16/06/2026
Tuve el placer de coescribir junto a Roberto Sánchez Vilariño un artículo sobre uno de los debate que, si bien parece “nicho”, tiene consecuencias relevantes el ejercicio de la libertad de expresión en el uso de inteligencia artificial: ¿quién define los límites de lo que una IA puede decir, responder o permitir?
Es basicamente la reformulación de una pregunta tan antigua como vigente: Quis custodiet ipsos custodes? o ¿Quién vigila a los vigilantes?
En el artículo analizamos el papel de los llamados guardrails o barandillas de la IA, esos mecanismos que restringen determinadas respuestas y conductas de los modelos. Si bien suelen presentarse como herramientas de seguridad necesarias, plantean un interrogante más profundo: ¿quién decide qué contenido debe ser permitido, restringido o excluido?
También exploramos fenómenos recientes como los modelos “abliterados” (sin restricciones), el problema de la concentración del poder normativo en manos de empresas tecnológicas, los paralelismos con la moderación de contenidos en redes sociales y la influencia que tienen las decisiones sobre datos de entrenamiento en la construcción de nuestras futuras fuentes de conocimiento.
Más allá de los riesgos de una IA sin límites, la discusión central aborda otra disyuntiva: ¿con qué legitimidad se establecen esos límites, quién los controla y cómo pueden ser revisados?
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