11/05/2025
Nadie dijo que el camino sería fácil. A decir verdad, no fue construido para serlo. Se extiende como una pregunta sin formular sobre la superficie inquieta del mar, desapareciendo donde el azul del cielo funde su esencia con el océano.
Mil preguntas emergen… ¿Hacia dónde diriges tus pasos? ¿Qué impulsa tu alma?
Sí, hay trayectos que emprendemos no por el destino, sino por la búsqueda misma. Perseguimos sombras de quienes partieron sin avisar, de aquellos que tejieron refugio en nuestros días luminosos y se diluyeron como sal entre las olas. Sin embargo, continuamos. Latido tras latido. Poste tras poste. Aunque la espuma nos ahogue con incertidumbres y el viento nos devuelva las promesas que no resistieron la tormenta.
Si al final te desvaneces en la distancia, quedará este camino de pilares gastados: testimonio de lucha obstinada, archivo de memorias que el agua no pudo borrar, y esa fe testaruda que sigue avanzando hacia un horizonte que nunca alcanzamos, pero siempre nos llama.
Y quizás, en esa búsqueda interminable, descubrimos que cada paso nos transforma. Que cada pilar superado nos hace más fuertes.
Que el verdadero milagro no está al final del camino, sino en haberlo recorrido.
Porque al final, lo bueno, siempre encuentra su camino.