11/03/2024
Choquirawa
La Mylai: su historia
En los noventa, yo estudiaba cine en Bélgica. La Mylai, guambrita, vivía también ahí con su hermano y sobrinas. Para los estudiantes extranjeros, los fines de semana podían ser un poco aburridos: nuestros compañeros belgas pasaban con sus familias y a nosotros el clima nos empujaba muchas veces a encerrarnos. Los domingos solían terminar con una comidita improvisada, y unos tragos alrededor de alguna chimenea encendida.
Una vez, en casa de una amiga guatemalteca, alguien sacó unas barras de chocolate negro recién llegaditas y un par de mexicanos se pusieron a preparar un mole poblano… pero sobraban el chocolate, el frío y la lluvia, y la Mylai hizo un pastel de chocolate, con un arequipe que llevaron unos colombianos (y que resultó ser dulce de leche, o manjar como le decían en la casa de mis abuelos en Cuenca). Ese pastel nos dejó boquiabiertos y calladitos a todos, mirando el fuego y pensando, seguramente, cada uno en una abuela de la cual extrañaba la sazón.
Cuando regresó a Quito, la Mylai se puso un emprendimiento maravilloso, Choquirawa. Ella será nuestra invitada a la segunda sesión de Cocina con historias, el jueves 14 a partir de las 17h30. Dejemos que la propia Mylai nos cuente:
“ Mi nombre es Mylai Borja Cornejo. Soy pastelera y chocolatera. Hacer postres es mi estado natural, la pasión que me acompaña todos los días. La herencia de la cocina viene de muchos afectos, desde mi abuela paterna, mi tío y mis tías.
Mi abuela Ñati hacía humitas, quimbolitos, empanadas, morocho, quesillo con miel y algunos platos salados que para mí siempre fueron “golosinas”. Con el tiempo me di cuenta que mi tía abuela era la que más conocía de la cocina; mi abuela era una excelente anfitriona, manifestaba su amor con platos atractivos; una práctica que en muchas de las casas del Ecuador es común, y ofrecía muchos platillos antes del menú principal de tal manera que siempre salimos “muy rellenos” y satisfechos.
De mi Tía Loli aprendí el gusto de la pastelería, ella es una repostera creativa de diseños artísticos, detalles elaborados y atractivos. Por mi Tío Carlos supe que la cocina tiene sabores novedosos con preparaciones poco convencionales.
De mi abuela materna no recuerdo que haya cocinado, pero a través de mi mami seguimos disfrutando sus tamales navideños de harina de maíz únicos y riquísimos, llenos de cositas - aceitunas, cuero de chancho, pollo, refrito de cebolla – que se hacen una sola vez al año. Gracias a ella aprendí a diferenciar el azúcar natural de sus aplicaciones en la repostería. Cuando salía con ella y quería golosinas - helados, carmelos, pasteles, postres - ella respondía “en la casa hay azuquitar”. Gracias a eso aprendí a hacer los primeros postres. A buena hora ella me enseñó a diferenciar la “gue” de la “ge”, como buena educadora que es, todavía vive, tiene 105 años.
Con el tiempo, estudié formalmente cocina general y pude ser parte de la expedición a la Antártida, una experiencia maravillosa y única. Sé que me recuerdan por la variedad de alimentos y sabores… y la cantidad que nos puso “gorditos” a todos.
La pastelería despierta todos los sentidos, está vinculada con los afectos, la amistad, la familia, es un motivo para encontrarse gratamente. Siempre tenemos un lugar y un espacio para comer algo dulce. Para mí siempre es satisfactorio escuchar “qué delicia, nunca he probado algo igual”.
En pastelería, hay que tener destreza y mucha paciencia, rigurosidad, delicadeza y refinamiento. Con los años le he dado prioridad y me he especializado en los productos elaborados con chocolate. El cacao y chocolate que tenemos en Ecuador nos da la posibilidad de tener muchos productos de excelente calidad. Es todo un mundo que se explora continuamente.”
Además de la delicias comestibles que Mylai nos propondrá en el PUKA, va a brindar una cortesía bebible a los presentes: un coctel elaborado con chocolate, el Choquirawa.