02/09/2018
RESPETO: MÉDICOS, ESTUDIANTES Y PACIENTES
La problemática de las actitudes groseras de los médicos hacia los estudiantes o hacia los familiares de los pacientes, no es nueva. Tampoco lo es, esa misma actitud de los familiares hacia los funcionarios de salud de un centro médico. Esas actitudes tienen consecuencias y hay que enfrentarlas en forma adecuada.
Recientes estudios, de varios países, han indicado que los comportamientos groseros de los médicos pueden contribuir a fallos en el tratamiento, a complicaciones evitables o hasta la muerte de los pacientes. Un estudio del Institute for Safe Medication Practices, señaló que el 40% de los funcionarios de un hospital se sentían tan intimidados por un doctor que no expresaban sus inquietudes sobre posibles errores en alguna receta médica (un 7% indicó que el resultado final confirmó el error de prescripción).
En una encuesta realizada entre el año 2004 y el año 2007, en 102 hospitales, un 67% de los encuestados indicaron que consideraban que existía una relación entre el comportamiento disruptivo (sea una conducta verbal o física) y los resultados adversos: señalaron que se en esos casos identificados, se dio un 71% en errores médicos y un 21% en fallecimiento del paciente (Rosenstein, 2008).
FAMILIARES
Los médicos no fueron admitidos a la facultad de medicina por sus habilidades para comunicarse con las personas o por su empatía, por lo que en muchas ocasiones sus acciones de comunicación responden más a sus necesidades de información médica que a las necesidades de las personas afectadas.
Un estudio de salud ha indicado que la comunicación efectiva sobre asuntos importantes como la cercana muerte de un paciente, se asocia con una mejor calidad de vida del paciente y con menos exámenes innecesario y tratamientos.
Por otra parte, también puede haber consecuencias cuando son los familiares de pacientes quienes son los groseros o irrespetuosos: un estudio del 2017 (Pediatrics) estableció una relación entre una acción grosera del familiar y la posterior disminución de la capacidad de trabajo en equipo del personal de salud y una afectación en su capacidad de diagnóstico médico y sus habilidades técnicas.
El médico que es grosero o irrespetuoso con un estudiante de medicina, posiblemente no es el educador que cree es. El médico que es grosero con un paciente o un miembro de la familia, probablemente no es el ser humano que cree que es. Desde el punto de vista de ese paciente o de ese miembro de la familia, para quien la jerarquía médica no es un asunto necesariamente conocido, no podría claramente señalar si se trata de la torpeza de las destrezas de comunicación del médico o se trata de su arrogancia.
El impacto de una comunicación grosera, desdeñoso y agresiva afecta a quien la recibe en forma personal (angustia y abuso de sustancias) y en lo profesional (desmotivación). Esto es importante en el caso de los estudiantes.
No basta con señalar que esas actitudes son poco profesionales, deben identificarse y enfrentarse: cada centro de salud debe elaborar un plan de capacitación sobre destrezas de comunicación, políticas y procedimientos, código de conducta, estrategias de intervención y mecanismos para sancionar y dar seguimiento a esas actuaciones.
Abogado Director:
MSc. RODOLFO NASSAR GUIER
Máster en Derecho Constitucional
Máster en Derecho de Familia e Infancia
Máster en Mediación Familiar
Posgrado en Género y Diversidad Familiar
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