Angélica Sofía

Angélica Sofía Life Coach. Terapeuta con eneagrama y ángeles. Abogada Máster en derechos humanos

Este post no busca revictimizar a nadie. Todo lo contrario. Al haberlo vivido en carne propia, entendí la importancia y ...
22/05/2026

Este post no busca revictimizar a nadie. Todo lo contrario. Al haberlo vivido en carne propia, entendí la importancia y la necesidad de compartir información para que quienes estén atrapados en situaciones similares, tanto hombres como mujeres, reconozcan el patrón y busquen ayuda.

Cuando nos enamoramos, y si a esto le sumamos heridas inconscientes de abandono, rechazo o codependencia, ver las banderas rojas se vuelve muy difícil. O peor aún: las vemos, pero creamos una ilusión y la fantasía de que el otro va a cambiar con "nuestro amor". Así terminamos perdonando cosas que jamás debieron permitirse. Y seamos honestos: después de que se perdona la primera vez sin consecuencias, es muy difícil que la otra persona cambie para bien, porque ya aprendió que puede saltarse el respeto y siempre será recibida de vuelta.

No se trata de no perdonar, sino de saber a quién y qué se le perdona. No eres culpable de lo que te hicieron, pero sí eres responsable de lo que permites y por cuánto tiempo lo permites.

Nadie está exento de caer aquí. Por eso es importante bajar el orgullo y dejar de creer que podemos cambiar a la gente, o que el maltrato, los celos y la posesión se justifican en nombre del amor. Soltar duele y no es fácil; por eso, a veces el paso más valiente es buscar ayuda profesional para cortar el lazo.

Angélica Sofía

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Hace muchos años empecé a buscar. No sabía exactamente qué era, pero sentía que emanaba de mi corazón, porque cada vez q...
21/05/2026

Hace muchos años empecé a buscar. No sabía exactamente qué era, pero sentía que emanaba de mi corazón, porque cada vez que intentaba encontrarlo, mis manos se dirigían hacia él.

​Lo curioso es que también lo busqué afuera: en el sol, en la lluvia, en las montañas y en el mar; en el cielo, en las personas, en los libros y en las iglesias... pero seguía sin encontrarlo. El tiempo me mostró que estaba muy cerca y, a la vez, muy lejos: tan cerca como yo lo permitiera, y tan lejos como mis pensamientos me hicieran creer que no era merecedora de su amor.

​Pero el que busca, encuentra. Y no porque Dios se esconda, pues Él siempre ha estado ahí, sino porque no siempre tenemos los ojos dispuestos a ver. Aunque, en realidad, más que con los ojos, se ve con el corazón.

​Cada maestro, cada religión, cada persona y cada partícula de su creación han sido parte de este caminar, y han sembrado su luz en mi propia divinidad.

​"No camino sola; estoy acompañada por lo eterno. Reconozco en su luz la semilla de mi propia divinidad."

Angélica Sofía

Parece una contradicción, pero es una de las verdades que más liberación me ha traído en mi proceso. Por un lado, es ind...
21/05/2026

Parece una contradicción, pero es una de las verdades que más liberación me ha traído en mi proceso.

Por un lado, es indispensable arrepentirse. Tal y como lo explica la Biblia, el verdadero arrepentimiento (metanoia) significa un cambio radical de mente y de corazón. No se trata simplemente de sentir remordimiento o culpa, sino de tomar la decisión consciente de alejarse de un comportamiento errado. Como dice en Hechos 3:19: “Así que, arrepentíos y convertíos...”. Es un acto de madurez y responsabilidad que nos impulsa a transformarnos.

Pero, por otro lado, también es importante no arrepentirse. Cuando miramos atrás y decidimos no arrepentirnos de nuestro pasado, no lo hacemos desde el orgullo o la soberbia, sino desde la más profunda gratitud hacia nosotros mismos. Es abrazar a esas versiones del pasado, quizás más inocentes, más ignorantes, o más necesitadas y dependientes, que hicieron lo mejor que pudieron con el nivel de conciencia y las herramientas que tenían en ese momento.

​Si no hubiera sido por esos tropiezos, por esas decisiones erradas, hoy no habríamos aprendido las lecciones que nos han hecho mejores. Esos errores fueron el suelo donde caímos, pero también son el suelo sobre el que nos ponemos de pie hoy.

​Por eso, ver ambos conceptos como las dos caras de una misma moneda es sanador: nos arrepentimos para cambiar el rumbo de lo que ya no resuena con nosotros, pero no nos arrepentimos de haber vivido el proceso que nos trajo hasta aquí.

​Angélica Sofía

15/05/2026

El miedo no prospera en la acción; prospera cuando dudas.

Cuando uno se queda pensando si toma acción o no, le está dando el poder a la mente para que cree mil escenarios catastróficos. Recuerda que la mente crea tanto lo bueno como lo malo.

​Decirse "igual lo voy a hacer" corta el pensamiento de todo lo malo que podría suceder. No significa que el miedo desaparezca mágicamente al instante, sino que uno le quita el poder de decidir. Cuando tomas una decisión, al miedo no le queda más opción que encogerse, porque se siente ignorado y rechazado; se siente inferior.

​​El miedo siempre va a intentar protegernos de lo desconocido, pero a menudo nos protege de nuestra propia evolución. Eres tú quien tiene la capacidad de alimentarlo o quitarle su poder.

Angélica Sofía

Tengo la facilidad de salir de la vida de la gente y no volver. No es por orgullo; es que cuando me hacen daño, ya no me...
14/05/2026

Tengo la facilidad de salir de la vida de la gente y no volver. No es por orgullo; es que cuando me hacen daño, ya no me quedo a ver qué más pueden destruir. Me concentro tanto en lo mío, que se me olvida que esa persona todavía existe.

​No nací aprendida. La verdad es que aprendí con los daños: con lo que me hicieron y con lo que permití. Porque me dolió lo que me hicieron, pero me dolió más lo que yo permití. No tengo tiempo para rencores ni venganzas.

​Eso no quiere decir que quien me lastima sea una persona "mala". Todos cometemos errores. Pero cada uno es libre de decidir hasta dónde perdona, a quién deja entrar de nuevo y cuándo dice "no más". Decidir seguir con tu vida sin revivir lo que ya pasó es lo que te dará paz.

​No es necesario estancarse en el resentimiento; con eso no condenas al otro, te condenas a ti mismo. Muchas veces, en la sed de venganza, uno termina convirtiéndose en eso que tanto criticó.

​La mejor venganza es el olvido.

Angélica Sofía

Nos mentimos porque es más fácil vivir en una ilusión cómoda que enfrentar una realidad que nos obliga a tomar decisione...
12/05/2026

Nos mentimos porque es más fácil vivir en una ilusión cómoda que enfrentar una realidad que nos obliga a tomar decisiones que no queremos.

​Es difícil atraparnos en la mentira porque las disfrazamos de "bondad". Decimos: "No se lo cuento para no dañarle su paz", cuando lo que realmente queremos decir es: "No tengo el valor de sostener la mirada mientras digo la verdad". Usamos la paz del otro como escudo para esconder nuestra propia cobardía y el miedo paralizante al conflicto.

​Uno se convence de que está protegiendo a la pareja, al amigo o al otro, pero en el fondo, solo se está protegiendo a uno mismo de la incomodidad. La sinceridad requiere un coraje que no todos están dispuestos a enfrentar, y es más fácil inventar una excusa "noble" que admitir que simplemente tenemos miedo.

​La verdad no mata, lo que mata es la incertidumbre de vivir entre mentiras. Al final, uno no puede construir nada sólido sobre una base de mentiras "piadosas".

​Angélica Sofía

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