30/09/2026
Hoy caminaba por el campus de una universidad en Estados Unidos y vi un hombre tirado en el piso.
No tuve miedo por su seguridad. No pensé que pudo haber sido drogado, tirado, abusado, humillado y olvidado. Mucho menos que otras 7 personas le hubieran causado tal daño.
No lo consideré ni por un segundo.
Estaba tendido en la acera sobre una rejilla de donde salía aire tibio. Estaba maltrecho, sucio y tenía una bolsa de comida a su lado. Mi único pensamiento fue que se había acomodado a dormir.
Era razonable pensar que ese no era su caso porque estadísticamente, ese es el riesgo de una mujer. La estadística marcada por el sistema machista y patriarcal en la que vemos que las mujeres son las víctimas y los hombres por más víctimas que sean, nunca hablarán.
El abuso sexual es un arma de control, dominio y sometimiento. Es de los actos más viles y asquerosos que cometen los humanos. No es difícil de definir, no es excusable y no es algo que solo le pasa a las mujeres. Es un ma***to mal social que se crece en el silencio y la complicidad, se alimenta del machismo tóxico que la sociedad cultiva y venera como droga, sin que hagamos suficiente al respecto.
Ellas no se lo buscan por vestir sensual, como tampoco lo buscan los niños. Ellos no lo buscan por sostener una relación de dominación, como no lo busca una persona con una vida sexual activa y abundante.
¿Qué crianza recibe un abusador o abusadora?
¿Qué crianza recibe un testigo que se queda callado?
¿Qué valores tiene un líder que prefiere evitar el escándalo, que hacer lo correcto?
¿Quiénes sostienen un sistema en el que jovenes van a estudiar y terminan destruye do una vida?
Somos nosotros. Nosotros sostenemos ese sistema.
Sostenemos un sistema en el que criamos sin consecuencias.
Sostenemos un sistema en el que la igualdad no es de Dios.
Sostenemos un sistema en el que el sometimiento, la agresividad y la cobardía son aceptables e inclusive recomendados para mantener el orden.
Sostenemos un sistema en el que los niños son obligados a besar y abrazar en contra de su voluntad.
Sostenemos un sistema que presenta a la humanidad como objetos sexuales para vender.
Sostenemos un sistema que perpetúa la asignación de roles irreales y deshumanizantes a los géneros.
Somos esa gente, bajo el yugo y aún eligiendo ser liderados por el único que pauta: el salvador hombre-blanco y su supremacia.
El hombre tirado en la acera, no era ni blanco ni respiraba privilegio. La joven ultrajada tampoco corrió la suerte. Y mientras las instituciones de poder prefieran la injusticia, la rejilla de esa acera es la única apuesta cálida a la insensatez humana.
Yo, no me salvo. Pero me evalúo y ajusto la educación que como madre enseño en casa, le exijo a mis líderes y jamás me comeré el cuento del hombre blanco que no reconoce su privilegio. El cuento del que no levanta la voz porque "no tiene el poder de hacer nada".
Para ellos y sus fanáticos las mujeres nos vemos mejor calladitas y abusadas. Por eso y por mi responsabilidad en sostener este sistema, me autoimpuse hacer este escrito. No llega a ensayo, pero, me saca del silencio.
Confirmo que no es suficiente y se siente como una burla solo pensar que para otros, un ensayo, una investigación cerrada, ignorar la realidad y barrer la verdad, es suficiente.