06/12/2024
Todavía recuerdo tu manito en la mía, y lo difícil que se me hizo soltarte ese primer día. La seño de la Salita de los “Sapos Saltarines” me garantizó que si te querias ir antes, me llamaba. Estuve 2 horas mirando fijo el teléfono esperando que sonara. No sonó. Y no solo eso, cuando fui a buscarte casi sin aliento esperando que corrieras a abrazarme, me pediste con carita de ruego “un ratito más, porfis porfis”...
Así siempre: tu independencia, tu capacidad de crecer, tu curiosidad por lo nuevo, tu valentía, y tu seguridad siempre me inflaron de orgullo.
La primaria tuvo el mejor de los inicios, y algunos altibajos en el camino. Cambios de escuela, de guardapolvo a uniforme, y de 14 amigos, a 90 compañeros. MAESTROS que sembraron oro en vos, y otros que pasaron como el viento: despeinando las ideas y los humores. Pero vos seguiste creciendo.
Esperabas la secundaria como ese paso que te hacía más grande dándote alas de adolescente: viajar sola en bondi, almorzar en Mc Donalds, campamento... pero vino la pandemia y nada fue igual. El encierro, las formas impersonales de enseñar, las pantallas frias que no generaban el mismo brillo en tu mirada que un “Bien Pia!” de un profe en carne y hueso, nos desafiaron a buscar otras herramientas con las que emplumar tus alas... Hubo quienes en el encierro encontramos respuestas y recursos, y hubo otros que se quedaron atados a la queja sin poder gestionar este mundo nuevo... Y hubo que virar el barco, buscar nuevos rumbos que estuvieran a la altura... Y encontramos nueva escuela, donde desde el día uno te conocieron por tu nombre, y te permitieron hacerte tu propio lugar, pararte firme, caminar segura, convencerte que sos valiosa y podias, que tu capacidad era enorme, solo había que darte las herramientas pertinentes... Y acá estamos... llegamos…
(Sigo en comentarios)