27/03/2026
SPOILER. SOY CRISTIANA
Desde el sillón de casa y con el celular en la mano, todos opinamos sobre lo que el otro debería hacer, cuánto debería soportar, hasta dónde debería aguantar. Opinamos del ab**to, opinamos de la eutanasia… pero pocas veces nos levantamos para acercarnos de verdad, para ver cómo está ese otro, para preguntarle qué necesita, para acompañarlo en su dolor.
Es fácil hablar cuando el sufrimiento no es propio. Es fácil imponer límites ajenos cuando no somos nosotros quienes estamos atravesando el cuerpo, la enfermedad, el miedo o la agonía.
Soy cristiana, y justamente por eso creo en la compasión real, no en la mirada cómoda desde afuera. Creo en un Dios que se acerca, que no juzga desde lejos, que se involucra con el dolor humano.
El caso de Noelia no es un debate abstracto. Es una persona, con nombre, con historia, con sufrimiento concreto. Y frente a eso, más que imponerle lo que “debería” hacer, tal vez lo más humano —y lo más cristiano— es escuchar, respetar y acompañar.
Porque la dignidad también está en poder decidir cómo vivir… y también cómo partir cuando solo queda dolor.