26/02/2026
⚖️📰 Johann Multhuaptff Navarro | LIBERTINAJE DE INFORMACIÓN
En una democracia, la libertad de información es un oxígeno: permite fiscalizar al poder, revelar abusos y defender a los ciudadanos. Pero ese mismo derecho exige un mínimo de coherencia ética en quienes lo ejercen. Cuando un comunicador se presenta como “pulcro”, juez de la moral pública, y al mismo tiempo su nombre aparece asociado a una intervención policial por presunto cobro de dinero para frenar la difusión de un reportaje, la confianza se rompe.
En marzo de 2024, la prensa reportó que David Jiménez Hernández fue detenido tras una denuncia puesta por el funcionario público de la municipalidad de Santiago Masías Olivera por la exigencia de S/ 10,000 para no emitir un material periodístico, dentro de un operativo descrito como flagrancia donde se le encontraron en el bolsillo derecho S/ 4,000.00 (CUATRO MIL SOLES), que posteriormente fueron verificados y comparados con los que se habrían entregado, como consta en el acta de intervención policial. Ese hecho, por sí solo, debería obligar a cualquier periodista responsable a transparentar su situación y someterse al mismo escrutinio que exige a los demás.
Y sí: la ética pública también opera con estándares. Quien interpela a todos desde la tribuna mediática debe aceptar que su propia conducta sea evaluada con la misma vara.
La población no está obligada a creerle a nadie “por pantalla” o “por micrófono”. La credibilidad se gana con independencia, rigor y conducta intachable. Si el periodismo se usa como garrote amenazando con un reportaje y el dinero como borrador para guardarlo, eso no es libertad de información: es mercantilización de la verdad. Y cuando aparecen señales tan graves, lo sensato es aplicar higiene cívica: contrastar fuentes, desconfiar de la “denuncia” con agenda y retirar legitimidad social a quienes convierten el micrófono en herramienta de presión.
Defender la libertad de información también es defenderla de sus falsos custodios. ⚖️