28/03/2026
¡Vaya noticia!
La partida física de un ser querido nunca es fácil de tolerar. Sin embargo, desde el inicio de la presente década he tenido que atravesar varios duelos.
En esta ocasión, toca despedirme de otro referente de vida como lo fue mi profesor Rafael Alfonso Tosta Ríos.
Dicen por ahí que nada es más permanente que lo provisional. Y esa provisionalidad sobrevenida en el ahora lejano 2016 me terminó otorgando el privilegio de ser su alumno, y no en una sino en dos ocasiones, en dos etapas cruciales de mi pregrado: Su inicio y culminación.
Como profesor de primer año, me enseñó la importancia de la historia para conocer de dónde venimos, qué hacemos y hacia dónde nos dirigimos como ciudadanos y como profesionales del Derecho. Afianzó mi enamoramiento por mi UCV y por mi Venezuela al tiempo que me motivó aún más a seguir luchando para recibirme como letrado.
Como profesor de quinto año, mantuvo esa ilusión que tenía desde el comienzo de la carrera y me preparó para afrontar los duros retos que surgirían una vez obtuviera mi grado.
Es decir, me recibió y me despidió como estudiante. Celebró conmigo, y luego me volvió a recibir pero como Abogado.
Ya como profesional, me ayudó a conseguir a mi primer representado y me guió en cada decisión que debía tomar al momento de esgrimir su defensa.
Pero su paso por esta vida terrenal no solo dejó huella en este servidor, sino que marcó muchas vidas e instituciones que hoy lamentan esta enorme pérdida.
Por eso -y por muchas otras razones- hoy llora la Academia, lloran sus discípulos, lloran sus seres queridos.
Debo confesar antes de finalizar que de todas las cosas que le debo, quedaron pendientes unas cervezas bien frías (aunque asumo que estamos a mano amén de que también quedaron pendientes unas parrilladas que nos comentó que haría 😂)… Ya será en otra ocasión, supongo. Mientras, tendré que forzarme a aceptar -al igual que muchos- que ahora, las ferias romanas, tendrán lugar en el cielo.
Descansa en paz, ¡colega!