20/02/2026
Hace muchos años que acompaño parejas en sus procesos de separación, una y otra vez, veo algo con mucha claridad: la mayoría sí creyó que iba a ser para siempre.
En Chile, cada 4 matrimonios que celebra el Registro Civil en paralelo están registrándose 3 divorcios.
Está claro, no es una excepción.
Y cuando ese “para toda la vida” se rompe, no solo aparece el quiebre emocional.
Aparece la falta de acuerdos.
Parejas que nunca hablaron de dinero.
Que pensaron que lo nuestro era nuestro.
Que los aportes que hicieron a la casa se iban a reconocer.
Que la separación de bienes era un sistema más seguro.
De quién iba a asumir el mayor costo del cuidado.
De cómo la maternidad o la paternidad impactaría la autonomía económica de cada uno.
De qué pasaría si la relación cambiaba.
El amor puede ser genuino, pero no organiza una vida en común.
Se que no es fácil, yo misma muchas veces me paralizo antes de plantear un tema económico, porque claro, siento que transgredo algún mandato de incondicionalidad.
Y mucho menos protege frente a escenarios complejos.
Por eso hablar de este tema con normalidad desde el primer momento no es desconfiar del vínculo.
Es asumirlo con responsabilidad.
Conversar a tiempo permite elegir conscientemente un régimen de bienes, ordenar la economía del hogar, distribuir responsabilidades, anticipar impactos económicos y construir acuerdos claros y justos.
Si estás por casarte, si ya convives o si llevas años en pareja y nunca han tenido estas conversaciones, una sesión diagnóstica puede marcar una diferencia real.
No para apagar el amor.
Para sostenerlo con equidad y conciencia.
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