18/03/2026
Esta semana me volvió a pasar algo que, por desgracia, cada vez vemos más en el sector inmobiliario.
Primero, una persona me contacta porque tiene el teléfono de un propietario que quiere vender una propiedad.
Hasta ahí podría parecer una colaboración profesional.
Pero cuando profundizas un poco más aparece el problema.
No es asesor inmobiliario.
No trabaja en una agencia.
No tiene actividad formal en el sector.
Aun así, la propuesta fue muy clara:
“Si te paso el contacto, quiero el 50% de la comisión.”
Curiosamente, no fue el único caso.
Ese mismo día un conocido me comenta que su jefe está interesado en invertir en bienes raíces.
Mi reacción fue la natural:
si la operación se concreta, con gusto reconozco un referido del 25% de la comisión que yo gane.
Pero la respuesta fue exactamente la misma:
“No, quiero el 50%.”
Sin participar en la operación.
Sin asumir responsabilidades como:
• revisar documentación
• analizar el mercado
• coordinar visitas
• negociar condiciones
• estructurar la operación
• acompañar el proceso legal
Sin considerar todo lo que hay detrás del trabajo de un asesor inmobiliario:
Años de experiencia, capacitación, certificaciones, matrícula, impuestos, contabilidad, cumplimiento normativo… y sobre todo la responsabilidad profesional que asumimos en cada operación.
Y entonces surge una pregunta que creo que el sector debería hacerse con mucha honestidad:
¿Qué significa realmente ser asesor inmobiliario?
Porque hoy vemos tres formas de participar en este negocio.
Hay quienes lo ven como un pasatiempo.
Aparece una oportunidad, conocen a alguien que quiere vender y esperan una comisión.
Otros lo viven como un oficio.
Ya tienen experiencia, conocen el mercado y viven de esto.
Pero también existe un tercer nivel:
La profesión inmobiliaria.
Y ahí la conversación cambia por completo.
Porque cuando lo tomas como profesión entiendes que no se trata solo de vender una propiedad.
Se trata de gestionar operaciones donde hay patrimonio, implicaciones legales, decisiones familiares e inversiones importantes.
Implica formación.
Implica procesos.
Implica responsabilidad.
Implica apalancarte de especialistas cuando es necesario.
Y lo digo con humildad:
Yo también empecé sin saber muchas cosas.
Con el tiempo entendí que en este sector nadie puede saberlo todo, y que la única forma de crecer es profesionalizarse y rodearse de expertos en las distintas áreas que participan en una operación inmobiliaria.
Por eso creo que cuando normalizamos que alguien que solo tiene un teléfono pretenda el 50% de una comisión, el problema no es el porcentaje.
El problema es confundir una oportunidad con una intermediación profesional.
Si queremos que el sector inmobiliario gane credibilidad, tenemos que empezar a decirlo con claridad:
No todo el que tiene un contacto es asesor inmobiliario.
Y cierro con esta reflexión.
En bienes raíces cualquiera puede tener un teléfono.
Pero muy pocos están preparados para asumir la responsabilidad de una operación.
Ahora sí me gustaría escuchar al sector:
¿Ustedes qué opinan?
¿Un contacto justifica el 50% de una comisión?