06/12/2026
La Casa Blanca boicotea un acto con Zohran Mamdani y deja caer la posibilidad de arrestar al presidente colombiano mientras apoya abiertamente a la ultraderecha en Colombia
WASHINGTON YA NI SIQUIERA DISIMULA
La Administración Trump acaba de dar otro paso en esa deriva imperial cada vez más obscena donde Estados Unidos ya no se limita a presionar gobiernos extranjeros: ahora amenaza directamente a presidentes elegidos democráticamente si no encajan en su tablero ideológico. Gustavo Petro iba a participar este viernes en Nueva York en un acto público junto a Zohran Mamdani para hablar sobre democracia en América Latina. Nada especialmente clandestino. Nada ilegal. Un debate político en plena ciudad que presume de ser símbolo global de libertad de expresión. Pero el Departamento de Estado decidió intervenir y hacer llegar al Gobierno colombiano que no veía con buenos ojos ese encuentro. Traducción diplomática: amenaza velada. O no tan velada. Según revela The Washington Post, en Washington se interpretó incluso como un aviso de que podrían intentar aplicar las sanciones estadounidenses que pesan sobre Petro para justificar un eventual arresto.
La escena es grotesca. EEUU permite la entrada de Petro únicamente porque el acuerdo con Naciones Unidas obliga al país anfitrión a dejar acceder a dirigentes internacionales que participan en actividades de la ONU. Petro preside este mes el Consejo de Seguridad. Pero fuera de ese perímetro institucional, la Casa Blanca trumpista actúa como si pudiera decidir con quién puede hablar, dónde puede aparecer y qué debates son aceptables. El mismo país que se presenta como garante mundial de la democracia convierte la política internacional en un sistema de permisos ideológicos donde reunirse con determinadas figuras progresistas pasa a verse como una provocación.
EL APOYO DE TRUMP A LA ULTRADERECHA COLOMBIANA
Todo esto ocurre, además, el mismo día en que Donald Trump ha salido públicamente a apoyar al candidato ultraderechista colombiano Abelardo de la Espriella frente a Iván Cepeda en la segunda vuelta presidencial del próximo 21 de junio. Y no lo ha hecho con sutileza diplomática precisamente. Ha prometido a Colombia “el apoyo y la fuerza total” de Estados Unidos si gana el candidato ultra, mientras calificaba a Cepeda de “marxista radical”. Otra vez el mismo lenguaje de Guerra Fría reciclado para justificar injerencias modernas. Otra vez el anticomunismo convertido en coartada para intervenir políticamente en América Latina.
La fotografía es bastante clara. Mientras Washington amenaza indirectamente a Petro, bendice públicamente a un candidato que admira a Milei, Bukele y el modelo de mano dura reaccionaria que la extrema derecha intenta exportar por todo el continente. Ya ni siquiera se esfuerzan en aparentar neutralidad institucional. El trumpismo internacional funciona como una red política global que premia gobiernos alineados y castiga cualquier proyecto progresista que cuestione la subordinación geopolítica tradicional de América Latina.
Lo más inquietante quizá no sea siquiera la amenaza en sí, sino la normalización. Que un presidente estadounidense pueda insinuar apoyo total a un candidato ultra extranjero mientras otro mandatario latinoamericano recibe advertencias por participar en un acto político en Nueva York debería provocar un escándalo internacional gigantesco. Pero el mundo se está acostumbrando peligrosamente a que el autoritarismo venga envuelto en banderas, discursos sobre seguridad y promesas de “orden”. Y cuando el imperio deja de fingir neutralidad democrática, lo que aparece debajo ya no es diplomacia. Es puro chantaje político internacional.