17/10/2023
"En aquel amanecer del 17 de octubre, todo estaba listo, organizado, y con una sincronización perfecta. Las principales columnas partieron de Berisso y Ensenada, compuestas por hombres y mujeres de los frigoríficos. En su tránsito hacia la Capital por los caminos Gral. Belgrano y Centenario, se le agregaban grupos de manifestantes. A los gritos, coreando estribillos, parando cuánto vehículo se cruzara, desde un carro a un colectivo, continuaban la marcha. Los trenes de la zona habían paralizado los recorridos porque la gente se amontonaba en las vías para impedir cualquier intento. Sus trabajadores se sumaban a las caravanas. Por la Av. Pavón avanzaban los contingentes de obreros de Lomas de Zamora, Temperley, Lanus, Escalada, Gerli; la gente de las metalúrgicas, de las fábricas de vidrio, de los astilleros, a las que se sumaban en cada tramo los textiles, los petroleros y portuarios. También se movilizaba el norte. Las primeras columnas provenientes de Olivos y Vicente López avanzaban por Maipú hacia Cabildo, otras por la rotonda de la General Paz. Varios grupos, desprendidos de ellas, fueron a reunirse al Hospital Militar, dónde, según se supo, desde temprano se encontraba internado Perón. Cuando la primera concentración procedente del sur alcanzo el puente Barracas, los manifestantes vieron que las pasarelas comenzaban a levantarse. Mientras los más ansiosos se tiraron al agua agarrados de algunos troncos que había en la orilla del Riachuelo, otros se subieron a unos botes y empezaron el cruce remando con las manos y muchos corrieron a los gritos de "¡Vamos por el puente viejo!". En tanto los restantes esperaron ante la valla del río, hasta que al fin el puente volvió a bajar. La multitud se movilizó nuevamente. YA NO HABRIA QUIEN LA DETUVIERA" Fragmento de Eterna de Mabel Pagano.