19/04/2024
El día empieza temprano, a veces muy temprano, incluso hay veces que, entre el día y la noche no hay diferencias... ni mucho descanso.
Ojala podría estirar el tiempo, si bebé se hace una siesta aprovecho, hago un escrito por acá, redacto la carta documento para intimar a la prepaga, respondo mensajes de clientes y los audios de mi colega socia que esta en la misma que yo, con voz baja, bien baja, no vayan a despertarse nuestros pequeños ayudantes.
A la vez, mi mente vuela y pienso en que quiero que despierte y jugar, y pasar toda la tarde acostadas en el suelo, viendo como sus ojitos se sorprenden con las cosas más simples de este mundo, como que va pasando una nube, o que una mariposa nos vuela cerca, o cuando se da cuenta que ya se acerca la hora en que llega papá y empieza a llamarlo, para que llegue más rápido.
Trato de volver a la realidad, y enfocarme en lo que estaba haciendo... rápido, preparo las boletas para iniciar ese juicio, se las mandó al cliente para que las pague, abro un archivo en blanco, es momento de empezar esa nueva demanda, el oído biónico que desarrolle desde que me convertí en mamá, cree escuchar unos pasitos, mi mente me dice que me estoy equivocando que siga en lo que estaba, que me lo imagino, pero el instinto de mamá late y resuena diciendo que sí, y tiene razón porque por la puerta aparecen dos ojitos súper brillantes, una cabellera completamente despeinada y una sonrisa de pocos dientes bien blancos que dice: ¡Ayy taaa! Para que no me queden dudas de que volvió después de un sueño reparador, con la energía renovada para desparramar todos los juguetes a mi alrededor. Por un minuto pienso, en que no voy a empezar hoy esa demanda, será mañana tal vez, cuando ella esté en el jardín, y yo con toda mi energía puesta en el trabajo, siendo interrumpida algunas veces por un: ¿a que estará jugando? ¿Me extrañará?, y por la impaciencia de que se acerque el mediodía para que llegue el momento de reencontrarnos.
Ser mamá mientras se ejerce cualquier profesión liberal es sumamente desafiante, lo sé, lo vivo todos los días al ser abogada y trabajar por mi cuenta, también porque conozco a otras mamás profesionales que se enfrentan a los mismos desafíos, algunas, son mamas-amigas-colegas, ellas entienden todo a la perfección: la prioridad son nuestros hijos, su bienestar, para todo lo demás hay tiempo, cuando una de nosotras está en ese caos propio de la maternidad profesional, la otra se encarga de redactar escritos y presentarlos, llamar al Juzgado para que no salga todavía esa cédula, hablar con el cliente impaciente, ir a la audiencia que teníamos preparada hace dos meses. Ustedes saben muy bien de lo que hablo amparandofamilias , yo les digo que: sin ustedes, ser mamá y abogada, no sería posible.
También está ese amigo-colega, empático, siempre pendiente con un ¿Cómo está Celi?, entendiendo que los tiempos de ahora no son los de antes de ser mamá, siempre dispuesto a resolver, colaborar y solucionar. A vos te digo; un GRACIAS proporcional a la cantidad de años que tiene esta amistad.
Nada marcharía sobre ruedas sin un papá con el que mapaternar es tan simple y complejo a la vez, ese que está para un paseito con Celina cuando mamá tiene que si o si presentar ese vencimiento, o que busca del estudio juridico de la colega el convenio firmado para homologar, ni mucho menos sin esa abuela que busca del jardín y cocina el plato preferido para ese día en que mamá tiene una audiencia a las 12 del mediodía, y ese abuelo que tiene el auto siempre disponible por si llueve, o hace frío, o simplemente si tiene ganas de buscar orgulloso a la nieta del jardín, y esos tíos siempre listos para entretener con juegos y bailes, hasta que mamá llega.
Un gracias también, a esos clientes que entienden sin cuestionar, los cambios de turno cuando Celina se enferma, la demora en responder los mensajes, los audios en voz baja o con balbuceos de fondo.
Ser mamá y abogada no es fácil, pero es lo más satisfactorio y gratificante que he hecho en mi vida.
Ojalá todas las mujeres que decidan conjugar el ser mamás y profesionales al mismo tiempo, tengan la misma suerte que yo.