06/19/2025
Hoy me siento más orgullosa que nunca de ser Venezolana , de mi origen, de la crianza que recibí, de la familia que me formó. Esa familia que no se abandona, ni siquiera en los peores momentos. Esa que te enseña a reconocer el valor de cada persona, lo que nos deja, y a cuidar la sabiduría hasta el último suspiro.
Hoy leí algo en Facebook que me tocó profundamente. Y sentí que todo tiene un propósito, que incluso las pruebas más duras llegan con una razón: enseñarnos a reinventarnos, a practicar la resiliencia y a honrar nuestro cuerpo y nuestra mente hasta el final de nuestros días.
Mi madre, una mujer de gran sabiduría, solía decir:
“Mamita, no es viejo quien tiene años, es viejo quien dejó de vivir.”
Y tenía razón. Mientras tengamos vida, tenemos la posibilidad —y el deber— de seguir creciendo, de hacer cosas por nosotros mismos, de trabajar en ese legado interior que es lo más valioso que podemos dejarle al mundo.
Ella también me enseñó algo que llevo en el alma:
la resiliencia.
El impulso de levantarse una y otra vez, de no rendirse, de caminar incluso cuando hay piedras en el camino. Ese ejemplo de fortaleza me conecta más profundamente con nuestros mayores, con nuestros ancestros, con quienes llegaron antes y nos tendieron la alfombra para que camináramos.
Por eso, hoy quiero hacer una invitación muy sentida:
sigamos amando y cuidando a nuestros viejos, a nuestros abuelos, bisabuelos y ancestros.
Mientras los tengamos entre nosotros, son un tesoro invaluable. No es un sacrificio cuidarlos, al contrario: perdemos vida cuando dejamos de honrarlos.
Porque el verdadero abandono no lo sufre el que parte, lo sufre el que olvida.
Este es mi mensaje de hoy.
Un mensaje que nace del amor, de la lucha, de mis raíces y del profundo orgullo de llevar esta sangre que nos llama, que nos convoca, y que nos recuerda cada día que somos responsables de proteger y acompañar a quienes nos dieron la vida.
Milzys Romero
“Mis hijos me dejaron en un ancianato… y me quitaron todo. Así que decidí construirlo todo otra vez, pero sin ellos.” 🧓🏽🪙
Vinieron un domingo, con sonrisas falsas y cajas vacías. Me dijeron que me llevarían “a descansar”. Me bajaron frente a un hogar de ancianos… y nunca más regresaron. Ya lo habían hecho todo: vaciaron mi cuenta, vendieron mi carro, y me dejaron ahí como si fuera un mueble viejo. Me dolió más que la traición… el silencio. Meses enteros sin llamadas. Ni cumpleaños. Ni un “¿cómo estás?”. Solo soledad y techo compartido con otros como yo: olvidados. 💔📦
Pero en esa tristeza encontré algo que nadie esperaba: talento. Uno hacía muebles con las manos, otro era contador jubilado, otro sabía coser, uno pintaba como un genio. Y yo… yo todavía tenía cabeza para hacer negocios. Les propuse una idea: montar una pequeña marca de productos hechos por nosotros, los “viejos”. Ellos se rieron al principio. Pero luego, con lo poco que teníamos, empezamos: cojines, cuadros, agendas. Le pusimos de nombre “Manos Sabias”. 🧠🧵
Vendíamos por internet, los nietos de algunos nos ayudaban con redes, y poco a poco los pedidos crecieron. Salimos en una nota de televisión. Luego en revistas. En dos años, montamos una fundación, creamos empleo para más de 120 adultos mayores en hogares como el mío. Hoy tenemos una planta, una tienda física, y distribuimos en todo el país. Cada producto que vendemos dice lo mismo: “hecho por alguien que el mundo olvidó, pero que aún tenía mucho por dar”. 🛍️📈
Hace poco, mis hijos vinieron a buscarme. Perdieron todo lo que robaron. Me pidieron ayuda. Les ofrecí algo mejor: trabajo. Les dije: “Aquí no se hereda nada… todo se construye”. Solo uno aceptó. El otro se fue con la cabeza baja. Yo ya no tengo rencor. Porque lo que me dejaron como abandono… yo lo transformé en propósito. Hoy soy más que un padre. Soy el fundador de una familia que nadie ve… pero que vale oro. 👥💼
“No todos los que te dan la espalda te derrotan… a veces, solo te empujan hacia tu verdadero destino.” 🔁🔥
– Don Álvaro Castaño