde sustituidas por otras que representen un estado más avanzado de la cuestión, y así sucesivamente.
El verdadero progreso consisten en cambiar de teoría para sacar de ella otras nuevas que vayan más lejos que las primeras, hasta que se encuentre una que se base en un número elevado de hechos. La cuestión no es condenar la antigua teoría en beneficio de la más reciente. Lo importante es haber abierto un nuevo camino.
Las teorías solo son hipótesis verificadas por un número más o menos considerable de hechos; las que son verificadas por el mayor número de hechos son las mejores; pero ni en este caso son definitivas ni se debe creer nunca en ellas de manera absoluta.
Sobre la “EVOLUCIÓN DE LAS TEORÍAS” diremos que las teorías científicas son también instrumentos de descubrimiento e imágenes del mundo, o sea, deberán evolucionar. Se modificarán para quedar sometidas a los hechos y suscitar nuevos descubrimientos.
Como señala Aristóteles, los físicos deben “edificar las teorías y las causas para explicar los hechos observados”, no violentando los hechos “para hacerles entrar en ciertas teorías y opiniones que les son propias”, ni esforzándose únicamente por “acomodarlos” a ellas.
Este autor enseña que “es preciso fiarse de las experiencias más que de las teorías, y de las teorías sólo en la medida en que se reconoce evidentemente que son conformes a la experiencia”.
Él nunca ha pretendido que sea posible hacer demostraciones rigurosas en cualquier materia. El único medio de explicar las cosas difíciles y oscuras consiste, frecuentemente, en imaginar una solución verosímil; sólo se exigirá que ésta no encierre consecuencias imposibles.
Encontramos en Aristóteles, ese ir y venir entre las suposiciones y los hechos, ese diálogo entre la teoría y la experiencia, que constituye la característica fundamental del método científico.
Complementando lo expuesto, dice Blas Pascal que el hombre es ignorante en la primera etapa de su vida, pero se va instruyendo sin cesar en su progreso, se aprovecha no sólo de su experiencia, también de sus predecesores, porque guarda siempre en su memoria los conocimientos que adquirió una vez, y los de los antiguos siempre están ante él en los libros que sobre los mismos le han dejado.
De ahí procede el que no sólo cada uno de los hombres avance de día en día en la ciencia, sino que todos los hombres juntos realizan un progreso continuo a medida que el universo envejece.
Toda la serie de los hombres, durante el curso de tantos siglos, debe ser considerada como un MISMO HOMBRE que subsiste siempre y está continuamente aprendiendo.
Los que llamamos antiguos eran, verdaderamente, nuevos en todas las cosas, y como nosotros hemos unido a sus conocimientos la experiencia de los siglos que les han seguido, es en nosotros donde se puede encontrar esa antigüedad que veneramos en aquéllos.
Ellos deben ser afirmados por las consecuencias que sacaron de los pocos principios que tenían, y deben ser excusados por aquellas en las que les faltó calidad en la experiencia más bien que fuerza en el razonamiento.

Bibliografía utilizada: EMILE SIMARD “Naturaleza y alcance del Método Científico”

21/12/2015

CIENCIA, FILOSOFÍA, VIDA INTELECTUAL
La positivización del saber conduce a la idea de todo cuanto es, por el mero hecho de serlo, es decir, a la idea del ser.
La desorientación del mundo lleva a esclarecer la idea del mundo en cuanto tal. La ausencia de vida intelectual nos descubre la índole de la inteligencia en cuanto tal, esto es, la vida teorética.
Al hacerlo, la inteligencia se halla ejercitando una auténtica vida intelectual, en un mundo de problemas orientado, con las realidades todas en su más honda y total concreción.
La filosofía es “saber trascendental”; la filosofía no es una condición suficiente para restaurar la vida de la inteligencia; pero es, condición necesaria para ello. Y esto, porque la filosofía consiste en el problema del ser, del mundo y de la teoría, planteados por la simple entrada de la inteligencia en sí misma.
Puede decirse, desde un punto intelectual, que la situación azarosa y paradójica en que se halla hoy el hombre significa ausencia de filosofía.
Por tratarse de un saber radical y último, la filosofía se halla sobre una tradición. De lo que se trata es que, aun admitiendo filosofías ya hechas, esta adscripción sea resultado de un esfuerzo personal, de una auténtica vida intelectual.
Partiendo de la ciencia, se llega a tres ideas: el ser, el mundo y la teoría. Sobre ellas ha de vivir la ciencia, y constituyen desde antiguo el objeto de la filosofía. Pero la filosofía actual se debate en torno a estas tres ideas. Ser, mundo y teoría son el título de tres grandes problemas.
Estos tres problemas se hallan planteados, en la filosofía actual, por tres realidades, que constituyen el contenido más real del hombre de hoy.
La historia, la técnica y la urgencia vital convierten en grave problema esas tres ideas, que constituyeron el contenido inconmovible de la filosofía precedente.
El problema de la filosofía de hoy se reduce al problema mismo de filosofar: es la filosofía como problema.
La filosofía, razón creada, fue posible apoyada en Dios, razón increada. Pero esta razón creada se pone en marcha, y en un vertiginoso despliegue de dos siglos, irá subrayando progresivamente su carácter creado sobre el racional, de suerte que, a la postre, la razón se convertirá en pura criatura de Dios, infinitamente alejada del Creador y recluida, cada vez más, en sí misma. Es la situación a que se llega en el siglo XIV.
Solo ahora, sin mundo y sin Dios, el hombre se ve forzado a rehacer el camino de la filosofía, apoyado en la única realidad subsistente de su propia razón: es el nacimiento del mundo moderno.
Alejada de Dios y de las cosas, en posesión, tan sólo, de sí misma, la razón tiene que hallar en su seno los móviles y los órganos que le permitan llegar al mundo y a Dios. No lo logra. Y, en su lugar, a fuerza de intentar descubrir estas vertientes mundanales y divinas de la razón, acaba por convertirlas en la realidad misma del mundo y de Dios. Es el idealismo y el panteísmo del siglo XIX (el panteísmo es una creencia o concepción del mundo y una doctrina filosófica según la cual el universo, la naturaleza y Dios son equivalentes).
El resultado fue paradójico. Cuando el hombre y la razón creyeron serlo todo, se perdieron a sí mismos: quedaron anonadados. El hombre del siglo XX se encuentra más solo aún; esta vez, sin mundo, sin Dios y sin sí mismo.
Intelectualmente, no le queda al hombre de hoy más que el lugar ontológico donde pudo inscribirse la realidad del mundo, de Dios y de su propia existencia. Es la soledad absoluta. A solas con su pasar, sin más apoyo que lo que fue, el hombre actual huye de su propio vacío. Huye de sí, hace transcurrir su vida sobre la superficie de sí mismo. La existencia del hombre actual es constitutivamente centrífuga y penúltima.

Bibliografía utilizada: “Nuestra situación intelectual”, Xabier Zubiri

14/12/2015

LA VERDAD Y LA CIENCIA
Esos tres caracteres (1) positivización niveladora del saber; 2) desorientación de la función intelectual; 3) ausencia de vida intelectual) representan las tres desviaciones a que constitutivamente se halla expuesta la vida intelectual.
Toda ciencia tiene como fin último la verdad. Y en la estructura misma de la verdad están ya dados los tres riesgos a que acabamos de referirnos.
La verdad es la posesión intelectual de la índole de las cosas. Las cosas están propuestas al hombre y la verdad consiste en que la inteligencia revista la forma misma de aquéllas. Cuando la inteligencia expresa esta situación sus pensamientos poseen verdad.
La verdad es un acuerdo del pensamiento con las cosas. Todo el problema de la ciencia estriba en llegar a un acuerdo cada vez mayor con la mayor cantidad de cosas. ¿Cuáles son las condiciones de este acuerdo?
En primer lugar, las cosas mismas están “pro-puestas” a la inteligencia; las cosas han de estar presentes al hombre.
Si las cosas estuvieran presentes y manifiestas en todo su detalle y estructura interna, la inteligencia no sería sino un fiel espejo de la realidad. No es esto lo que ocurre, la presencia de unas cosas oculta la de otras.
De ahí que la inteligencia se vea envuelta en una situación azarosa. Necesita aprender a acercarse a las cosas, para que éstas se le manifiesten cada vez más. Este modo o camino de acercarse a ellas es lo que se ha llamado MÉTHODOS, método.
El método es el camino que nos lleva a las cosas, no es un simple reglamento intelectual. La primera condición de la verdad es atenerse a las cosas mismas.
Pero el problema de la verdad no queda agotado con ello. La verdad supone una cierta manera de preguntarse por ellas.
Toda búsqueda supone que el hombre se pregunta por qué ocurre algo, qué es algo, etc. Se trata de un modo concreto de formular esas preguntas genéricas.
Si se quiere hablar de métodos, será un método que nos lleve más bien a forzar a que las cosas nos planteen nuevos problemas. Es un método de interrogación más que de resolución. Así, la matemática sirvió de método de interrogación para la física. La verdad presupone un sistema de cuestiones previas con que la inteligencia afronta la realidad.
La ciencia física moderna nació cuando el científico se decidió a interrogar matemáticamente a la naturaleza. La ciencia necesita saber interrogar a las cosas. Y esta “necesidad” viene impuesta al científico por el mero hecho de proponerse descubrir un orden inteligible en los datos empíricos.
La verdad es algo más que un hecho: es una necesidad. El hombre necesita saber cómo van a ir ocurriendo las cosas, si no quiere verse perdido entre ellas.
La necesidad de la verdad es un fenómeno de estructura biológica, y como toda la vida, la de la inteligencia ha de obedecer por lo menos a la ley del máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo.
La ciencia es previsión. Como se decía hace cincuenta años, la economía del pensar lleva a medir los fenómenos con precisión y a encasillarlos en fórmulas matemáticas. La verdad es un acuerdo con las cosas, pero sobre todo con las cosas futuras.
La vida intelectual es progresiva creación de fórmulas que permiten manejar la realidad con el máximo de sencillez. Su verdad se mide tan sólo por su eficiencia. Es el pragmatismo, prolongación natural del positivismo.
La verdad es el valor de la inteligencia. Y como todo valor, no existe sino por el sentido que adquiere en una situación. Cada época, cada pueblo, tiene su sistema de valores, su diverso modo de entender el universo pero reflejo siempre de una situación histórica, sin que ninguno tenga derecho a arrogarse el carácter de único y absoluto. Es el historicismo, aliado fácil del pragmatismo.
Positivismo, pragmatismo e historicismo son las tres grandes desviaciones a que en una u otra forma se halla expuesta la verdad por su triple estructura intelectual. La verdad es expresión de lo que hay en las cosas; y entendidas éstas como meros datos empíricos, se desliza suavemente hacia el positivismo.
La realidad no se conquista sino en un modo de interrogar la realidad; y entendido este interrogatorio como una necesidad humana de manejar con éxito el curso de los hechos, se deriva hacia el pragmatismo. La verdad no existe sino desde una situación determinada; entendida ésta como un estado objetivo del espíritu, se sumerge en el historicismo. Tres desviaciones que no son independientes.
El carácter disperso y nivelador del saber es el resultado natural de la actitud positivista. El tecnicismo de nuestra labor científica no es sino un pragmatismo en marcha.
La vida intelectual es un esfuerzo por ordenar los hechos en un esquema cada vez más amplio y coherente; es un enriquecimiento de la enciclopedia del saber. Es un esfuerzo por simplificar y dominar el curso de los hechos: es la técnica eficaz de las ideas.
La vida intelectual es nuestra curiosidad europea. Y en los tres casos, el mero enunciado de la fórmula hace detenerse a quien quiera acercarse hoy a una profesión intelectual. Son tres concepciones que expresan más que la índole de la ciencia, el riesgo inminente de su interna descomposición.
La verdad comenzó como un acuerdo con las cosas, o como un esfuerzo por estar de acuerdo con ellas. Pero en esta idea del “acuerdo” se encierra un grave equivoco que es menester esclarecer. Escuchando estas diversas concepciones de la ciencia, se observa que en todas ellas se subraya cada vez más el esfuerzo por llegar a este acuerdo; tan enérgicamente que se tiene la impresión oculta de que la situación primaria del hombre sería carecer de cosas. La ciencia consiste en darnos cosas, de que primaria y radicalmente estaríamos desposeídos.
Se trata de saber si por su propia cualidad interna esa privación de objeto es o no radical para la inteligencia. Y eso ya no es cuestión de ciencia, sino algo que afecta a la estructura general del pensar en cuanto tal.
Por analogía con el presunto “mundo sensible”, se propende a creer que la función primaria del pensar sea formar ideas, de la misma manera que los sentidos. El pensar sería una especie de sensibilidad o sensación intelectual.
Las ideas son más bien el resultado de la actividad pensante. El pensamiento no tiene su raíz en una mera impresión; o no es la impresión lo que constituye la índole misma del pensar.
El pensamiento no puede recibir impresión ninguna sino es desdoblando su contenido. El acto más elemental de pensar desdobla la cosa en dos planos: la cosa que es y aquello que ella es.
El “es” es la estructura formal y objetiva del pensar. Para el pensamiento, las cosas no son impresiones suyas, no son simplemente algo con que el pensamiento tropieza, sino que el modo de “tenerlas” es paradójicamente “colocarlas a distancia” entendiendo que “son”. Las cosas “son” de tal o cual manera.
La diferencia entre los sentidos y el pensar es una diferencia de colocación frente a su objeto: los sentidos “tienen” impresiones, el pensar entiende que “son”. Sin esta primaria dimensión objetiva del pensar no puede hablarse de pensamiento. Es lo que distingue radicalmente el ser de toda forma de tener. El más modesto de los datos sensibles es para el pensar una expresión de algo que es.
Gracias a este desdoblamiento constitutivo del “es”, el pensar se encuentra ante unas cosas, entendiendo de ellas lo que son. A este entender lo que son, es a lo que se llama ideas. No es la idea principio, sino resultado de la función pensante. Y por esto también, las ideas aun estando en mí, son de las cosas.
El pensamiento es cierto que tiene que conquistar cosas, pero es porque está ya previamente moviéndose en ellas. La verdad supone siempre un previo estar en ellas.
Hay una verdad radical y primaria de la inteligencia: su constitutiva inmersión en las cosas. Por esto puede proponerse estar o no de acuerdo con ellas, porque previamente está con ellas y en ellas. La verdad, como un acuerdo entre una afirmación y una realidad, es siempre algo secundario y derivado; hay una verdad primaria, que es la que plantea la necesidad de discernir unas cosas de otras, y de decidir este discernimiento con el logos. A las tres condiciones de la verdad, a que antes se aludía, les sea constitutiva una primaria e inadmisible unidad entre el pensamiento y las cosas.
El pensamiento actual en la ciencia tiende a la pérdida de su objeto: las cosas. Esta pérdida es la esencia común a los tres rasgos de nuestra situación intelectual. Se acaba por no saber qué se sabe ni qué se busca. Pero si considera la ciencia como una penetración cada vez más honda y más extensa en un mundo de objetos en que constitutivamente estamos inmersos, todo cambia súbitamente de aspecto.
El POSITUM no es una mera impresión sensible; la simplicidad en el manejo de los fenómenos no es una ciega utilidad biológica; la situación histórica en que nos hallamos colocados no es una mera forma objetiva del espíritu. En cualquiera de estos tres aspectos, el pensamiento y el hombre no pueden concebirse ni entenderse si no es en y con las cosas.
Las tres condiciones esenciales de la verdad no pueden identificarse con el positivismo, con el pragmatismo y con el historicismo. La ciencia no es una simple adición de verdades que el hombre posee, sino el despliegue de una inteligencia poseída por la verdad.
Las ciencias ya no se hallan meramente yuxtapuestas, sino que se exigen mutuamente para captar diversas facetas y planos de diversa profundidad, de un mismo objeto real. La vida intelectual es un constante esfuerzo por mantenerse en esta unidad primaria e integral.
Los tres caracteres que hemos apuntado definen, por alguno de sus rasgos, nuestra situación, y ponen de manifiesto la urgente necesidad de la reconquista de este sentido del objeto. No se trata de una mera reconquista, sino de un replanteamiento radical del problema.

Bibliografía utilizada: “Nuestra situación intelectual”, Xabier Zubiri

09/12/2015

NUESTRA SITUACIÓN INTELECTUAL

LA FUNCIÓN INTELECTUAL
Sobre la CONFUSIÓN EN LA CIENCIA diremos que una “CIENCIA” es ciencia, y no simplemente una colección de conocimientos, en la medida que se nutre formalmente de sus principios, y en la medida en que, desde cada uno de sus resultados, vuelve a aquéllos.
La primera confusión que reina en el panorama científico actual se debe a la confusión acerca del objeto de cada ciencia.
No existe diferencia ninguna de rango entre los diversos saberes de la humanidad actual. Todos los saberes poseen el mismo rango.
Toda ciencia parte de un POSITUM: el objeto, que “está ahí”, y no lo considera sino en tanto que está ahí. Todas las ciencias han de ser equivalentes en cuanto ciencias, porque todas son “positivas”. La radical positivización de la ciencia actúa como un principio nivelador.
Respecto de la DESORIENTACIÓN EN EL MUNDO, las ideas se convierten en esquemas de acción, en recetas y etiquetas. La ciencia degenera en oficio, y el científico en clase social: el “intelectual”.
En referencia al DESCONTENTO del científico CONSIGO MISMO, observamos que en el científico, sus métodos comienzan a tener muy poco que ver con su inteligencia. Los métodos de la ciencia van convirtiéndose en simple técnica de ideas o de hechos (una simple técnica de ideas o de hechos); pero han dejado de ser lo que su nombre indica: órganos que suministran evidencias, vías que conducen a la verdad en cuanto tal.
Lo que confiere rango a la producción científica es el sentido que posee en orden a la intelección de las cosas, a la verdad. Por este sentido, es el hombre rector de su investigación y se afirma en plena posesión de sí mismo y de su propia ciencia. En este conjunto de métodos y de resultados de proporciones monumentales, la inteligencia del hombre actual, en lugar de encontrarse a sí misma en la verdad, está perdida entre tantas verdades.
El intelectual se ve invadido por un profundo hastío de sí mismo, que asciende, como una densa niebla, de ejercicio de su propia función intelectual.
Y es que sus saberes y sus métodos constituyen una técnica, pero no una vida intelectual.
Para que la ciencia nazca y continué existiendo, hace falta algo más que la nuda facultad de producirla. Hace falta que se den ciertas posibilidades.
El hombre ha ido tejiendo un sutil y vidrioso sistema de posibilidades para la ciencia. Cuando se desvanecen, la ciencia deja de ser viva para convertirse en producto seco, en cadáver de la verdad.
La ciencia nació en una vida intelectual. No cuando el hombre estuvo en posesión de verdades sino cuando se encontró poseído por la verdad.
El científico de hoy ha dejado muchas veces de llevar una vida intelectual. En su lugar, cree poder concentrarse con sus productos, para satisfacer, en el mejor de los casos, una simple curiosidad intelectual.
Tenemos definida una situación por algunos de sus caracteres esenciales: 1) positivización niveladora del saber; 2) desorientación de la función intelectual; 3) ausencia de vida intelectual.
La realidad de esos tres caracteres constituye el peligro radical de la inteligencia, el riesgo inminente de que deje de existir la vida en la verdad. En esta trágica lucha en que se decide la suerte de la inteligencia, el intelectual y la ciencia se ven subsumidos, a un tiempo, en una peculiar situación, en nuestra situación. Lo primero que debe hacerse es aceptarla como una realidad de hecho y afrontar el problema que plantea: la restauración de la vida intelectual.

Bibliografía utilizada: “Nuestra situación intelectual”, Xabier Zubiri

30/11/2015

MOMENTOS DEL PROCESO EN LA INTERVENCIÓN TÉCNICA SOBRE LA RESPONSABILIDAD PENAL JUVENIL

Para comenzar diremos que existe un PRIMER MOMENTO que se puede denominar “CONSTRUCCIÓN SINGULAR DEL CAMPO PROBLEMÁTICO”, en el que la construcción del mapa de problemas nos permite trabajar la singularidad de cada caso, es decir, cómo se expresa el campo problemático en esa situación concreta. Esta singularidad se configura entre dos coordenadas: MEDIDA JUDICIAL y CONTEXTO de INSCRIPCIÓN SOCIAL del JÓVEN.
El mapa de problemas se construye problematizando la realidad del joven, partiendo de una reflexión crítica y dialógica sobre las diferentes dimensiones presentes en el campo problemático: lo vincular subjetivo, lo territorial y lo institucional como principales ejes de organización de problemas y de identificación de recursos.
Concatenadamente, en un SEGUNDO MOMENTO, llamado “DEFINICIÓN de la ESTRATEGIA de INTERVENCIÓN”, expresaremos que entendiendo que el campo problemático es multidimensionado y que las realidades que configuran el mapa de problemas son multicausales, la estrategia de intervención va a articular el abordaje de diferentes líneas de trabajo. El informe inicial deberá dar cuenta de la hipótesis de intervención, los objetivos generales y específicos que delimitarán la estrategia a implementar y deberá contener, no solo la medida judicial sino también el tiempo de cumplimiento de la misma.
A su vez, en un TERCER MOMENTO caracterizado como la “IMPLEMENTACIÓN de la ESTRATEGIA de INTERVENCIÓN”, se vislumbra que el modo en que planteamos la estrategia en términos de relación con el otro es fundamental en la construcción del proceso de participación del joven en las diferentes instancias metodológicas.
Los equipos de Intervención Técnica definirán las herramientas que pondrán en juego para mediar la relación con el joven en términos de apropiación del proceso. La invitación a la REFLEXIÓN y a la ACCIÓN debe ser pensada como un proceso de encuentro, diálogo y producción con el joven. Entendemos este momento como un proceso que deberá ser revisado y/o reformulado a partir de la identificación de facilitadores y obstáculos presentes en las distintas dimensiones.
Por último, llegará el CUARTO MOMENTO, el de la “EVALUACIÓN”, se deberá realizar la misma en función de los objetivos y metas planteados, los resultados alcanzados, los logros, obstáculos y las articulaciones realizadas durante el proceso de intervención.
En esta instancia se deberá preparar en conjunto con el joven el cese de la intervención, lo cual implica por un lado, dar cuenta del grado de cumplimiento de la medida judicial, y por otro, propiciar una actitud crítica y reflexiva del proceso socioeducativo y de responsabilización vivenciado. El INFORME de CIERRE es importante realizarlo en los PLAZOS PROCESALES PREVISTOS.

Bibliografía utilizada: “Jóvenes, Diálogos de Saberes y Responsabilidad Penal Juvenil”, Secretaría de Niñez y Adolescencia, Provincia de Buenos Aires.

24/11/2015

CONCEPCIONES BÁSICAS EN LA RESPONSABILIDAD PENAL JUVENIL

Inicialmente diremos que las MEDIDAS ALTERNATIVAS a la privación de la libertad son un área clave para gestionar políticas que apuestan al trabajo con los jóvenes, priorizando sus Derechos en la construcción de nuevos proyectos de vida.
Se define la política de RESPONSABILIDAD PENAL JUVENIL como los procesos que se configuran desde situaciones complejas, en las que se abordan las posibles relaciones del joven con los procesos de trasgresión a la ley penal.
Los espacios institucionales deben abrirse al diálogo con la comunidad en sus territorios de pertenencia, recuperando aquellas experiencias y saberes en el trabajo con jóvenes que provienen de espacios y prácticas emergentes, alejadas de las lógicas paternalistas y tutelares.
Cuando definimos a los JOVENES debemos tener en cuenta, por un lado, que trabajamos con sujetos que se encuentran transitando un PROCESO PENAL por presunta comisión de un HECHO DELICTIVO y en esa particularidad, por otro lado, debemos reconocer la singularidad del momento evolutivo que se encuentran transitando.
Según BELOFF se han producido cambios importantes en la manera de concebir los derechos de las personas menores de edad. Tal transformación se conoce como la sustitución de la “Doctrina de la situación Irregular” por la “Doctrina de la protección Integral”, que significa pasar de una concepción de los “MENORES” –una parte del universo de la infancia- como objeto de tutela y protección segregativa, a considerar a NIÑOS y JOVENES, como sujetos plenos de derechos”.
Por su parte, Rosana Reguillo, investigadora de la Universidad de Guadalajara, considera que las prácticas y representaciones de los jóvenes deben ser leídas desde un acercamiento, esto significa “hacer hablar al conjunto de elementos que entre los jóvenes apuntan a nuevas concepciones de lo político, lo social, la cultura, las instituciones.
Los jóvenes sufren los problemas de sus contextos y requieren de herramientas para poder superar las situaciones de conflictividad que enfrentan. Diferentes trabajos de investigación sobre JÓVENES y POLÍTICAS PÚBLICAS los reconocen como sujetos con un gran potencial de transformación de su realidad. Creativos y ávidos de nuevos saberes y experiencias, generan fuertes lazos con sus grupos de pares y poseen una gran capacidad para el trabajo colectivo.
La actividad creadora permite al joven desplegar su potencial, sus miedos; sus saberes y sus preguntas. Los ubican en un lugar de acción y compromiso con la tarea, a la vez que ponen en relación con otros. La calve es el acompañamiento y la escucha; la oportunidad del diálogo y la reflexión.
Cuando hablamos de jóvenes que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, nos referimos a situaciones particulares de exposición, de deterioro y/o de exclusión, que condicionan el desarrollo personal pleno, como así también el acceso a derechos.
Reconocer estas situaciones de vulnerabilidad en la que se encuentran los jóvenes implica reconocer la multiplicidad de procesos sociales, económicos, culturales y políticos que atraviesan su contexto de pertenencia, precarizando los lazos de filiación que dificultan al joven y su familia a encontrar espacios de enrolamiento en la vida social.
Estas situaciones colocan a los jóvenes en un riesgo mayor de ser captados por instancias punitivo-represivas del control social, formal e informal. Los jóvenes destinatarios de las políticas de RESPONSABILIDAD PENAL JUVENIL, en su gran mayoría se encuentran en situación de vulnerabilidad social.
En el año 2007 entró en vigencia en la Provincia de Buenos Aires la Ley 13.634 a través de la cual se crea el Fuero Especializado en Responsabilidad Penal Juvenil. Esta Ley es complementaria a la Ley 13.298 de Promoción y Protección de Derechos, y ubica a la Provincia de Buenos Aires como pionera en material de Justicia Penal Juvenil.
Los Centros de Referencia son las instituciones responsables de llevar adelante, de forma descentralizada en todos los Departamentos Judiciales de la Provincia de Buenos Aires “las políticas de Responsabilidad Penal Juvenil en los procesos de trabajo junto a los jóvenes en sus comunidades; desde el diseño de estrategias de intervención singulares, que permitan el acompañamiento en el cumplimiento de las Medidas Judiciales”. Hay 21 Centros de Referencia departamentales en la Provincia de Buenos Aires, uno por cada cabecera de Departamento Judicial, más tres descentralizados.
Las MEDIDAS JUDICIALES, son aquellas resoluciones que disponen tanto los Jueces de Garantías del Joven como los Jueces de Responsabilidad Penal Juvenil, en el marco de un proceso penal seguido a jóvenes entre los 16 y 18 años por la presunta comisión de un hecho delictivo. Estas pueden ser tanto medidas cautelares contempladas en la Ley 13.634 como sancionatorias.
Las medidas alternativas a la privación de la libertad se apoyan y orientan sobre las bases de intervenciones socioeducativas, tomando como punto de partida el contexto socio-familiar del joven tendiente a construir un ciudadano responsable.
Algunas de las medidas judiciales de Integración Social son: 1- Orientación y Apoyo socio-familiar; 2- Obligación de reparar el daño; 3- Trabajo comunitario; 4- Derivación a los Servicios Locales de Promoción y Protección de Derechos; 5- Imposición de reglas de conducta (consiste en la determinación de obligaciones y prohibiciones que el Juez o Tribunal ordenan al joven).
La intervención socio-educativa implica entonces abordar la problemática del adolescente desde una perspectiva integral que contemple al menos dos dimensiones, teniendo la accesibilidad a derechos como condición de posibilidad para abordarlas:
- Una dimensión vinculada a la capacidad de responsabilizarse, en tanto considera al adolescente como un sujeto activo de derechos que puede reconocer y aceptar las consecuencias de sus actos;
- Una dimensión ligada a la realidad material y vincular del adolescente, que posibilite su integración comunitaria a partir del efectivo ejercicio de ciudadanía.
En cuanto a la dimensión de la capacidad de responsabilizarse, se considera al joven “como un sujeto activo de derecho que pueda reconocer y aceptar las consecuencias de sus actos”. Para ello es fundamental promover el fortalecimiento de la ciudadanía juvenil, en cuanto al conocimiento y ejercicio de los deberes y derechos tanto personales, como de los demás actores de la sociedad.
Por su parte, según Margarita Rozas “la construcción de los campos problemáticos no debe ser vista como un proceso endógeno, un proceso que se resuelve al interior de la disciplina, sino como una construcción que exige mediaciones en vínculo con las nuevas condiciones de reproducción material, social, y simbólica por las que atraviesan los sujetos sociales en su vida cotidiana…”.
Toda intervención socioeducativa obedece a una intencionalidad por mejorar la realidad a la que se dirige garantizando el protagonismo del joven. Consiste en planificar y llevar a cabo una estrategia que potencie y propicie herramientas en los jóvenes para transitar procesos de responsabilización.
Las estrategias de intervención técnica que operan sobre la conflictividad penal juvenil deben atender a tres grandes dimensiones que emergen en un contexto más amplio determinado por procesos político/culturales.
Estas dimensiones son:
- Vincular/ Subjetiva/ Familiar: entran en juego aspectos relacionados con la singularidad del joven y de los adultos, con las historias de vida, con lo familiar y lo grupal, con sus deseos, potencialidades, con las capacidades comunicacionales y con cómo construye la relación entre los derechos y las obligaciones. Abordar esta dimensión permite pensar las oportunidades que los jóvenes encuentran de dialogar sobre lo que les pasa, re pensar la mirada propia, poner en cuestión –cuestionar la propia trayectoria, la decisiones tomadas, el modo de relacionarse-. El espacio de diálogo puede constituirse en espacio de resignificación.
Las intervenciones desde esta dimensión se centran en favorecer el reconocimiento, la autoestima, la autonomía, y la confianza del joven.
- Territorial/ Social/ Comunitaria: partimos de entender la complejidad en la cual los jóvenes se inscriben. Para dar cuenta de ello se debe considerar el inter juego de realidades económicas, sociales, laborales, organizacionales, los grupos de pertenencia, la caracterización del ámbito comunitario, la red de recursos, y los modos en que acceden o no los jóvenes a espacio socioeducativos.
- Institucional/ Pública: en esta dimensión recuperamos aspectos vinculados al acceso a la salud, a lo educativo, la relación con lo judicial/legal/penal, las pautas y normas de convivencia, y la visión de los actores que son parte de las instituciones.
Además, sobre el proyecto de vida de los jóvenes podemos decir que resulta necesario abordar junto a ELLOS de qué manera perciben, qué sentido le atribuyen y cómo se proyectan en el futuro, revisando trayectorias familiares, sociales, laborales y educativas.
Finalmente, diremos que abordar la construcción de un proyecto de vida significa no sólo reconocer deseos, esperanzas y horizontes de futuro a alcanzar, significa una lectura que desde el presente permite al sujeto reconciliarse con su historia, poniendo en valor decisiones, acciones, experiencias que alimentan su presente en términos de potencial y capacidad de creación.

Bibliografía utilizada: “Jóvenes, Diálogos de Saberes y Responsabilidad Penal Juvenil”, Secretaría de Niñez y Adolescencia, Provincia de Buenos Aires.

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