29/08/2022
De un papá que no puede ver a su hijo.
Un hijo no es un regalo.
No es un compañero asignado para un hermano.
No es un nieto que los abuelos piden con insistencia.
No es propiedad de mamá o papá.
Un hijo no es una asignatura pendiente.
No viene a cumplir con lo que nos hubiera gustado y no pudimos hacer.
No viene a darle sentido a nuestras vidas.
Ella o el tiene vida y sentimientos propios.
Un hijo no es reemplazo de ningún proyecto truncado ni a una persona perdida.
No es el salvavidas de ninguna persona, ni de ninguna pareja.
Un hijo no viene a completar ni llenar nada.
No es un tapón, no es un acompañante ni un mesias.
Un hijo no es del capricho, es del deseo.
Es un otro desde el comienzo y viene a vivir su propia vida.
Llega a nosotros con su impronta, su temperamento y sus ganas de ser.
Le acompañemos a descubrirse, le permitiremos expresarse con libertad, elegir quien quiere ser y que le gusta hacer.
Aceptaremos desde el comienzo que no puede corresponderse a nuestro ideal, a nuestros mandatos ni tampoco es nuestro reflejo.
Le tomaremos en brazos, le prestaremos el cuerpo, le daremos la mano y dejaremos la distancia necesaria para que se anime a caminar y explorar el mundo.
Y, aunque nos duela verle distanciarse, le esperaremos en nuestro lugar para que si regresa, encuentre nuestro abrazo sin reproches, sin culpas. Colmado de libertad.
Esa es nuestra misión aunque a veces traten de impedirlo.
Hijo mío, hija mía: te libero de salvarme, de cuidarme, de que me des felicidad y de que sientas que "me debes algo"
Que todo lo que llegue a su vida les deje un aprendizaje, aquí los espero siempre con el corazón abierto con el amor de siempre y la esperanza de pronto volvernos a abrazar!
Falta poco, papá los ama!
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