25/08/2026
🇮🇨 Tetir, visto con los ojos de un extranjero que lleva 10 años en Fuerteventura
Llevo 10 años viviendo en Fuerteventura.
Y cuanto más tiempo pasa, más me doy cuenta de que esta isla no se puede entender solamente mirando sus playas, sus volcanes o sus paisajes.
Hay que mirar hacia atrás.
Hay que intentar imaginar cómo era esta tierra antes de que llegáramos nosotros, antes del turismo, antes de las carreteras, de los hoteles y de las urbanizaciones.
Hoy me encontré con esta fotografía antigua de Tetir.
La Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, rodeada de tierra, algunas casas y decenas de cabras.
Y me quedé mirándola durante un buen rato.
Porque para alguien que nació lejos de aquí, como yo, estas imágenes tienen algo especial.
Después de diez años viviendo en la isla, uno empieza a sentir que Fuerteventura ya no es simplemente el lugar donde vive.
Empieza a formar parte de uno mismo.
Y entonces descubres que detrás de cada pueblo hay una historia que no siempre conocemos.
Tetir fue durante mucho tiempo un pequeño núcleo rural, un lugar donde la vida estaba ligada a la agricultura, al ganado y a la poca agua que ofrecía esta tierra.
Las cabras no eran parte del paisaje como lo son para nosotros cuando las vemos en una fotografía antigua.
Eran vida.
Eran leche, queso, carne y sustento.
La iglesia era mucho más que un edificio religioso.
Era un punto de encuentro.
Era donde se celebraban los acontecimientos importantes de la comunidad, donde se reunían las familias y donde las campanas marcaban el ritmo de la vida.
La iglesia comenzó a construirse en el siglo XVIII y se convirtió en parroquia en 1777. Su impresionante torre, terminada en 1887, todavía domina el paisaje de Tetir.
Y pensar que, mientras hoy atravesamos la isla en pocos minutos con un coche, durante generaciones las personas recorrieron estos mismos caminos a pie, a caballo o con animales.
Sin electricidad.
Sin internet.
Sin supermercados.
Sin turismo.
Solo tierra, viento, animales, trabajo y comunidad.
Como extranjero, quizá tenga una manera diferente de mirar estas cosas.
No crecí aquí.
No tengo recuerdos de esa Fuerteventura.
Pero precisamente por eso, cuando encuentro fotografías como esta, siento una enorme curiosidad y también un profundo respeto.
Porque después de diez años viviendo aquí he aprendido que Fuerteventura no es solamente una isla para disfrutar. Es una isla para conocer.
Y cuanto más la conozco, más me gusta.
Me gusta la Fuerteventura de hoy.
Pero siento una fascinación especial por la que existía antes de nosotros.
Por esa isla dura, sencilla y auténtica.
Por los pueblos blancos.
Por las gavias.
Por los caminos de tierra.
Por los pastores.
Por las cabras.
Por las campanas de las iglesias.
Por las historias que todavía permanecen escondidas detrás de una pared blanca o de una vieja fotografía.
Quizás vivir en una isla durante diez años te enseñe algo:
no eres tú quien termina descubriendo la isla.
Es la isla la que, poco a poco, termina descubriéndote a ti.
📍 Tetir, Fuerteventura 🇮🇨
Una fotografía antigua.
Una iglesia.
Unas cabras.
Y toda una vida detrás.