22/05/2026
Este post no busca revictimizar a nadie. Todo lo contrario. Al haberlo vivido en carne propia, entendí la importancia y la necesidad de compartir información para que quienes estén atrapados en situaciones similares, tanto hombres como mujeres, reconozcan el patrón y busquen ayuda.
Cuando nos enamoramos, y si a esto le sumamos heridas inconscientes de abandono, rechazo o codependencia, ver las banderas rojas se vuelve muy difícil. O peor aún: las vemos, pero creamos una ilusión y la fantasía de que el otro va a cambiar con "nuestro amor". Así terminamos perdonando cosas que jamás debieron permitirse. Y seamos honestos: después de que se perdona la primera vez sin consecuencias, es muy difícil que la otra persona cambie para bien, porque ya aprendió que puede saltarse el respeto y siempre será recibida de vuelta.
No se trata de no perdonar, sino de saber a quién y qué se le perdona. No eres culpable de lo que te hicieron, pero sí eres responsable de lo que permites y por cuánto tiempo lo permites.
Nadie está exento de caer aquí. Por eso es importante bajar el orgullo y dejar de creer que podemos cambiar a la gente, o que el maltrato, los celos y la posesión se justifican en nombre del amor. Soltar duele y no es fácil; por eso, a veces el paso más valiente es buscar ayuda profesional para cortar el lazo.
Angélica Sofía
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