27/08/2021
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Hay palabras que denigran, excluyen y estigmatizan a las personas con discapacidad. Muchos hablan de discapacitado y discapacitada o utilizan la expresión "especial" o "capacidades diferentes". Otros dicen que "padece" o "sufre" o que es minusválido o disminuido.
Es sabido que el lenguaje construye un mundo, crea realidades y genera significaciones que luego se plasman en acciones, actitudes y hechos concretos. Está lleno de creencias e ideas sobre las cosas y las personas y es por eso que las palabras que utilizamos en nuestra vida cotidiana no pueden ser casuales sino que contienen una intención. En ese sentido, están cargadas de todo lo que pretendemos decir aunque, muchas veces, no nos demos cuenta. Sin embargo, revisar y corregir los términos parece ser urgente si apostamos a un lenguaje más inclusivo.
En el caso de la discapacidad solemos reproducir muchos conceptos erróneos que perpetúan una lógica de exclusión hacia las personas con discapacidad. Discursos que, lejos de invitar a actuar con empatía, catalogan y etiquetan desde la lástima y compasión centrándose en la falencia, la falla y la pasividad.
Es así que el término “Discapacitado/a” se aleja de ser el término correcto por no focalizar en la persona y reproducir una imagen peyorativa centrada en la falta de una capacidad. En cambio, persona con discapacidad, avalado por la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad a la cual Argentina adhiere, no concibe a la discapacidad como algo prioritario e inherente al individuo sino como una circunstancia en términos de salud, una condición, que en relación al entorno genera barreras. Así, es la sociedad con sus obstáculos la que genera un entorno discapacitante que inhabilita acorde a un “paradigma de la normalidad” que excluye a aquellas personas que no cumplen con los parámetros ideales establecidos.
Muchas veces, en la intención de incluir, se tiende a generar eufemismos y ciertos discursos que a simple vista parecen aceptar al otro pero, por el contrario, tienden a posicionar a la persona con discapacidad desde una perspectiva pasiva y no como un sujeto de derecho. Es el caso del término “especial” o la expresión “capacidades diferentes” que enfatizan socialmente la diferencia e infantiliza a las personas con discapacidad. Así es que ellas no cuentan con super poderes. Lejos de eso, las capacidades que pueden tener son las mismas que cualquier otra persona. En ese sentido, son las formas las que varían de persona a persona.
Fuente: https://www.ambito.com/