El proceso organizativo llevado a cabo el año 2009 en la comuna, expresándose en cabildos ciudadanos, reflejo uno de los graves problemas que tiene la Pintana desde sus inicios – descartando para este caso la inserción laboral, la educación, el sistema de salud, entre otros –, y es que en la ciudad no hay espacio para los pobres. En este sentido la comuna se ha poblado con tomas de terreno - que p
or donde se mire son decisiones radicales -, con camionadas de pobladores traídos de las más recónditas poblaciones de Santiago y, por último, con el reparto de subsidios a familias de todas las comunas de Santiago, sin importar las condiciones en que desarrollarán su hábitat, sin servicios ni accesos, menos aún su construcción de identidad comunitaria, es decir, no saber quién es tu vecino. A partir de lo anterior, no es casualidad que vivamos en lugares donde una paloma tiene más espacios para establecer nidos en los techos que un niño jugar en plazas. Que la pasta base reine después de las 10 de la noche y como la premisa era y es “dónde metemos a los pobres” las viviendas sean un dormitorio más amplio para que los trabajadores sigan produciendo a unos pocos. Comprendiendo lo dicho, decidimos formar un comité de allegados, en realidad una agrupación, llamada Techo Ahora, la cual responde a toda una memoria de lucha de los pobladores por el derecho a la ciudad, entendiendo con ello que la política habitacional en su génesis - asumiéndola como la encargada de dar cabida a todos en la ciudad armónicamente –, está diseñada para que el pobre termine en las periferias segregado, marginado, cuando no gentrificado por el mercado y sea, a su vez, un lucrativo negocio involucrando a los privados, que en términos prácticos fuera de solucionar un problema, que en el fondo es una realidad, construya viviendas de metros cuadrados hacinantes, escuálidos espacios de esparcimiento y una nula preocupación por el material utilizado, ya que en la lógica economicista conviene producir y vender más, pero en ningún caso mejor. Con organización, dirán unos, obviamente, pero aún así con comités fortalecidos casi empoderados la política no cambiaría. Luchando, dirán otros, lo que claramente debe ser el motor de cualquier tentativa transformadora. Es así que conocimos más comités, no solo de allegados, sino también de deudores habitacionales, todos coordinados en la Federación Nacional de Pobladores (FENAPO), de la cual ahora somos parte y las dos premisas que teníamos se nos hacen carne. En cuanto a lo local, a partir de los cabildos mencionados se creó la Coordinadora de Comités de Allegados y Sin Casa de La Pintana, en la que también estuvimos activamente en sus gestiones y luchas, pero siempre y en toda instancia con la autonomía que tiene una organización social. Lamentablemente el pueblo no es de victorias y hasta hace poco solo se exigía más en todo, pero de lo mismo, es por ello que desde la federación surge la proposición de la autogestión, lo que no es más que administrar lo que es nuestro para nuestro beneficio, es decir los subsidios. SI SON NUESTRAS CASAS, NOSOTROS LAS HACEMOS
En concreto, el modelo neoliberal para su funcionamiento genera que todo lo que en algún momento era garantizado por el Estado actualmente sea tarea de privados, en definitiva el proceso de postulación a viviendas recae en entidades externas que ven en la casa un jugoso negocio, me explico. Lo primero que realiza la comunidad para postular al subsidio es organizarse en un comité de allegados, asunto que en la práctica lo realizan los pobladores a partir de sus necesidades, sin embargo, desde la década anterior se institucionalizó las Entidades de Gestión Inmobiliaria Social (EGIS) que son las titulares a la hora de cobrar por este supuesto trabajo, así como en toda regla hay EGIS que sí realizan su labor, con la política asistencialista ya sabida y repetida y fracasada hasta el cansancio. La etapa siguiente, para la EGIS, consiste en realizar un diagnóstico de los futuros vecinos que está compuesto el comité, en sus palabras, un Plan de Habilitación Social y generando una propuesta de cómo y cuáles serán las condiciones mínimas que debe tener la comunidad al momento de construir la población, es decir, la entidad nos dice cómo debemos vivir. La tercera fase es entregar este plan a la constructora que realizará el barrio. Antes de esto la EGIS debió haber postulado, junto con los dirigentes del comité, al subsidio en el SERVIU correspondiente, ya que es ahí donde está el sueldo de su trabajo. La ley estipula que la EGIS tiene garantizado aproximadamente económicamente el 30% del total de subsidios entregados al comité gestionado. Lo que viene es la constructora, y es aquí donde debemos aclarar algo: ¿quién construye la ciudad con su trabajo?, los pobladores/trabajadores. No es casualidad que todos tengamos alguna relación con la pega de la construcción, más de algún familiar es maestro; quién no se ha subido a un andamio, por último a caerse… es la misma relación que tenemos con la feria. El asunto es que la constructora con la actual ley de subcontratación terceriza todos los servicios que pueda prestar y en este ámbito es un primero y no un tercero que no está trabajando quien se lleva el dinero, que en el fondo son nuestros subsidios. Además, con el propósito de ahorrar insumos y obtener más ganancias, se prioriza por materiales de baja calidad y en mayor escala, por lo tanto pagamos una vivienda que no tenemos la certeza de cuánto tiempo nos dure. Por último hay labores dentro de la construcción que pueden realizarse sin contratar servicios adicionales, pues como se conoce “el que sabe, sabe y el que no es jefe”, y acá los que trabajan son los maestros. Entre otras labores está la seguridad de la obra que bien organizados los pobladores pueden ejecutar, así también el aseo general del final de la construcción, entre tantos otros, pues bien los maestros serán los jefes de obra y en el fondo se ahorrará con trabajo lo que el mercado nos arrebata. Y al igual que la EGIS, la constructora tiene establecido el 30% de nuestros subsidios como ganancia. Ambas empresas, como cualquier otra, funcionan con dinero, por lo que entre más familias sean las involucradas en el proyecto será más dinero el que se gane, así también será la prioridad por solucionar un problema de Estado, y la gestiones que hagan tendrán urgencia en la medida que el Estado entregue los subsidios a las entidades. Adicional a ello el proceso en el que se adjudican el subsidio y se construyen los hogares no está completamente transparentado para los beneficiados, ya que tramitamos papeles para que se nos entreguen llaves, sin saber que se hace. Un dicho popular reza muy claro “entre más manos sean por las que pase el dinero será menos lo que llega a destino”, es así que prácticamente la mitad de nuestros subsidios está garantizado para las empresas, sin tener ningún control sobre ello. La autogestión en esta línea se inscribe como una forma distinta, incluso funcional al modelo, de construir poblaciones, no tan solo manejando la construcción sino también un avance cualitativo a la hora de la organización de los pobladores. Es claro que cuando el pueblo maneja lo que es suyo comienza el proceso de emancipación en sus decisiones y actos, es dotar de poder a los sin casa. EDUCÁNDONOS
En la vorágine de realizar trámites y gestiones varias con el solo objetivo de tener una vivienda, se obvia que en este proceso es donde se construye la población y todos los que se reúnen casi religiosamente por saber de su casa serán vecinos el día de mañana, y he ahí lo importante, pues la pobla la hace la gente. Por ello considerábamos que si queríamos barrios distintos, con otra conciencia comunitaria, el asunto empieza por casa y la educación debía ser la herramienta para conseguirlo. Así que organizamos la Escuela de Ciudadanía dirigida a todos los pobladores ligados a comités de allegados, la que se constituye como un apoyo de corto plazo, en el sentido de fortalecernos para ejercer ciudadanía y obtener una casa y de mediano plazo, en la línea de fortalecerse para el buen vivir juntos. Para ello tuvimos la oportunidad de contar con el apoyo del colectivo de Profesionales por la Vida Digna, quienes por medio de metodologías participativas de construcción de conocimiento nos fueron dando luces de no solo lo que nos corresponde como derechos sino también de todo lo que poseemos y en este ámbito la importancia de reconocer que las personas y organizaciones son portadoras de una cultura que les permite apreciar su realidad y tomar decisiones para mejorarla, ya que como se señala críticamente en el planteamiento de la escuela “el saber experto que proviene de las prácticas sociales, esto es, de la experiencia de hombres y mujeres, queda devaluado política y técnicamente como conocimiento con capacidad de dar rumbo a la sociedad; desde esta mirada, las personas deben ser ‘educadas’: representan un recipiente vacío que debe ser llenado desde fuera, por el que sí sabe, el experto”. La primera parte de la escuela estuvo coordinada por Humberto Abarca, durante los meses de julio y agosto, abordando la temáticas de participación en América Latina, historia del movimiento de pobladores, gestión comunitaria, estrategias y técnicas de liderazgo participativo, inclusión social, entre otros. Todos con preguntas y trabajos grupales muy provechosos, donde nos fuimos conociendo fuera de la reunión y la marcha, en la que se desgarraron historias y anécdotas, escenario en el cual nos asombramos de lo mucho que tenemos que aprehender de nosotros mismos. Por último, como decíamos anteriormente, el Estado jamás ha pensado la ciudad para los pobres, más bien los cuenta, categoriza, focaliza y finalmente los margina. Las viviendas, hasta nuestros días, se construyen sobre la tierra (bien que jamás pierde valor), y ésta está en control de unos pocos, administrada por el Estado y usada por el Mercado, por ello unidos con la FENAPO incluimos dentro de las negociaciones que llevamos con el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) hace más de diez meses, un banco de suelo destinado a los sin casa de todos los federados, junto con la generación de otra Ficha de Protección Social que efectivamente expusiera la pobreza y no la ocultara, así también dar cabida legislativa para la autogestión aclarada más arriba. Obviamente no ha habido solución al respecto, más bien repetidas conversaciones de sordos, ya que la tierra no es tan solo un recipiente de polvo, sino que es, actualmente, la producción y reproducción de lo que el mercado desea, por ello no es casualidad que desde la autoridades locales hasta los empresarios más rimbombantes, se nieguen consecutivamente a asegurar terreno para los que no lo tienen, y quede como única salida ante el presente escenario, la toma de éste, pues si dejamos que el Mercado y el Estado sigan manejando nuestros derechos terminaremos más marginados de lo que a la vulnerabilidad se refiere. Seremos, por último, los pobladores con nuestras luchas, por medio de la educación popular quienes tomemos las riendas para conseguir nuestros objetivos, pues sabemos que nada ni nadie vendrá a decirnos qué tenemos que hacer para tener casa, ni dónde la construiremos, ni menos cómo la queremos, ya que seremos nosotros quienes viviremos como queramos. AGRUPACIÓN TECHO AHORA,
LA PINTANA.-
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