13/12/2025
¿Por qué el básquet peruano fue expulsado del escenario internacional? El problema nunca estuvo en la cancha, sino en la institución que debía representar al país ante el mundo. La desafiliación de la Federación Deportiva Peruana de Baloncesto (FDPB) de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) es la consecuencia de una crisis institucional prolongada, caracterizada por la ausencia de autoridades legítimas, la falta de control efectivo y la imposibilidad de realizar procesos electorales válidos conforme a los estándares del deporte internacional.
El 18 de junio de 2021, la FIBA comunicó oficialmente que su Congreso Intermedio, realizado el 3 de junio del mismo año, decidió la expulsión definitiva de la Federación Peruana de Baloncesto, luego de una suspensión impuesta en 2018 y confirmada en 2019. ¿Por qué se llegó a este punto? Porque, pese a las elecciones realizadas en 2016, a la intervención del Instituto Peruano del Deporte y a la conformación de múltiples grupos de trabajo, nunca se logró restablecer un gobierno federativo real. No hubo control institucional, no hubo legitimidad y no se cumplieron los requisitos mínimos exigidos para representar a un país en el ámbito internacional.
¿Significó esta expulsión el fin del básquet peruano? Claramente no. Y este es un aspecto que no puede soslayarse. En la misma comunicación que notifica la expulsión, la FIBA fue expresa al señalar la solución: la conformación de una nueva Federación Nacional de Baloncesto, en coordinación con los actores nacionales pertinentes. No se habló de reactivar, regularizar ni “reconocer” a la entidad expulsada. Se habló, con claridad, de empezar de nuevo. Desde el punto de vista jurídico, el camino quedó definido desde el primer momento.
Entonces, ¿puede una entidad sin afiliación internacional seguir denominándose federación? La respuesta es no. ¿Puede el Comité Olímpico Peruano reconocerla o avalarla? Tampoco. Sus propios estatutos son categóricos. El artículo 6 establece que el COP solo reconoce a una federación nacional por deporte cuando esta se encuentra afiliada a su respectiva federación internacional reconocida por el Comité Olímpico Internacional, mientras que el artículo 7 dispone que una organización deja de pertenecer al COP cuando pierde dicha afiliación. No se trata de interpretaciones ni posturas políticas, sino de normas expresas: una entidad expulsada pierde su estatus federativo dentro del sistema olímpico nacional.
A ello se suma una pregunta inevitable: ¿es viable reconstruir un deporte sobre una estructura quebrada? La realidad evidencia pasivos millonarios, cuentas embargadas y una deuda coactiva cercana a los dos millones de soles. Pretender continuidad en esas condiciones no solo resulta jurídicamente inviable, sino institucionalmente irresponsable. Mantener esa estructura implica trasladar deudas, conflictos y responsabilidades a una nueva generación que no los generó.
Entonces, ¿cuál es la salida real? No una confrontación ni una imposición. La solución radica en la creación de una nueva Federación Nacional de Baloncesto, con una base asociativa legítima, representativa a nivel nacional, con partida registral y RUC limpios, y con un proceso excepcional conducido por el Instituto Peruano del Deporte que garantice legalidad, transparencia y posterior reconocimiento internacional por parte de la FIBA.
El derecho deportivo no admite atajos. Sin legitimidad institucional no existe representación internacional posible. Pero más allá de la norma, existe una responsabilidad con los deportistas, jóvenes que entrenan sin saber si algún día podrán representar al país.
Abog. Marko Quiroz Grados